Volver a creer

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 ¡PAZ Y VALENTÍA!

Muy feliz tiempo de Cuaresma, tiempo de salvación. Tiempo oportuno para estrenar la vida y comenzar el camino. Todo lo que brota de nuestros santos, de Teresa y Juan de la Cruz es invitación insistente a una aventura renovada de dejarnos reconducir, dejarnos recolocar según el Espíritu.

Invocamos juntos al Espíritu, sin pausa, en este deseo profundo que nos une al deseo y el sueño de Dios. No hacer mi plan, nuestro plan, sino el plan de Dios. No realizarme yo, sino dejarme realizar. ¿Qué me pide ahora mismo Aquel que me llamó y me enamoró? ¿Dónde nos va la vida ahora mismo personal, comunitaria y provincialmente? ¿Qué os quema dentro? ¿Hacia dónde os empuja?  

ALEGRÍA: La Cuaresma, ¿camino de alegría?

Me atrae mucho esta insistencia en que la llamada que arde en el centro de la Cuaresma tiene que ver con una alegría profunda. Esta alegría está al comienzo del evangelio y del itinerario del peregrino, dispuesto a afrontar lo imposible, en medio de tanta dificultad aparentemente ‘insuperable’.  Una alegría del evangelio acompaña este deseo de salir, romper el miedo, quebrar la cáscara de las excusas.  Alegría que nace del protagonismo amoroso de Dios. Convicción de que lo más importante en nuestro camino es dejarnos hacer y dejarle a Dios que vaya tejiendo los hilos de nuestra existencia. Ser suficientemente humildes, pobres y desprendidos de nosotros para que el amor primero y la iniciativa de Dios sean el centro.

LA MISERICORDIA DE DIOS

Haciéndonos pobres y vaciándonos de nosotros en apertura al Espíritu, ponemos en el centro la misericordia de Dios, a la vez que hacemos eso ‘poquito que está en nosotros’, que es mucho más de lo que sospechamos. Necesitamos poner en orden nuestra vida, priorizar lo importante. Empeñaros en dejarnos acompañar y ayudar, en un discernimiento de verdaderos sabios que se bajan de su autosuficiencia. Tenemos un reto de escucha humilde del otro. Nos va la vida en conectar con eso que ahora mismo es necesidad primera de oír la Voz de Dios en el presente, el plan de Dios. Un silencio sostenido, que adora sin prisas, escucha expectante, como el pequeño Samuel, sin pereza y sin jugar a conocer a Yahvé, palabra siempre nueva. Escucha sincera a través de nuestros hermanos y nuestra comunidad. Atrevimiento decidido, mirándoles a los ojos y acogiendo sus vidas. Camino de retorno y reconciliación, que no deja a nade fuera.  

VOLVER A CREER

Recuperar la fe en que Dios puede hacer en nosotros un milagro de resurrección, como hizo con los primeros discípulos, tan de barro y tan humanos, y que cambiaron la historia de la humanidad. Doy gracias a Dios por este tiempo que se nos regala y pido para cada  uno de nosotros, que seamos camino de

ORACIÓN REESTRENADA.

Carmelitas despiertos, en una misión cada vez más señalada de espiritualidad. Me atrae mucho centrar la vida, con pasión, como la mejor estrategia, recolocar la vida en su mirada y dejarnos mirar. Quisiera yo ‘hacerme perdidizo’ de tantas cosas, para que mi vida sea Jesús.

Tiempo de AYUNO, donde nos atrevemos a vaciar la despensa y los bolsillos de algunas cosas que no nos hacen bien, aunque nos cueste liberarnos, para percibir y sentir de otro modo, como nos insisten nuestros santos: desasimiento fecundo, que no desprecia nada, volver a una simplicidad de corazón, para aprender a querer bien y a querernos bien.

La LIMOSNA nos urge a partir nuestro pan, a no quejarnos de la precariedad del momento en que estamos, acoger la pobreza de la Orden, la debilidad y fragilidad de nuestros hermanos, manías, torpezas, y querernos más adentro de toda apariencia y agrado o desagrado, querer bien. Abrazar al otro y darle vida sin pedir, ni juzgar. La oración y el silencio redescubiertos, el ayuno que nos saca de nosotros y nos hace salir al otro, a la ‘otra orilla’. La limosna que nos hace generosos como la viuda del evangelio, que ‘echó todo lo que tenía para vivir’. Tiempos fuertes de silencio y adoración, ayuno de pan y del alimento a favor de los pobres, y limosna que nos hace sobrios y solidarios.  

DESPIERTA TÚ QUE DUERMES

Mientras escribo estas palabras que me suenan tan ‘espirituales y tan redondas’, me llegan noticias que despiertan mi Cuaresma: Unas familias que mueren de frío al atravesar la frontera de Siria con Líbano, los cuerpos sumergidos en el mar del sur de nuestras costas de inmigrantes que buscan mejor vida, un padre de familia que muere súbitamente dejando a su mujer con cuatro hijos pequeños, una religiosa que vive duramente la oscuridad de la fe…

Me brotan dentro preguntas sin respuesta y me inquietan, y pido a Dios que me queme y me remueva y haga mi Cuaresma como Él la quiere, y suban a la copa de esta nueva vida (como diría Neruda) esas vidas heridas y apagadas, para romper la mía de quejas y comodidades, de estructuras culpables y de ceguera y sordera. Que me llegue adentro el frío de los que mueren en las esquinas del mundo, que me llegue del fondo de los mares el silencioso grito de los que ya descansan en un hogar cálido y eterno, la semilla enterrada de los que mueren y nos dejan sin razones y un silencio de grano de trigo enterrado…  Quiero ser grano de trigo que se entierra, se pudre y muere… Ojala nuestra Cuaresma reciba la fuerza fecunda de tantas personas que son Jesús en la Cruz y que nos resuciten a todos para lo nuevo de Dios…

Es tiempo de caminar con la pasión que nace de un mundo que tiene sed y nos convoca unidos, en comunión, a una misma misión, la Pascua, la aventura invencible que nace del Resucitado.

Tengo mucho deseo de vivir esta Cuaresma dejándome conducir y dejándome nacer. Mientras escribo estas líneas preparo la peregrinación que me llevará a la tierra de Jesús, la tierra de tantos conflictos y de tantos sueños. Os llevo a todos a cada uno de esos lugares. A la capilla original donde nació el Carmelo, a los pies de la Virgen Stella Maris, tras los pasos de Elías ante el susurro de Dios, a Nazaret, tierra de María y José (que ellos velen y cuiden vuestras vidas), y por el Desierto, hacia el Sinaí, a una zarza que sigue ardiendo sin consumirse en el corazón de los que creen contra toda esperanza.

Gracias hermanos y hermanas, por poder hacer juntos este camino. Nuestra mayor fuerza es la comunión y la gratuidad  y gratitud de nuestra entrega. Caminamos unidos en Jesús y María.

Un fuerte y fraterno abrazo. Dios os bendiga.

fr. Miguel Márquez ocd Provincial

Mensaje de Cuaresma para la Provincia Ibérica de Santa Teresa