DOMINGO XXXII del T. O. Mt 25,1-13

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ESCUELA DE ORACIÓN - LECTIO DIVINA

1. LO PRIMERO PARA LA LECTIO: INVOCAR AL ESPÍRITU

¡Veni, Sancte Spiritus! ­ 

  • Danos tu luz que alumbre mi mente y mi corazón.  ­ 
  • Danos el deseo de acoger tu palabra como palabra de vida. ­ 
  • Conviértenos a tu palabra.

 Motivación  

“No olvides que debes acompañar la oración a la lectura de la Sagrada Escritura para que se entable un diálogo entre Dios y el hombre; porque a él hablamos cuando oramos, y a él oímos cuando leemos las palabras divinas” (San Ambrosio).  

“¡Oh Verbo eterno, Palabra de mi Dios! Quiero pasar mi vida escuchándote, quiero ser toda oídos a tu enseñanza para aprenderlo todo de Ti” (Santa Isabel de la Trinidad).

A la espera de la Palabra. Con la lámpara encendida

Parábola para los que está dentro de la Iglesia. La venida de Jesús (parusía) se retrasa. La comunidad se desconcierta.El bautismo inaugura nuestra comunión con Cristo y la Parusía la consuma, pero solo con “las arras del Espíritu en el corazón de los fieles” (2Cor 1,22) se puede perseverar en la atención amorosa al Señor. La Virgen María aparece toda su vida acompasada por los ritmos gozosos de quien espera a alguien. Nadie puede alentar nuestra vida como Jesús.  

2. LECTURA  

¿Qué dice el texto? Leemos con atención y con la certeza de estar escuchando a una persona viva. Cuando leemos “tendemos las velas al Espíritu”. Leemos, subrayamos. Volvemos a leer   de la palabra:

Mateo 25, 1-13   

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
“¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”.
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, señor, ábrenos.
Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».   

En aquel tiempo. Aquí y ahora. Inmediatez.

Vírgenes. Son la Iglesia que está esperando el regreso de Cristo, se refiere a todos los cristianos. Preparación de una boda. Una gran fiesta para el pueblo, que rompe la monotonía de lo ordinario.

Lámparas. Teas con telas impregnadas de aceite. Para iluminar el camino del novio en la oscuridad. “Brille así vuestra luz para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen al Padre” (Mt 5,14-16).

Salieron al encuentro del esposo. Todas salen. Pero su comportamiento es diferente.

Necias y prudentes. Tema que le gusta a Mateo. Oír palabras suyas y ponerlas por obra (cf. Mt 7,24ss). Solo se distinguen en una cosa: cinco toman aceite para reponer las lámparas y otras cinco no. Cinco están listas.

Aceite. ¿Qué significa el aceite? Espíritu Santo. Buenas acciones. Fe con obras. “Sencillamente la oración” (Papa Francisco). El mejor fuego es el contacto vivo con Jesús. He venido a traer fuego

Tardanza del novio. Punto clave de la parábola. Solo cinco vírgenes están preparadas para el retraso del esposo. La parusía no llega. No se sabe cuándo vendrá el novio. El amor se enfría.

Adormilarse y dormir. El problema no es que se durmieran, sino que algunas no tenían aceite.“Yo duermo, pero mi corazón vela” (Cant 5,2).

Grito a medianoche. ¡Que llega el esposo, salid a su encuentro! De forma repentina. La llegada del esposo es el comienzo de una gran y gozosa fiesta. Todas debían estar preparadas. ¿Es normal que la gente no se prepare? Es algo que no se puede compartir.

Se despertaron. Todas se despiertan y preparan las lámparas. El futuro se gana en el presente. El cielo comienza en la tierra. Hay tiempo para el arrepentimiento.     

Fiesta de bodas. El que hace la voluntad del Padre entra en el reino, en el señorío pleno. Mt 22,1-14: Uno que entró sin tener traje de boda. 

Se cerró la puerta. Jesús está a la puerta. Respeta la libertad.

Señor, Señor, ábrenos. “No todo el que me dice…”

No os conozco. Respuesta terrible. El novio conoce a los que le han conocido en los pobres. “Lo que hicisteis…”

Velad. La palabra clave. La entrada en el reino no se da por sí sola. Se gana con la sabiduría, se pierde con la necedad.   

3. MEDITACIÓN

Dios habla: ¿Qué me dice? Rumiamos, sus palabras.  Acercamos la palabra a nuestra vida. Buscamos en la palabra su rostro. A ejemplo de María, que meditaba la palabra en el corazón.

  • ¿Cómo espero la llegada del Señor? ¿A oscuras o con la luz encendida? Todo depende de la calidad del amor.
  • ¿Cómo vigilo? El amor vigila. ¿Considero su ausencia como un vacío que nada puede llenar?
  • ¿Cómo encajo los retrasos? ¿Sostengo la fidelidad en el silencio de la noche? ¿No es una insensatez pretender conservar una fe gastada sin reavivarla con el fuego de Jesús? ¿No es una contradicción creernos cristianos sin conocer su proyecto ni sentirnos atraídos por su estilo de vida?

4. ORACIÓN  

¿Qué le digo al Señor? Paso a la plegaria. Cuando empezamos a comprender lo que Dios quiere de nosotros. Oramos con una oración que no se quede solo en palabras, de atención amorosa, fiel, de vela en la noche. 

Momento de silencio  

5. CONTEMPLACIÓN 

Cuando la palabra inunda el corazón de alegría.

6.- ACCIÓN.

¿Cómo es un cristiano que vela?

Edith Stein nos da pistas:

  • “Vamos a dar la vida en la desprotección”. (Palabras a su hermana cuando las detienen).
  • “Me atreví a escribir al Papa” (Ante el holocausto).    
Pedro Tomás Navajas
CIPE

Documentación: F.3 DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO Mateo 25,1-13