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	<title>Escritos marianos archivos - Cipecar</title>
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	<description>Centro de Iniciativas de Pastoral de Espiritualidad</description>
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	<title>Escritos marianos archivos - Cipecar</title>
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		<title>LA VIRGEN DEL CARMEN Y LA FAMILIA CARMELITANA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Charo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Jul 2023 16:39:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos marianos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>DANIEL DE PABLO MAROTO &#8211; Carmelita Descalzos. “La Santa” – Ávila EL día 16 de julio se celebra en la Iglesia católica la fiesta litúrgica de la Virgen del Carmen y bien merece un recuerdo especial que muchos/as lectores/as agradecerán. Y lo hago pensando no solo en las monjas y frailes que la tienen por [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>DANIEL DE PABLO MAROTO</strong> &#8211; <strong>Carmelita Descalzos. “La Santa” – Ávila</strong></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">EL <strong>día 16 de julio se celebra en la Iglesia católica la fiesta litúrgica de la Virgen del Carmen </strong>y bien merece un recuerdo especial que muchos/as lectores/as agradecerán. Y lo hago pensando no solo en las monjas y frailes que la tienen por “patrona” amparados en un título “oficial” de “carmelitas”; o los miembros del Carmelo seglar y de la cofradía del Carmen; sino en todos los cristianos/as que sienten una devoción especial a su imagen, visten su escapulario, gozan de sus privilegios, admiran sus tradiciones y rezan en sus santuarios, que son innumerables en todos los países del mundo.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Año tras año, cuando llega esta fecha, se cruzan en mi memoria varios sentimientos que me hacen vivir con mayor intensidad emocional la fiesta de la Virgen del Carmen. En primer lugar, el recuerdo del Monte Carmelo en Palestina donde se encuentra el convento carmelitano de <em>Stella Maris</em>, Estrella del Mar, con el camarín de la imagen de la Virgen del Carmen; santuario que se asoma a la hermosa bahía de Haifa, un extraordinario regalo para la vista. Y, como lector de las <em>Obras</em> de la madre Teresa, la recuerdo soñadora de silencios y soledades de los que entregaban sus vidas a Cristo y a María, antiguamente los frailes ermitaños carmelitas y, en su tiempo, las monjas y los frailes de su Reforma, modelados a imagen y semejanza de los antiguos moradores del Carmelo. ¡Con qué pasión amorosa vive su pertenencia el ser “monja de Nuestra Señora del Carmen”!</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Teniendo de fondo esos recuerdos, la pregunta que nos podemos hacer los “carmelitas teresianos” de nuestro tiempo es la siguiente: ¿<strong>A qué se debe la universal devoción a la Virgen del Carmen</strong>? Sospecho que algunos la habrán tomado como un escudo protector ante las adversidades de la vida No podemos descartar que han alimentado esas creencias las propuestas de los escritores carmelitas -y sobre todo los predicadores de novenas o triduos, al menos en otros tiempos- insistiendo en los “beneficios” de llevar el escapulario del Carmen ilustrados con relatos de “milagros” obrados en tierra, mar y aire; pero sabemos que la verdadera “devoción” a María no se sostiene en esas creencias o deseos, sino en la ofrenda del ser y del quehacer a la Señora del Carmen.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Supongo que ese sentido de lo religioso, tan humano e interesado de los creyentes es, &nbsp;por otra parte, muy comprensible dadas las necesidades de los seres humanos, herencia ancestral del comportamiento de los antiguos romanos que oraban a sus dioses: “<strong>Do ut des</strong>”: “Te doy [culto] para que me des”; pero más allá de los sentimientos egoístas, es evidente que las buenas prácticas religiosas, secuelas de la verdadera creencia en Dios, en Cristo, en María y sus santos, serenan el alma y tienen repercusión en el cuerpo, a veces comparables a un pequeño milagro. Situada en su verdadero lugar la devoción a la Virgen del Carmen, y aceptando que el uso del escapulario es un “signo” de consagración a María, <strong>podemos recordar las promesas que -según la tradición- están vinculadas a llevarlo con devoción</strong>.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La principal gracia y prerrogativa del uso del escapulario del Carmen procede de una antigua tradición verbal de siglos (1251) confirmada en un documento litúrgico del siglo XIV como revelación de la Virgen del Carmen a San Simón Stock que suena así: <strong>“Este será el privilegio para ti y todos los carmelitas:</strong> <strong>quien muriere con él </strong>[el Escapulario] <strong>no padecerá el fuego del infierno</strong>: es decir, el que con él muera, se salvará”. Esta supuesta revelación se la ha llamado: “<strong>La gran promesa</strong>” de María a sus fieles servidores, existiendo una coherente vida cristiana con el cumplimiento de las creencias dogmáticas y los deberes morales.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con posterioridad se añadió una segunda gracia protectora de Nuestra Señora del Carmen a los portadores de su escapulario: el llamado “<strong>privilegio sabatino</strong>”, también en conexión con la muerte del cristiano: <strong>la misma Señora prometió a sus cofrades salir cuanto antes del purgatorio, a más tardar el sábado siguiente a su muerte</strong>. Resumiendo, los “privilegios” de vestir el escapulario del Carmen es ayuda en todos los estadios en los que se pueden encontrar sus cofrades: “<strong>En la vida protejo; en la muerte ayudo; y después de la muerte, salvo</strong>”.&nbsp; &nbsp;</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Los historiadores críticos han observado que la bula del papa Juan XXII en 1322 sobre el privilegio “sabatino” se ha demostrado ser falsa; pero el contenido del mismo fue validado por un decreto de la Congregación del Índice (20-I-1613); y posteriormente las gracias atribuidas al escapulario del Carmen han sido confirmadas por los papas, también los de nuestro tiempo, Pío XII, Pablo VI, Juan Pablo II, “terciario carmelita”. Se puede afirmar que las tradiciones ligadas a la espiritualidad del escapulario forman parte de esa rica “espiritualidad popular”, siempre floreciente y reafirmada en las enseñanzas del concilio Vaticano II.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Establecida la verdad histórica, los modernos lectores no podemos imaginar lo que estas palabras, que aseguraban la salvación eterna, significaban para los oyentes y lectores de la edad media aterrados por la vida tan precaria y expuesta a tantos peligros de muerte y, sobre todo, el temor a la “condenación” eterna y a los tormentos temporales del purgatorio. Por otra parte, sabiendo que conocían poco los dogmas cristianos sobre Dios Uno y Trino, la gracia, etc. &nbsp;</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Para concluir, sugiero lo que un lector conocedor de las tradiciones de la orden puede preguntar: cómo fue posible que si en la <em>Regla </em>de los primeros carmelitas no se menciona nunca el nombre de María haya prevalecido desde antiguo su vinculación con ella desde los tiempos más tempranos. Es claro que la <em>Regla </em>sí pide a los miembros de la orden que vivan “<strong>en obsequio de Jesucristo</strong>”. Pues bien, consta históricamente que desde los comienzos de su vida en común construyeron una capilla dedicada a la Señora del lugar. Después fueron surgiendo los títulos con los que los autores carmelitas distinguieron <strong>a su Virgen del Monte Carmelo</strong>: <strong>Madre, Hermana, Patrona y Reina.</strong></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Como apéndice puedo recordar a los lectores que el siglo XIII, cuando nació la orden del Carmen, es un momento privilegiado para el marianismo histórico que se inició con san Bernardo en tiempos de las cruzadas. Estamos en una época “nueva”, fecunda para la mariología. Es el tiempo del arte gótico, tiempo de catedrales nuevas y majestuosas; un cambio de la piedad cristológica y mariana. Aludo a un aspecto devocional: en la edad media Cristo aparece como un ser divino, sentado en su trono de gloria como <em>Pantocrátor</em>, Dios soberano. Lo mismo sucede con la representación de María: su regazo es el trono de su Hijo Jesús. En la época del gótico hay un cambio: María es la madre con su Hijo en los brazos y sonriente, acogedora de los creyentes. En este tiempo de cambio del arte se sitúa el nacimiento de la orden del Carmen.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Termino saludando a todas las mujeres que llevan este hermoso nombre de María del Carmen y en la esperanza de que continúe siendo frecuente. ¡FELIZ FIESTA DEL CARMEN!</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>                 </strong></p>
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		<title>LA VIRGEN DEL CARMEN PATRONA DE LA REFORMA DE SANTA TERESA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Charo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Jul 2022 08:29:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos marianos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>DANIEL DE PABLO MAROTO, OCD. Convento de “La Santa” – Ávila &#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160; El día 16 de julio la familia carmelitana de todo el mundo (monjas, frailes, laicos) celebran a su “Patrona” la Virgen del Carmen. Para que la devoción no decaiga, sino que aumente, ofrezco a los lectores estas breves reflexiones. Me refiero, de manera [&#8230;]</p>
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<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>DANIEL DE PABLO MAROTO, OCD.</strong><br><strong> Convento de “La Santa” – Ávila</strong></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong><strong>El día 16 de julio </strong>la familia carmelitana de todo el mundo (monjas, frailes, laicos) celebran a su “Patrona” la Virgen del Carmen. Para que la devoción no decaiga, sino que aumente, ofrezco a los lectores estas breves reflexiones. Me refiero, de manera especial, a la vivencia e interpretación de la Virgen del Carmen que hizo santa Teresa mientras diseñaba su Reforma del Carmelo.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recuerdo que la devoción a la Virgen del Carmen nació en el monte Carmelo, en Palestina, promovida por un grupo de caballeros cruzados que, dejadas las armas, se refugiaron en el Carmelo para vivir en el silencio y la soledad una vida de oración, contemplación y ascesis. En su <strong>Regla de vida</strong>, que les dio el patriarca latino de Jerusalén Alberto, que no pertenecía al grupo, les ordena que vivan “en obsequio de Jesucristo”, dedicados a su servicio. Aunque no se menciona en el texto a la Virgen María, ellos, en la tierra de Jesús, dedujeron que aquel lugar era también de María. Los teólogos carmelitas de la Edad media encontraron, en la “nubecilla” que vio el profeta Elías surgir del mar en tiempo de sequía, un símbolo de la Virgen María y a ella dedicaron la primera capilla que, con el tiempo, se convirtió en una hermosa iglesia gótica.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con este telón de fondo, recuerdo cómo vivió Teresa la devoción a la Madre de Jesús como monja carmelita en el convento de <em>La Encarnación</em> de Ávila y cómo la proyectó en su Reforma del Carmelo. Conocía la historia de su orden de Carmen, posiblemente por la lectura del libro muy apreciado y difundido, <em>La institución de los primeros monjes</em>, obra de un carmelita de la edad media; y quedó seducida por la vida de los primitivos ermitaños en plena soledad y -¿por qué no?- practicando la devoción a la Señora del lugar, la Madre de Jesús, donde, en un contexto feudal, Jesucristo era el Señor.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Suponemos que conocía la propuesta de los teólogos de su orden carmelitana que, ya viviendo en Occidente, habían propuesto que “<strong>Totus marianus est Carmelus</strong>”: el Carmelo es todo de María. También conocería en su convento de monjas carmelitas la visión de la “nubecilla” que vio Elías que surgía del Mediterráneo y que los teólogos carmelitas aplicaron a María como signo de bendición para el género humano.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">            Teresa de Jesús se sintió siempre “carmelita”, como solía firmar sus cartas, sin más adjetivos añadidos, por ejemplo, “descalza”, también después de fundar los conventos de su Reforma. Sintió y vivió con nostalgia el recuerdo de los ermitaños antiguos del Carmelo con los que se sintió identificada: “Este fue nuestro principio -dice a las monjas y frailes descalzos- de esta casta venimos, de aquellos santos padres nuestros del monte Carmelo” que vivieron en soledad y desprecio del mundo para gustar el “tesoro” de la contemplación mística de Dios (<em>Moradas, </em>V, 1, 2). Con frecuencia alude en sus escritos a la <em>Regla </em>que rige la vida de sus conventos como la de “Nuestra Señora del Carmen, sin relajación” (<em>V</em>, 36, 26; cf. <em>Meditaciones sobre los Cantares</em>, prólogo, 1, 1; <em>F</em>, 22, 22); en realidad, fue “mitigada” de su rigor en algunos puntos por el papa Eugenio IV en 1432 y que ella recondujo a su “rigor primitivo”, como escribe repetidamente. Y para eso le dio “patentes” el general de la orden, Juan Bautista Rubeo (<em>Cta, </em>al P. Pablo Hernández, 7-XII-1568, 1). <em> </em></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como conclusión de estas breves referencias, recuerdo otras alusiones de la madre Teresa a la Virgen del Carmelo. La orden a la que ella pertenece, tanto la antigua como su Reforma, es una “Orden” de María, a la que fue llamado el P. Jerónimo Gracián por la devoción que sentía y a quien quería “servir”. Esta es la confesión que hace la madre Teresa al presentar a su amigo entrañable a los lectores (<em>Fundaciones</em>, 23, 8). De hecho, en el pensamiento de la reformadora Teresa, su obra fundacional responde a la idea de que es una orden “de Nuestra Señora del Carmen” (<em>Fundaciones</em>, 27, 6). Y el hábito que recibió la madre Cardona es de” Nuestra Señora del Carmen” (ib., 28, 30). Ella misma se considera “monja de Nuestra Señora del Carmen”; así se presenta la madre Teresa al comienzo del libro de las <em>Moradas</em>: “Este tratado […] escribió Teresa de Jesús, monja de Nuestra Señora del Carmen”. Me resulta curioso que no se presente como carmelita “descalza”.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Otra curiosidad es que el título o la advocación de algunos de sus conventos fundados hacen referencia a la Virgen del Carmelo: “San José del Carmen de Medina del Campo” (<em>Fundaciones</em>, rótulo del cap. 1); eso mismo comprobamos en las fundaciones de Segovia (ib., cap. 21); de Toledo, donde comenzó a escribir el libro de las <em>Moradas</em> (Prólogo, 3); de Sevilla, como consta en algunas de las muchas cartas que escribió a su priora, María de San José. Más original me parece el título de la fundación de Valladolid: “La Concepción de Nuestra Señora del Carmen” (Cf. rótulo). Pequeñas rarezas redaccionales que son muy significativas de lo que la Fundadora albergaba en su corazón: el recuerdo amoroso y agradecido a la Madre del Carmelo.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Puede ser una curiosidad histórica para muchos lectores el saber que la iglesia (¡!) del primer convento (¡!) de los frailes carmelitas descalzos de Duruelo (Ávila) el año 1568, estuvo dedicada a la Virgen del Carmen; y que el P. Antonio mandó pintar “un cuadro grande de Nuestra Señora del Carmen” para su culto. (Francisco de Santa María, <em>Reforma de los Descalzos</em>, I, Madrid, 1644, lib. II, cap. 40, p. 338). &nbsp;</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y quedaría por reseñar el título que le concede a la Señora de sus amores en relación con su obra fundacional: ella es la “Patrona” de la Orden, la “Señora y Patrona nuestra” (<em>Fundaciones</em>, 29, 33). Título más significativo que lo que indican las palabras, por muy solemne que suenen. Para Teresa, su obra de fundadora tiene, en primer lugar, una referencia a Cristo; y ha sido realizada para la defensa de su Iglesia; y María es el prototipo de mujer en el que los hijos del Carmelo deben mirarse para mejor servir al Señor de la historia, Jesucristo.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No puedo terminar este breve discurso recordando a todos los miembros de la gran familia del Carmelo en el día de su fiesta y les deseo que la vivan con todo el fervor en la esperanza de que ella será su Madre, Maestra, Patrona y Protectora. Y decir a las mujeres que llevan el nombre de María, especialmente el del Carmen, que muchas felicidades y que experimentéis siempre una especial protección de la Señora del lugar, el Carmelo. Y aquel monte de Palestina se ha convertido hoy en nuestro tiempo en el mundo entero.</p>
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		<title>LA VIRGEN DEL CARMEN. MEMORIA DE LOS CABALLEROS CRUZADOS. MIRADA PROFÉTICA DE ELÍAS.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Charo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Jul 2021 15:41:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos marianos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>           Daniel de Pablo Maroto. Carmelita Descalzo. “La Santa” En la fiesta de la Virgen del Carmen el día 16 de julio, ofrezco a los lectores unos apuntes de historia de la orden para que la puedan vivir con mayor gozo espiritual. Pienso, sobre todo, en la extensa familia de carmelitas de la Antigua Observancia [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">          </p>



<p class="has-luminous-vivid-orange-color has-text-color wp-block-paragraph"><strong>Daniel de Pablo Maroto</strong>. <strong>Carmelita Descalzo. “La Santa”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En la fiesta de la Virgen del Carmen el día 16 de julio</strong>, ofrezco a los lectores unos apuntes de historia de la orden para que la puedan vivir con mayor gozo espiritual. Pienso, sobre todo, en la extensa familia de carmelitas de la Antigua Observancia y carmelitas Descalzos, monjas y frailes, el Carmelo seglar y las familias religiosas afiliadas a la orden y, finalmente, en tantas almas devotas que gozan con la celebración de la fiesta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La orden del Carmen tiene una larga y hermosa historia. Y, como algunas otras órdenes, un curioso entramado de leyendas y tradiciones nacidas para exaltar su antigüedad y misión en la Iglesia; o como escudo protector contra los intentos de supresión por la autoridad de la Iglesia en el siglo XIII. Al final, las leyendas constituyeron un cuerpo doctrinal elaborado por los sabios de la orden y que los sucesores han conservado como un tesoro. Una curiosidad histórica de la orden es que no tiene un fundador reconocido como tal y hace sus veces el que dio al grupo de ermitaños <strong>una Regla de vida</strong>, Alberto, canónigo regular de san Agustín y patriarca latino de Jerusalén. Lo cierto históricamente es que, en tiempo de las cruzadas, un grupo de caballeros de la Europa occidental, cansados de hacer la guerra, abandonaron las armas y se refugiaron a vivir en el monte Carmelo de Palestina a finales del siglo XII para hacer vida eremítica.</p>



<p class="has-luminous-vivid-orange-background-color has-background has-normal-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Importancia singular en la orden tuvo la <em>Regla</em> en la que se establece que los ermitaños, que vivían en celdas separadas, tengan algunos actos comunes, como la oración pública de la Iglesia, la celebración de la Eucaristía y, sobre todo, que vivan “en obsequio de Jesucristo”. Pues bien, sin que exista en el texto mención alguna a la Virgen María, los ermitaños <strong>construyeron en medio de las celdas</strong> <strong>una capilla dedicada a ella</strong>, como consta en las fuentes históricas contemporáneas yque, con el tiempo, se convirtió en una hermosa iglesia gótica que tuvieron que abandonar en 1263 presionados por la invasión del lugar por los sarracenos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Huyendo de Tierra Santa, los ermitaños latinos del monte Carmelo emigraron a Occidente asimilados a los frailes “mendicantes”, como los franciscanos, dominicos y otros. Europa en esos precisos años estaba viviendo un momento de plenitud de la devoción mariana, en el paso del arte románico al gótico. A la representación de María llevando en su regazo a Cristo-Dios, hierática y solemne, sucede la imagen de María como Madre sonriente que lleva en sus brazos a Cristo como queriendo ofrecérselo a los hombres. Esa nueva espiritualidad es la que viven los recién llegados a Europa. Y es también el momento en el que los grandes teólogos carmelitas elaborarán una mariología sabia que potenciará su sentimiento de ser una orden esencialmente “mariana” teniendo a la Señora como su “Patrona”, Madre y Hermana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero, aun siendo verdad la oportunidad del tiempo como razón fundamental del marianismo de la orden, quisiera ver en la devoción mariana de los primeros ermitaños carmelitas <strong>una vinculación con su mentalidad no solo medieval, sino con su espíritu caballeresco</strong>. Es sabido que los caballeros -Don Quijote de la Mancha nos sirve de referencia modélica soñando con su “Dulcinea del Toboso”- hacían la guerra santa y eran los defensores de los débiles de la sociedad y tenían como modelo y en la retaguardia de sus hazañas bélicas a una “dama” soñada, cercana en los afectos y lejana en la geografía. Teniendo en cuenta este paradigma, ¿<strong>por qué no pensar que los caballeros-monjes ermitaños del Carmelo no tomaran como “dama” de sus sueños a la Virgen María y la hicieron “Señora del lugar”</strong>, sin renegar de su “servicio” a Jesucristo su Hijo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta es la historia y la recurrencia a la hipótesis; pero queda la otra dimensión: la interpretación alegórica que hicieron los teólogos carmelitas de un texto de la Escritura para fundar la dignidad y grandeza de su orden en un lejano antepasado, el profeta Elías, a quien hicieron no solo modelo de ermitaños, sino fundador de un modo de vida del que ellos eran sus herederos. Además, aprovecharon su conocimiento de los varios “sentidos” de la Sagrada Escritura para justificar el espíritu “mariano” de la orden.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Narra el<em> Libro de los Reyes</em> (I, 18, 42-44) que el profeta Elías mandó a su criado a otear el mar Mediterráneo y a la séptima vez vio surgir del mar salobre una “nubecilla” signo de fecundidad para la tierra reseca abrasada por la persistente sequía. Curiosamente, desde el siglo XIV los sabios teólogos carmelitas pensaron que Dios reveló a Elías en la “nubecilla” el nacimiento, en un futuro lejano, de una “niña” en la amargura del mundo que sería virgen, limpia de toda mancha de pecado. El símbolo se convirtió en realidad en la Virgen María (FELIPE RIBOT, O. Carm., <em>Libro de la Institución de los primeros monjes</em>, libro VI, cap. 1).</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa interpretación mariana del autor carmelita (+1391) significa que en Elías se hizo visión profética y mirada histórica al pasado en los intérpretes de la devoción de los caballeros cruzados del siglo XIII del Occidente cristiano. Para ellos no era una mera fantasía o sueño, sino una realidad. Reunidos en comunidad, sometidos a una <strong>Regla</strong> y viviendo “en obsequio de Jesucristo”, se dedicarán, por extensión, a propagar la devoción a la Virgen María.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta es la historia, queridos lectores; esta es la tradición mantenida durante siglos que nos llega a nosotros con la vitalidad de siempre. María sigue siendo para sus devotos un signo de esperanza, una luz en las tinieblas de la historia humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>Termino recordando que Teresa de Jesús, fundadora de la reforma de la orden del Carmen, miró al pasado remoto y se encontró con los ermitaños del Carmelo y de ellos aprendió la soledad y el silencio orantes y animó a sus seguidores a imitar su vida ascética. Y, sobre todo, el amor a la Señora del lugar, la Virgen María, en quien descubrió una madre y una hermana y la declaró Patrona de su Reforma.</p>



<p class="has-text-align-center has-luminous-vivid-orange-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">    <strong>        ¡Buen día de fiesta para que los devotos de la Virgen del Carmen </strong><br><strong>en su día de fiesta, no se olviden de Teresa, </strong><br><strong>alma enamorada de Cristo y de su madre, María! </strong></p>
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		<title>La virgen del Carmen: Estrella del mar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Jul 2018 11:47:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos marianos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hermanos de la Virgen María del Monte Carmelo Stella Maris es una evocación para los que visitan Tierra Santa. En la cumbre del monte Carmelo que se asuma a la bahía de la ciudad de Haifa, frente por frente de San Juan de Acre, ciudad de los cruzados, se levanta un monasterio de carmelitas descalzos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>Hermanos de la Virgen María del Monte Carmelo</h2>
<p><strong>Stella Maris</strong> es una evocación para los que visitan Tierra Santa. En la cumbre del monte Carmelo que se asuma a la bahía de la ciudad de Haifa, frente por frente de San Juan de Acre, ciudad de los cruzados, se levanta un monasterio de carmelitas descalzos conocido con el nombre de</p>
<p><strong>Estrella del mar</strong>, hermoso título para los que surcan los océanos, especialmente cuando la navegación era un peligro, además de un oficio o una afición. María, para los navegantes cristianos era una «estrella», un faro que iluminaba los caminos oscuros y borrosos del mar. Y también, tierras adentro, tiene altares «en todo confín», como rezaba una vieja canción. Para vivir con gozo la fiesta de la Virgen del Carmen (el día 16 de julio) ofrezco a toda la familia espiritual un recuerdo no solo histórico, sino emocional.</p>
<p><strong>El monte Carmelo es el lugar de origen de la orden del Carmen</strong> en el Wadi &#8216;Ain Es-Siah, un pequeño valle con espléndidas vistas al Mediterráneo, no lejos del promontorio de <em>Stella Maris</em>. Allí, un grupo de caballeros cruzados cambiaron sus armas de guerra por la paz vivida en el silencio, la soledad, la vida ascética y fraternal al amparo de una regla de vida que les dio el patriarca latino de Jerusalén Alberto en torno al año 1210. El ermitaño carmelita debía <strong> «vivir en obsequio de Jesucristo»,</strong> consagrar su vida a su servicio como al Señor de la Tierra Santa, a la manera de los vasallos al señor feudal, no con armas, sino con la vida.</p>
<p>Lo curioso es que <strong>un grupo de laicos al servicio del Señor Jesucristo, descubrieron que debía también servir a su madre, la Virgen María,</strong> dos personas históricas unidas inseparablemente en la historia y en el culto porque la tierra de Jesús era la tierra de María. Pronto los piadosos cruzados se sintieron amparados por la protección de María y fueron reconocidos con el pomposo título de <em>Hermanos de la Virgen María del Monte Carmelo</em>. La rudimentaria capilla dedicada a la Virgen María significaba que la aceptaban como patrona, protectora y Señora del lugar y se consagraban a su servicio en señal de <em>vasallaje </em>feudal.</p>
<p>Pasado el tiempo, la primitiva capilla se convirtió en una sencilla iglesia gótica, grandiosa para aquel inhóspito lugar, dedicada a la Virgen del Carmen. Junto a ella se edificó el convento para los ermitaños en torno al 1263 a la que acudían los peregrinos de Tierra Santa. Por desgracia, duró poco la alegría, porque tuvieron que abandonar todo el complejo en 1291 ante el avance de los sarracenos que ocuparon Tierra Santa.</p>
<p>Este fue el triste final de la orden del Carmen en Tierra Santa, pero fue la ocasión providencial para completar la emigración a Occidente que había comenzado ya en la tercera década del siglo XIII fundando conventos en Inglaterra, Francia, Italia y en España a partir de 1277. La orden del Carmen dejaba de ser estrictamente eremítica para asimilarse a otras órdenes «mendicantes» que estaban floreciendo en Occidente (franciscanos, dominicos, etc.).</p>
<p><strong>Santa Teresa de Jesús perteneció a esta orden del Carmen</strong> profesando en el convento de <em>La Encarnación </em>de Ávila en 1537 y allí vivió hasta el 1562 cuando inició una reforma de la orden en el convento de <em>San José </em>en 1562, en la familia femenina de las Carmelitas descalzas; y en 1568, en Duruelo, la masculina de los Carmelitas descalzos. El ideal que imprimió en su Reforma es un mestizaje entre el viejo paradigma eremítico, ascético y contemplativo de los orígenes y la mirada a las necesidades de la Iglesia y la sociedad de su tiempo, tanto de Europa como de América mediante el «apostolado» para «salvar almas». Las monjas en sus conventos (que no piensen solo en «salvar» su alma), y los frailes en el apostolado activo múltiple en sus iglesias, con sus escritos y en las cátedras universitarias. Y, de fondo, una profunda impregnación «mariana», ella que profesó siempre a María un apasionado enamoramiento. En su Reforma la aceptó como Madre, Señora y Patrona y vistió con enorme gozo el hábito de la Virgen.</p>
<p>Para mejor ambientar la existencia de la orden del Carmen en sus orígenes y su dimensión mariana, hagamos un poco de historia. Es sabido por los historiadores de la teología y la espiritualidad que la Iglesia, para luchar con la herejía de Arrio que prácticamente negaba la divinidad de Cristo o identidad de la naturaleza con el Padre, potenció en el arte (mosaicos, esculturas) la imagen de Cristo como <em>Pantokrator </em>(El Todopoderoso) quedando oscurecida su Humanidad como mediación entre el hombre y Dios. A María se la veía también alejada de su maternidad espiritual. Así la vemos en el arte románico representada como un trono reposando sobre sus rodillas su Hijo. Con el arte gótico, el tiempo de las cruzadas y la peregrinación a Tierra Santa, la predicación y doctrina de San Bernardo y los cistercienses y, finalmente, san Francisco y los frailes mendicantes, renace la devoción a Cristo en su Humanidad; <strong>María es la madre de Cristo-Dios, pero también de los hombres y lleva en sus brazos al Hijo como queriéndole entregar s sus devotos entre una piadosa sonrisa.</strong></p>
<p>A esta nueva espiritualidad se incorporó en Occidente<strong> la orden del Carmen como orden de Maríadifundiendo la devoción al Escapulario,</strong> cuyo uso prometía protección en la vida, ayuda en la hora de la muerte y la salvación eterna después de la muerte.</p>
<p><strong>Daniel de Pablo Maroto</strong></p>
<p><strong>Carmelita Descalzo &#8211; «La Santa» &#8211; Ávila</strong></p>
<p><a href='/wp-content/uploads/2019/05/fi17664la-virgen-del-carmen.-estrella-del-mar-1.pdf' target="_blank" rel="noopener noreferrer">LA VIRGEN DEL CARMEN: ESTRELLA DEL MAR. DANIEL DE PABLO MAROTO</a></p>
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		<title>Santa Teresa y la virgen del Carmen</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Jul 2017 09:32:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos marianos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Carmelo es Todo de María El día 16 de julio celebra la Iglesia católica la festividad de la Virgen del Carmen, que «tiene altares en todo confín», como dice una vieja canción. La orden de los carmelitas y los carmelitas descalzos, herederos de la fundadora Teresa, la tienen por patrona principal y la siguen [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2>El Carmelo es <em>Todo de María</em></h2>
<p> El día 16 de julio celebra la Iglesia católica la festividad de la Virgen del Carmen, que «tiene altares en todo confín», como dice una vieja canción. La orden de los carmelitas y los carmelitas descalzos, herederos de la fundadora Teresa, la tienen por patrona principal y la siguen celebrando en todas sus iglesias de frailes y monjas con toda solemnidad. Desde Ávila hago memoria de Santa María del Carmelo y de Teresa de Jesús que la tuvo por madre desde la adolescencia llenando de gozo y esperanza su orfandad, por guía espiritual en el convento de <em>La Encarnación </em>y por Patrona de su Reforma del Carmelo.</p>
<p>La piedad mariana la heredó de su madre que enseñó a sus hijos a rezar el rosario al amor de la lumbre en su hogar de Ávila. Después, el relato tardío de su vida, tan minucioso en aventuras humanas y místicas, se puebla de referencia a la Virgen Nuestra Señora, la Reina del Carmelo, y otras apelaciones llenas de ternura filial, pero sin mayores explicaciones de cuándo y cómo se colmó su alma de espiritualidad mariana.</p>
<p>Sugiero que fue el descubrimiento de Cristo en la oración interiorizada que le enseñaron las agustinas del convento de <em>Santa María de Gracia</em>, quien la condujo desde jovencita a un encuentro profundizado con su Madre, la Virgen María (<em>Vida, </em>9, 4; cf. 9, 7 y 3, 4). El proceso que va de Cristo a María es coherente en un camino espiritual que se recorre por grados y que en ella culminó en experiencias místicas también de contenido mariano.</p>
<p>Pero ciertamente donde se desarrolló su profunda piedad mariana fue en el convento de <em>La Encarnación</em>, de monjas carmelitas, donde ingresó en 1535. Aunque parezca mentira a los que desconocen la verdadera historia de su vocación, ella fue una de tantas jóvenes que se refugiaron en el convento «para remediarse», no por falta de recursos económicos ni de pretendientes para casarse; pero ciertamente no fue por amor a Cristo ni a María, sino para asegurarse la salvación eterna. No nos atreveríamos a decirlo tan claramente si ella misma no lo hubiese confesado con tanta honradez, sencillez y humildad: «En este movimiento de tomar estado, más me parece me movía un temor servil que amor». «Como no había amor de Dios que quitase el amor del padre y parientes&#8230; me dio ánimo contra mí, de manera que lo puse por obra» (<em>Vida</em>, 3, 6 y 4, 1). Estas son las razones que ella alega, y el historiador intuye alguna más también de orden mundano y familiar, ciertamente no santas. La madurez espiritual saneó sus intenciones primeras.</p>
<p>Pero dejemos este preámbulo de su vocación y situémonos en el interior del convento de <em>La Encarnación</em>, la verdadera escuela de su marianismo cultural y devocional. La orden del Carmen, al que pertenecía el convento, había nacido en Palestina, tierra de Jesús y de María en los comienzos del siglo XIII; sus primeros frailes observaron una Regla que obligaba a vivir «en obsequio de Jesucristo» y no hace alusión alguna a la Virgen María. Y, sin embargo, los teólogos de la orden, desde muy temprano, proclamaron que el Carmelo era <strong><em>Todo de María</em></strong>. ¿Qué ha sucedido en la historia? ¿En qué se fundaron los teólogos carmelitas para proponer un aparente cambio en la dirección de su vida espiritual desde el culto a Cristo al de María? Sencillamente explicitaron lo que estaba incluido implícitamente en la Regla.</p>
<p>La regla de vida fue escrita e impuesta a los ermitaños del monte Carmelo en el contexto de una mentalidad feudal en la que domina un señor de la tierra. Pues bien, el Señor de Palestina era Jesucristo, su tierra natal que la posee como Señor de todo y, junto a Jesús, está su madre, María. Las dos figuras, Cristo y María, eran para ellos inseparables. La tierra de Jesús era también para ellos la tierra de María, la Señora del lugar y Madre de los carmelitas. El «vasallaje» que los cruzados occidentales rendían a sus señores se lo ofrecen ahora a Jesucristo y a su madre María.</p>
<p>Fundados en esa razón, al menos desde mediados del siglo XIII, aquellos ermitaños rindieron un culto especial a la Virgen María edificando en medio de sus rústicas celdas un oratorio dedicado a ella. La rudimentaria capilla de los orígenes se convirtió, en la segunda mitad del siglo XIII, en una espléndida iglesia gótica dedicada a la Virgen del Carmen. El convento de frailes, que se construyó junto a la iglesia en torno al 1263, y todo aquel grandioso complejo -iglesia y convento- del Wadi &#8216;Ain Es-Siah, fue abandonado precipitadamente en 1291 al conquistar el lugar los sarracenos.</p>
<p>La Madre Teresa, cuando pensó en renovar la orden del Carmen, recordó con nostalgia la vida de ascesis y oración contemplativa de aquellos antiguos ermitaños del Monte Carmelo y en ellos se miró como en un espejo lejano, soñó con aquellas soledades llenas de misteriosas resonancias y quiso implantarlas en su primer convento, el de <em>San José</em>, y después en las demás fundaciones de monjas y de frailes, ellas para orar y contemplar y ellos para idéntico quehacer y para extender el reino de Dios en las múltiples acciones apostólicas.</p>
<p>Y la última pregunta: ¿Dónde y cómo entró en contacto la madre Teresa con aquellas esencias marianas del Carmelo? Existe un libro misterioso que casi con toda seguridad leyó en <em>La Encarnación</em> porque era venerado como un libro fundamental de formación de frailes y de monjas y era considerado como la antigua Regla de la orden, <em>La institución de los primeros monjes</em>, escrita en el siglo XIV por el carmelita Felipe Ribot. Allí conectó con muchos de las tradiciones y leyendas fantásticas de la orden, de su antigüedad en conexión con los herederos del profetas Elías, la relación de los ermitaños con la Sagrada Familia de Nazaret, María inmaculada figurada en la nubecilla que vio Elías surgir de las aguas salobres del Mediterráneo, etc.</p>
<p>Y, sobre todo, la vinculación singular de los antiguos frailes con la Virgen María hasta poder considerarse <strong>Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo</strong> porque ella vivió la virginidad como lo profesaban los carmelitas, título que se apropiaron los frailes en su paso a Occidente y por lo que fueron muy combatidos.</p>
<p>Teresa se consideró «hija», «esclava»y «protegida» por la madre y ese sentimiento se lo trasmitió a sus hijas e hijos. El título que da a María es muy significativo y va mucho más allá del oficial asignado a su Reforma: «Señora y Patrona» del Carmelo». En consecuencia, todo lo que pertenece a la vida de la Reforma hace referencia a la María del Monte Carmelo: el hábito, que indignamente viste; las casas que funda, la <em>Regla</em> de vida a cuyos orígenes quiere volver para «renovarla», los conventos de su Reforma son «palomarcitos» de la Virgen, los miembros del Carmelo reformado, monjas y frailes, todo es una prueba evidente de que la Reforma está consagrada a María en la que es madre y maestra. ¡Ojalá que la numerosa familia del Carmelo, monjas, frailes y laicos,no pierda de vista este lejano, pero siempre actual, modelo que es la Virgen del Carmen!</p>
<p><strong>Daniel de Pablo Maroto,</strong></p>
<p><strong>Carmelita descalzo. «La Santa»</strong></p>
<p><a href='/wp-content/uploads/2019/05/fi17399s.-teresa-y-la-v.-del-carmen.pdf' target="_blank" rel="noopener noreferrer">SANTA TERESA Y LA VIRGEN DEL CARMEN. DANIEL DE PABLO MAROTO</a></p>
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		<title>Nuestra Señora la Virgen del Carmen</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 06 Jul 2008 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos marianos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el mes de julio toda la familia carmelitana recuerda a su Patrona, la Virgen del Carmen. En las iglesias de los frailes y las monjas carmelitas se celebran triduos y novenas en su honor, con cánticos, sermones y plegarias para concluir con la procesión de su imagen por las calles de nuestras ciudades. Para [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En el mes de julio toda la familia carmelitana recuerda a su Patrona, la Virgen del Carmen. En las iglesias de los frailes y las monjas carmelitas se celebran triduos y novenas en su honor, con cánticos, sermones y plegarias para concluir con la procesión de su imagen por las calles de nuestras ciudades. Para vivir mejor este marco festivo nada mejor que recrear la memoria histórica de los orígenes de tan entrañable y universal devoción.</p>
<h3>Retazos de historia</h3>
<p>Aunque parezca mentira, la orden del Carmen, que desde muy temprano se proclamó eminentemente mariana (Totus marianus est Carmelus), no encuentra mencionada a María en su Regla o estatuto fundamental de vida, escrita en los primeros años del siglo XIII. A muchos les parecerá una paradoja, una contradicción. Sin embargo, dos razones, al menos, desmienten esa ausencia de María, colman el silencio de la Regla de San Alberto, patriarca de Jerusalén, y explican el marianismo de la orden.</p>
<p>La primera se deduce de una exégesis profunda del texto fundacional, más allá de una lectura material, que nos descubre a María como Señora del Monte Carmelo y Madre de los carmelitas. Dice el prólogo de la Regla que el carmelita debe «Vivir en obsequio de Jesucristo». Esta breve fórmula significa que los guerreros cruzados (los primeros ermitaños carmelitas) que se juntaron junto a la «Fuente de Elías» en el Carmelo, consagraron su vida a Jesucristo como Señor de la Tierra Santa, de la misma manera que lo hacía un vasallo con el señor feudal. El «servicio» de vasallaje a Cristo de los soldados occidentales no era una profesión bélica, sino un «obsequio» de vida contemplativa en el desierto, de ascesis evangélica bajo la obediencia de un superior.</p>
<p>La mentalidad feudal en la que se escribe la Regla nos ayuda a entender el marianismo implícito en la misma. Aquellos piadosos ermitaños del Monte Carmelo, imitadores y seguidores de Jesucristo, lo fueron, por la misma razón, de su madre terrena, la Virgen María. Las dos figuras, Cristo y María, eran para ellos inseparables en la vida y en el culto. La tierra santa de Jesús era también la tierra santa de María, la Virgen del Carmelo.</p>
<p>Pero no se trata sólo de una deducción lógica, sino de una constatación documental. Se sabe que, al menos desde mediados del siglo XIII, aquellos ermitaños rindieron un culto especial a la Virgen María edificando en medio de sus rústicas celdas un oratorio dedicado a ella en señal de vasallaje. Al ser el titular de la capilla, los ermitaños aceptaban a María como su patrona y protectora, y -por la misma mentalidad medieval a la que hemos aludido- se consagraban a su servicio, como ella misma se había consagrado a su Hijo. En consecuencia, el vasallaje, originariamente de tinte cristológico, adquiría una dimensión también eminentemente mariana. Con la profesión religiosa de los consejos evangélicos, el ermitaño del Carmelo se consagraba al servicio de Cristo y de María. Para ellos era la Señora del lugar, Santa María del Monte Carmelo.</p>
<p>La rudimentaria capilla de los orígenes se convirtió, en la segunda década del siglo XIII, en una espléndida iglesia gótica dedicada a la Virgen del Carmen. El convento de frailes, que se construyó junto a la iglesia en torno al 1263, se convirtió en meta de peregrinos y en un lugar de hospedaje. Todo aquel grandioso complejo -iglesia y convento- del Wadi &#8216;Ain Es-Siah, con espléndidas vistas al Mediterráneo, fue abandonado precipitadamente en 1291 ante la presión de los sarracenos que ocuparon Tierra Santa. Nuestras Crónicas antiguas cuentan glorias martiriales que suenan más a poesía medieval que a historia crítica.</p>
<p>Y la segunda razón de su marianismo lo prueba el desarrollo histórico de la orden del Carmen, tanto en su tronco primitivo, los carmelitas calzados, como en la Reforma de Santa Teresa de Jesús. Es en la historia donde aparece la orden impregnada de teología en sus grandes escritores y de piedad mariana en la liturgia y en las devociones populares celebradas en sus iglesias. Según una antigua tradición, desde mediados del siglo XIII, se difundió la devoción al Escapulario del Carmen. Y junto ella, la celebración de la misa sabatina, el canto de la Salve, la difusión de la cofradía de la Virgen del Carmen, la dedicación de las iglesias a la Señora, las imágenes que las adornaban, etc.</p>
<p>Es importante también recordar algunos datos históricos. El primero, que desde mediados del siglo XIII aparece el título mariano Santa María del Monte Carmelo. El segundo, que la celebración de la fiesta litúrgica de la Virgen del Carmen se puede constatar ya a mediados del siglo XIV. Y el tercero, que, poco a poco fueron surgiendo los títulos con los que los carmelitas distinguieron a su Virgen del Monte Carmelo: Madre, Hermana, Patrona y Reina.</p>
<h3>Las leyendas, los mitos y los símbolos</h3>
<p>Si la historia que he descrito en síntesis es hermosa, no lo es menos la interpretación mítica y simbólica que dieron los escritores carmelitas de la figura de María como Señora y Patrona de la orden. Los carmelitas, originarios del Monte Carmelo en Palestina, crearon, al margen de la historia, toda una literatura simbólica y mítica, expresión de un inconsciente colectivo, que utilizaron para probar la antigüedad y la dignidad de la orden con derecho a sobrevivir cuando se debatía la existencia de algunas órdenes mendicantes en el concilio Lateranense IV (1215), entre otras la de los carmelitas.</p>
<p>Pero, más allá de los avatares históricos adversos, dos figuras aparecen en el imaginario colectivo de la orden: Elías y María. Los carmelitas vieron en el profeta Elías a su padre y fundador porque practicó la vida eremítica y contemplativa en el mismo lugar donde ellos habían nacido, el Monte Carmelo. Interpretaron la «nubecilla» que surgía del mar (Reyes, II, 18, 44), y que contempló Elías, como preanuncio del nacimiento de María virgen y madre, fecunda de frutos e inmaculada. Todos los seguidores del Profeta en el A. Testamento -según las tradiciones de la orden- abrazaron la fe cristiana y son, de alguna manera, los ancestros de los carmelitas; además, los eremitas del Monte Carmelo visitaban a la Sagrada Familia en Nazaret y consideraron a María como una hermana porque, como ellos, practicó la virginidad. A María dedicaron pronto la primera capilla.</p>
<p>Los mitos, los símbolos y las leyendas son un lenguaje cifrado, una forma de expresión más allá del significado verbal. Los grandes ideales del Carmelo se esconden tras estas aparentes o reales fantasías y son un espejo donde el carmelita se mira. Elías y María son los modelos de contemplación y acción, de eremitismo, soledad y espíritu andariego, de fe y caridad, de consagración a Dios y a los hermanos. La Madre Teresa, cuando pensó en renovar la orden del Carmen, miró a esos antiguos paradigmas: a Elías, a los Santos Padres nuestros, a María, la Reina, la Patrona, la Señora y Reina del Carmelo. ¡Ojalá que la familia del Carmelo no pierda de vista este lejano, pero siempre actual, modelo que es la Virgen del Carmen!</p>
<p>DANIEL DE PABLO MAROTO, OCD.</p>
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