6 Semana del Tiempo Ordinario

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 EVANGELIO ORADO

Lunes, 18 de febrero  

“Se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo… «Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación». Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla” (Mc 8, 11-13).

Los fariseos piden a Jesús una señal espectacular, esperan a un Mesías con poder y no creen en Jesús, que lleva una vida sencilla y camina al lado de la gente. A quien no quiere creer, ninguna razón le vale. Por eso no habrá señal. Los pobres nos evangelizan con su pobreza y su esperanza en el Reino. Hay que mirarlos y escucharlos.  

Abro mis oídos para escuchar las señales sencillas con las que me hablas cada día. También yo quiero hablarte con palabras sencillas, sin palabras, incluso.    

Martes 19 de febrero  

“Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes». ¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? ¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil? Le respondieron: «Siete». Él dijo: ¿Y no acabáis de entender?» (Mc 8, 14-21).  

No acogemos a Jesús por la desconfianza y la incredulidad. No terminamos de entender lo que él significa para nosotros. En ese gran supermercado en que se ha convertido el planeta, solo vale lo que “se vende”. La utilización de recursos no renovables, en aras de un bienestar inacabable, es una amenaza para la supervivencia del planeta.  

Abre tu corazón a las señales sencillas de cada día porque en ellas Dios te habla.  

Miércoles 20 de febrero   

“Le trajeron a un ciego pidiéndole que lo tocase. Él lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: «Ves algo?» Levantando los ojos dijo: «Veo hombres, me parecen árboles, pero andan». Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad” (Mc 8,23-25)  

Jesús propone un nuevo estilo de vivir como hermanos. Pero los discípulos no entienden. Están como ciegos. Jesús les abre los ojos, les toca con el cariño y la acogida. Se acerca a nosotros para abrirnos los ojos, para que así podamos entender su estilo de vivir y de caminar.

Limpia mis ojos para verte, abre mis oídos a tu palabra; y si aun así mis pies se quedan quietos, empújame, Señor, quiero caminar contigo.  

Jueves 21 de febrero   

“Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» (Mc 8,27-29)  

Jesús necesita que le entiendan, que le digan quién es. No es fácil, porque incluso los suyos, están en otra onda. Los discípulos quieren un Mesías que solo viva en el triunfo. El plan de Dios es otro, pasa por la pasión a la gloria. Cada ser humano nos pregunta: ¿quién dices que soy yo? ¿Soy para ti alguien diferente, un extraño, un hermano?

Señor, me asustan las dificultades y el dolor, me gustaría que fuera más sencillo seguir tus pasos. Necesito que me repitas una y otra vez: No temas, yo estoy contigo.    

Viernes 22 de febrero   

CÁTEDRA  DEL APÓSTOL SAN PEDRO  

“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: « ¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,15-18)

Tú eres Jesús. En Ti, el Padre nos lo ha dicho todo, nos lo ha dado todo. ¡Hasta ahí llega la locura de amor del Padre por todos nosotros! Tú eres quien viene a decirme quién soy yo. Tú, Jesús, te aproximas a mi camino, llamas a mi puerta, quieres entrar en mi historia.

Oro cuando me encuentro, contigo, Jesús. Vivo, cuando bebo de tu manantial y me alimento de tu eucaristía. 

Sábado 23 de febrero   

“Este es mi Hijo amado; escuchadlo” (Mc 9, 7) 

Jesús lleva a sus discípulos al monte para regalarles una experiencia de luz, de aliento, de paz. Necesitan recuperar fuerza y coraje para seguir caminando hacia Jerusalén. En el monte se les desvela por un momento el misterio de la persona de Jesús, en Él se cumple la ley y las profecías; Él es el Hijo amado, a quien hay que escuchar, aunque sus palabras suenen a cruz y a sufrimiento.  

El auténtico discípulo es el que sabe escuchar al maestro y llevar a la vida sus enseñanzas.

Escucha este Evangelio acompañado de una canción y palabra de los Místicos, descargando la Aplicación: Evangelio orado  

Documentación: 6 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO