Domingo VI del tiempo ordinario

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Lectura orante del Evangelio: Mateo 5, 17-37

Estoy convencido de que si cada uno de nosotros hiciera el propósito de evitar los chismes, ¡con el tiempo se convertiría en un santo! Este es un hermoso camino” (Papa Francisco). 

No he venido a abolir, sino a dar plenitud. 

¿Con cuánto nos contentamos en nuestra relación con Dios? Jesús se presenta con un canto de novedad y plenitud, con un proyecto ilusionante capaz de llenar la vida de sentido. Es el Señor. Ponemos los ojos en él. Jesús desea comunicarnos una experiencia única. ¿Nos atreveremos a recibirla? Necesitamos la presencia del Espíritu Santo para vivir la propuesta evangélica de Jesús como un lujo de alegría para la humanidad. Dejemos que Jesús provoque nuestra oración y nuestra vida, a veces tan anodinas y rutinarias. Buscadores de felicidades efímeras abrámonos a la alegría de Jesús que llena el corazón. Ábrenos los ojos, Señor, para que descubramos y gocemos con tu gracia. 

Todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado… Deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano.

Jesús, vida plena, nos invita a comunicar vida, no a quitarla; nos envía a hacer el bien y no el mal. ¿Cuándo entenderemos que mirar de frente a Dios conlleva mirar de frente a los hermanos? Apegar el corazón a Dios es abrirlo a la reconciliación con los demás. No podemos entrar en la oración de amistad con Dios peleados unos con otros, instalados en el mundo de la sospecha y de la condena. Jesús nos propone una dinámica radicalmente opuesta. Se trata de llegar a Dios con los hermanos, aunque lleguemos más tarde. Trabajar por la paz, por la reconciliación no es dar rodeos sino ir directamente al corazón de Dios. ¡Qué alegría para Dios cuando ve nuestro corazón como un manantial de aguas limpias del que salen la bondad y la ternura! Jesús, haznos entender la ley del amor. 

Todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.

¡Qué propuesta tan novedosa de Jesús! ¡Qué amor el de Jesús por los pequeños, por la mujer, por los que no cuentan! Jesús no acepta ninguna ley de los fuertes contra los débiles, del varón contra la mujer, de los ricos contra los pobres, de los sacerdotes contra los laicos. Su novedad: Que nadie sea mercancía de un deseo, número sin nombre, rostro tapado por el desprecio y el ninguneo; que todos sean personas, con dignidad, libres, para trabajar por un mundo de relaciones más justas entre personas y pueblos, religiones y culturas. ¿Seremos capaces de renunciar a nuestros esquemas? Enséñanos, Señor, tus caminos.

Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. 

La vida que llevamos ¿nos permite encontrarnos con Dios? Nos toca optar. La transparencia, la sencillez en los gestos, la verdad en las palabras nos prepara para el encuentro con Dios. Por el contrario, no se puede apoyar en Dios nuestra mentira. Muchas personas solo tienen su palabra para proclamar su inocencia ante la sociedad y la ley, no les queda más que apoyarse en Dios para fundamentar su verdad. Solo tú, Señor. Tu verdad nos hace libres. En ti confiamos.  

CIPE – Febrero 2020

Documentación: Domingo VI del tiempo ordinario. Lectura orante del Evangelio: Mateo 5, 17-37