IV DOMINGO DE CUARESMA

FOTO

ESCUELA DE ORACIÓN - LECTIO DIVINA

MOTIVACIÓN

“Nuestros errores nunca dañan el amor que Dios nos tiene” (Papa Francisco).

INVOCAMOS AL ESPÍRITU

Ven, Espíritu, fortalécenos para no dejar la esperanza, por muy perdidos que estemos.

1. A LA ESPERA DE LA PALABRA. CON LA LÁMPARA ENCENDIDA  

Contexto. Momento para entender: Una de las tres parábolas de la misericordia, para entender el amor y la compasión (buen pastor, dracma, hijo pródigo). Momento para el asombro: ante el vigor poético y la intensidad emotiva de esta parábola de Jesús. Momento para la decisión: Tres personajes (el padre, el hijo pequeño y el hijo mayor) para una radiografía de nuestro corazón. “Hay un tercer hijo escondido: el que no consideró como un privilegio ser como el Padre y se vació de sí mismo, asumiendo la condición de siervo” (Papa Francisco).

2. PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA: Lucas 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros». Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

3. FECUNDIDAD DE LA PALABRA

El hijo menor: Qué hace, qué dice, qué piensa. Deseo a la deriva, que identifica felicidad con saciedad. Ingrato y egoísta: solo piensa en él. No le importa herir. Derrochador y “vividor”. Calculador e interesado. Aprende la lección: no vuelve orgulloso.

El padre: Es la personificación del amor. Abraza, besa. La compasión y la ternura es el rostro de este personaje. Es el icono de la misericordia. Tiene para cada uno de sus hijos una mirada única.

El hijo mayor: Trabajador, fiel y obediente a su padre. Pero no sabe amar. Envidioso: reivindicación estéril e infeliz. No se parece a su padre: “Pero, hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo...” Sus palabras no tienen ternura. No dice padre, ni hermano.

Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y pecadores a escucharlo. Otros murmuran: acoge pecadores, come con ellos.   

El padre les repartió los bienes. “Se alegra de ser Dios para poder darse como Dios” (San Juan de la Cruz).

Nadie le daba nada. Contraste con el padre que se lo da todo. Lo último: cuidaba cerdos, animales impuros para los judíos.

Ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. Palabras que ha preparado. Quiere volver a la casa del Padre, aunque sea como jornalero. Cree que no merece otra cosa.

Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. La alegría desbordante del Padre hace ver la tristeza en la que estaba. No le deja hablar. No quiere que el hijo sea su esclavo. Abrazos, besos, túnica nueva, sandalias, anillo, banquete, fiesta. 

Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito. Reacción. Rabia. No quiere entrar en la casa del Padre. No entiende la alegría del Padre. Quiere fiesta, pero solo con sus amigos.

Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado. Respuesta final del Padre. No presta atención a los argumentos del mayor. La parábola no dice cuál fue la respuesta de los tres hijos; queda abierta para que nosotros le pongamos final.

4. RESPUESTA A LA PALABRA. MEDITACIÓN.

¿Qué imagen de Dios tienes? ¿Ha cambiado a lo largo de los años? ¿Con qué personaje de la parábola te identificas y por qué? Imagina la continuación de la parábola: ¿Cómo reaccionarías tú, si fueses el hijo pequeño ante tanto amor? Y si fueras el hijo mayor, ¿cómo reaccionarías?

5. ORAR LA PALABRA

Contemplo tu misericordia entrañable, que acoge, abraza, perdona, recrea, lo hace todo nuevo. Contemplo tu espera infinita. Contemplo tu mirada siempre nueva. Te pido la gracia de volver a ti, Padre, humilde y agradecido. Recuerdo momentos de mi vida en los que he experimentado tu amor, Padre, y el amor de otras personas. Te doy gracias. Te suplico por las personas perdidas. Me quedo en silencio respondiendo a tu amor con mi callado amor.

6. CONTAR AL MUNDO LA NUEVA MANERA DE VIVIR

Testigos. Acercarnos al sacramento de la reconciliación para recibir la misericordia y experimentar el amor de Dios. Algo nuevo está comenzando. Vídeo: Una joven conmovió a todos en JMJ con su testimonio del perdón de Dios.

Pedro Tomás Navajas

Documentación: IV DOMINGO DE CUARESMA: Lucas 15, 1-3. 11-32