Estamos en las manos de Dios, en Él tenemos puestos nuestros ojos y esperanza. No debemos temer nada, el poder del mal no triunfará.
Maria fue un ejemplo de fe, esperanza y amor, precisamente porque se abandonó en el Señor.
María, es señal de paz y de vida, ella es el sacramento de la ternura de Dios y de que Este nunca abandona al ser humano, sino que su amor salvífico y creador cura y levanta al que está herido. Este amor se transmite de generación en generación.
Dios nos ha bendecido con toda clase de bienes: Salud, riquezas, familia, aunque todas las bendiciones se centran en Cristo (Ef.1.3). Todo el que cree en Él será salvo.
Jesús es el hijo de María. Dios hace con el ser humano una alianza eterna. Y si un Niño es Hijo de Dios, todos podemos llegar a serlo. «El ser humano es capaz de Dios», (K.Rhaner), puede llegar a Dios. Al tomar conciencia de que somos hijos de Dios, se deduce lógicamente que todos somos hermanos y como tales tenemos que vivir.
Dos mensajes alentadores recibe María: «El Señor está contigo. No temas». Dios siempre estuvo con aquellos que llamó para una misión especial. Así sucedió con Moisés, (Ex 3,12), con Jeremías (Jer 1,8) y con tantos otros, El ángel se lo repite a María. Y le dice además: No temas, porque el Espíritu Santo vendrá y la fuerza del Altísimo te cubrirá.
No temas Abraham, que el Señor es tu escudo y te colmará de bendiciones. No teman, Juan, Pablo, Andrés, que Dios está con cotos vosotros, que la fe es su fuerza y roca, que Dios solamente será su recompensa.
Todos aquellos que confían en Dios y se fían de Él como María, no huirán ni vivirán en el temor, sino que darán a luz la vida y entonces el mal, la muerte no tendrán poder en ellos.
Eusebio Gómez Navarro, ocd