¡Feliz verano!

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Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas.

Estamos en verano. Y de un modo u otro todos pensamos en disfrutar ese descanso vacacional que llega otra vez a nuestra puerta. Para niños y mayores, las vacaciones se presentan, en general, como una especie de evasión, un tiempo libre de trabajo y de compromisos, para descansar, divertirse y pasarlo bien… Eso es algo bueno y ciertamente merecido, porque el curso es duro para todos al tener que atender las obligaciones de cada día, de manera constante y entregada. Pero también el verano puede darnos la oportunidad de hacer algo diferente, o de hacer de modo diferente lo que siempre hemos hecho.

Porque no vale cualquier descanso para volver de las vacaciones «con las pilas cargadas», como solemos decir, a reemprender la vida cotidiana. Descansar bien y reponer fuerzas no es algo meramente físico o biológico. Junto a los viajes de fuera, que a veces multiplicamos en busca del descanso, se necesita un viaje al interior de nosotros mismos para renovar el sentido y la motivación de nuestra vida cotidiana, familiar, profesional, creyente, humana… Para que ese «feliz verano», que en este tiempo nos deseamos y repetimos unos y otros, pueda ser algo real y sentido con satisfacción, paz y alegría interior.

Las pausas del verano, cuando el ritmo del curso cambia y, normalmente, se hace más sereno y tranquilo, nos ponen de relieve que las personas no estamos hechas para producir y «tener».

Los seres humanos, estamos hechos para «ser». Y podemos aprovechar nuestras vacaciones para descansar: enriqueciéndonos a nosotros mismos, con algún tiempo de reflexión, de formación, de oración; enriqueciendo a los demás con mayor dedicación a la familia, a los amigos, a quienes puedan necesitar nuestra ayuda y atención; y dando gracias a Dios que quiere que seamos felices, que no está de vacaciones, y que en todo lugar estará a nuestro lado para que contemos con Él.

Pienso también que el verano es tiempo oportuno para la acción de gracias, una actitud tan humana y tan cristiana, que a veces tenemos olvidada. Recibimos a diario tantos impactos negativos, noticias tristes, tensiones…, que recordar y reconocer y dar gracias por todo lo bueno que también existe, por todo lo que a lo largo del curso hemos recibido, seguro que nos hará bien. Dar gracias por las personas –familiares, amigos y conocidos– que, desde la cercanía y la sencillez, nos han dicho una palabra de ánimo, han tenido un gesto cordial, han compartido aquellos momentos difíciles de cansancio o de desánimo. Vosotros, labradores, dad gracias a Dios, a pesar de las duras tareas de este tiempo, por la cosecha recogida. Y gracias por cuantos habéis tenido trabajo y sustento, mientras no dejamos de luchar para que todos lo tengan sin precariedad.

Me llena de agradecimiento y alegría saber que bastantes personas burgalesas, muchas de ellas jóvenes, aprovechan sus vacaciones para emprender tareas de solidaridad entre nosotros o en proyectos de cooperación internacional; ¡cómo no recordar a ese pequeño, pero testimonial, grupo que ha marchado a compartir su fe en ámbitos misioneros africanos o latinoamericanos! Algunos de vosotros tendréis la ocasión de marchar como turistas o en viajes culturales a otras latitudes; seguro que os cruzaréis con otras gentes, con sus culturas y formas de comprender el mundo y la existencia; estad abiertos a sus valores y aspectos positivos y enriquecedores, y agradeced a cuantos dedican su tiempo y esfuerzo para que vuestros viajes y estancia sean agradables.

Otros volveréis a vuestras comarcas y pueblos de origen. No olvidéis que Dios nos espera también donde están nuestras raíces; dedicad tiempo a charlar con los familiares, amigos y vecinos compartiendo la vida; aprovechad para encontrar la presencia de Dios entre la gente, en el arte, en la naturaleza, porque como dice el Papa Francisco en su Encíclica «Laudato Si»: «el verano es un tiempo para saborear la belleza de lo que no está corrompido».

Pienso, finalmente, en las fiestas populares de nuestros pueblos burgaleses. Muchas de ellas serán en torno a advocaciones marianas, tantas, tan bellas y sentidas. Pido a Ntra. Señora que nos acompañe por los caminos del verano y nos conduzca siempre por los que más nos lleven a su Hijo Jesús.

Para todos y cada uno, feliz verano, ¡de corazón!

Fuente: Archidiócesis de Burgos

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