NO OS PIDO MÁS DE QUE LE MIRÉIS

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MIRAR Y DEJARSE MIRAR

No os pido ahora que penséis en Él, ni que saquéis  muchos conceptos, ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento: NO OS PIDO MÁS DE QUE LE MIRÉIS”.  Camino de P. 26,3.

De esta cita de Camino de Perfección,  está sacado el lema de este año para la Jornada “PRO ORANTIBUS”. En su afán de enseñarnos desde su propia experiencia lo que es para Teresa de Jesús el camino de la oración, no deja de llevarnos por las vías de mirar dentro de nosotros, a esa atención sostenida, sin razonar, en un acto simple de mirada amorosa que nos abre a posibilidades desconocidas pero reales, para acoger el misterio de Dios, de nosotros y de los demás.

Es bello el tiempo de Iglesia que estamos viviendo, dónde el Magisterio del Papa Francisco nos llama a volver al Evangelio. Es importante que todos los descubrimientos y estudios humanos actuales, de alguna manera y alguno,  abiertamente, digan que el ser humano no se puede realizar sin potenciar su dimensión espiritual. Es un hecho y una realidad que constatamos en nuestro vivir diario, aún  dentro de una sociedad como la nuestra afectada por la superficialidad  y el materialismo. Desde estas realidades, la mirada del Dios que nos salva en Jesucristo, se hace urgente y necesaria. No sólo porque celebramos la JORNADA PRO ORANTIBUS, ni siquiera por ser el día de las CONTEMPLATIVAS, sino porque cuando la persona se vuelve hacía su interioridad, hay una salida de esperanza.

Mirar y dejarse mirar, es desarrollar ese sentido de búsqueda que está en “nuestras entrañas dibujado”. Buscamos porque somos seres abiertos y esa apertura no tiene fin, como no tiene fin el ser criaturas de Dios.  Necesitamos escuchar palabras que nos abran al Misterio. Juan en el Desierto, vió y mostró  el  “Cordero que quita los pecados del mundo”. Solo los que se educan en la soledad de Desierto tienen la mirada penetrante para mostrar la Salvación.  “Maestro, ¿dónde habitas, dónde permaneces”. Y los discípulos del Profeta del Desierto, se quedaron con ÉL, cuando les dijo: “Venid y lo veréis”.

La oración es la condición que nos da la posibilidad de vivir en ese estado de apertura de confianza y liberación. Los místicos de todos los tiempos son los que nos enseñan a ver, a despertar, nos indican caminos, y nos enseñan procesos. Para ello hemos de aprender a VER, y también a escuchar, a interpretar tiempos y sonidos. La vida de oración, la podemos evaluar en nosotros. Cuando estamos abiertos al Misterio, todo se abre y se expande y ello repercute en nuestro modo de estar en el mundo- Supone el pasar del rechazo a la acogida, de la indiferencia a la solidaridad, del individualismo a la generosidad.

“Si nos dejamos guiar por el Espíritu más que por nuestros razonamientos, podemos y debemos buscar al Señor en toda vida humana”. Gaudete et exúltate”, nº 42  

Montserrat de la Cruz.

Carmelitas Villarrobvledo.