LA TRINIDAD: HOGAR DE COMUNIÓN

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NOS URGE A HUMANIZAR EL PLANETA

Una escuela de oración

El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. “Dios no es soledad sino familia” (Juan Pablo II). Por la gracia del bautismo somos llamados a participar en la vida de la Trinidad. La oración nos ayuda a tomar conciencia de este don y a vivirlo y expresarlo en nuestra vida.

Contemplativos de la Trinidad

Jesús, en una de sus confidencias de amigo más hermosas, nos dijo: “Si alguno me ama guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14,23).
Si alguno recorre el camino del amor y actúa a favor del ser humano, le brota por dentro un surtidor de agua viva, se convierte en morada de Dios y en tienda de encuentro con El. Jesús, con su palabra, invita a dejar la ausencia y a entrar en la presencia.

El misterio de la Trinidad es una fiesta de silencio y de adoración con que el orante se alimenta. “Pacifica mi alma, haz de ella tu morada más querida...Que nunca te deje solo allí, sino que esté por entero allí contigo, bien alerta en mi fe, en total adoración y completamente entregada a tu acción creadora” (Santa Isabel de la Trinidad).

Partícipes de la filiación divina, vivimos en Cristo y Cristo en nosotros (Gal 2,20), y por Cristo recibimos el don del Espíritu. Este habita en nosotros como en un templo (1Cor 6,19); es germen de vida gloriosa (Rom 8,11); nos hace clamar: Abba, Padre-Madre (Rom 8,15ss). La Trinidad es la raíz, el tronco y los frutos de toda espiritualidad cristiana.

La creación es el hogar de la Trinidad. Basta pararse, hacer silencio, y mirar con profundidad para ver la huella de Dios en todo y cantarla con salmos de adoración y de alabanza: “Y yéndolos mirando con sola su figura, vestidos los dejó de hermosura” (San Juan de la Cruz).

Testigos de la Trinidad en el mundo

- “Sólo el que vive la caridad puede entender la Trinidad y parecerse a ella” (San Agustín). La donación total de las Tres Personas, su plena generosidad, es una hermosa lección para nosotros, tan dados a desear y defender nuestra propiedad, incluido el amor.

- El Dios Uno y Trino es comunión de amor, y se da creando unidad y alentando en el mundo estructuras de comunión y de diálogo de pensamientos, palabras y corazones. Sin experiencia de la Trinidad no habrá iglesia, ni familia, ni comunidad: “que todos sean uno... en nosotros” (Jn 17,21).

- De la contemplación de la belleza de la Trinidad pasamos a la acogida y apertura a los otros, a la solidaridad que comparte, al perdón que reconcilia y une voluntades. La Trinidad nos urge a humanizar el planeta y a tejer cada día la túnica de la paz.