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	<title>Papa León XIV archivos - Cipecar</title>
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	<description>Centro de Iniciativas de Pastoral de Espiritualidad</description>
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	<title>Papa León XIV archivos - Cipecar</title>
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		<title>A la luz de la Pascua, ¡dejémonos sorprender por Cristo!</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Charo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Apr 2026 11:22:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Intenciones de oración]]></category>
		<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En su mensaje Urbi et Orbi de Pascua 2026, el Papa León XIV proclama con alegría la resurrección de Cristo como victoria definitiva de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio y de la luz sobre las tinieblas. Esta victoria, alcanzada a través del sacrificio de Cristo, no se impone con violencia, [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-medium-font-size">En su mensaje <em>Urbi et Orbi</em> de Pascua 2026, el Papa León XIV proclama con alegría la resurrección de Cristo como victoria definitiva de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio y de la luz sobre las tinieblas. Esta victoria, alcanzada a través del sacrificio de Cristo, no se impone con violencia, sino con la fuerza del amor, el perdón y la entrega confiada a Dios.</p>



<p class="has-medium-font-size">El Papa subraya que la resurrección inaugura una nueva humanidad basada en la justicia, la paz y la fraternidad, e invita a todos a dejarse transformar por este amor. Frente a un mundo marcado por la violencia, la guerra y la “globalización de la indiferencia”, exhorta a rechazar la resignación y a optar por el diálogo, el bien común y la construcción de relaciones auténticas.</p>



<p class="has-medium-font-size">Asimismo, llama a abandonar toda forma de violencia y a trabajar activamente por una paz verdadera, que no se limita a silenciar las armas, sino que nace de corazones transformados. Finalmente, invita a la oración por la paz y a confiar en Dios, que es capaz de hacer nuevas todas las cosas.</p>



<p class="has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ce5fbdc2a2df19f4a15934d96cd21ecc"><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/urbi/documents/20260405-urbi-et-orbi-pasqua.html" type="link" id="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/urbi/documents/20260405-urbi-et-orbi-pasqua.html"><strong>TEXTO COMPLETO EN EL ENLACE</strong></a></p>



<p class="has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a50b1cf580b0916704d806a1a9e1ac05"><strong><a href="https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-04/el-papa-presidira-la-vigilia-de-oracion-por-la-paz-11-de-abril-2.html" type="link" id="https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-04/el-papa-presidira-la-vigilia-de-oracion-por-la-paz-11-de-abril-2.html">EL CIPE SE UNE A LA INVITACIÓN  DEL PAPA EN LA VIGILIA DE ORACIÓN POR LA PAZ</a></strong></p>



<p class="has-medium-font-size">Tendrá lugar en la Basílica de San Pedro el próximo sábado 11 de abril.</p>
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		<title>Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2026</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Charo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Jan 2026 16:10:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Lema: «¿Para quién eres? Con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, celebrada el 2 de febrero de 2026 en el marco del Jubileo, la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada ha preparado diversos materiales —mensaje de los obispos, testimonios, textos del papa León XIV, oraciones, los subsidios litúrgicos para celebrante y monitor— [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/blogs-firmas/francisco-papa/jornada-mundial-de-la-vida-consagrada-2026/">Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2026</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-medium-font-size"><strong>Lema: «¿Para quién eres? </strong></p>



<p class="has-medium-font-size">Con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, celebrada el 2 de febrero de 2026 en el marco del Jubileo, la <a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/vida-consagrada/">Comisión Episcopal para la Vida Consagrada</a> ha preparado <strong><a href="https://www.conferenciaepiscopal.es/jornada-mundial-vida-consagrada-2026/" type="link" id="https://www.conferenciaepiscopal.es/jornada-mundial-vida-consagrada-2026/">diversos materiales —mensaje de los obispos, testimonios, textos del papa León XIV, oraciones, los subsidios litúrgicos para celebrante y monitor—</a></strong> para celebrar esta Jornada que invita a centrar la mirada en las personas que, mediante la consagración, dedican su vida a Cristo.</p>



<p class="has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7bc5b7457a0bf1e36e08698905c15819"><strong>En el CIPE ofrecemos un resumen de la HOMILÍA de la Misa del Papa León XIV en la celebración del <em>Jubileo de la Vida Consagrada,  <em>Jueves, 9 de octubre de 2025</em></em></strong></p>



<p class="has-ast-global-color-8-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a4361e04b1679dbb9706d1665e6829c6">En el marco del Jubileo, el papa León XIV dirige un mensaje de gratitud, ánimo y esperanza a todas las personas consagradas del mundo. </p>



<p class="has-ast-global-color-8-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1aa5a16110ef6b06a84500629d5f7d2f"><strong>– Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá» (Lc 11,9)</strong></p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>1. Confiar como hijos en el Padre</strong></p>



<p class="has-medium-font-size">El Papa recuerda que las palabras de Jesús —<em>pedir, buscar y llamar</em>— expresan la actitud fundamental del consagrado: una confianza sencilla y total en Dios. Vivir los votos es abandonarse en las manos del Padre como hijos, reconociendo que todo es don y todo nace de su misericordia.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>2. Los votos: pobreza, obediencia y amor fraterno</strong></p>



<p class="has-medium-font-size">Estas tres actitudes marcan el camino cotidiano de la vida consagrada:</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>Pedir</strong> es reconocer, en la pobreza, que todo es don del Señor y dar gracias por todo.<br><strong>Buscar</strong> es abrirse, en la obediencia, a descubrir cada día el camino que debemos seguir para alcanzar la santidad, según los designios de Dio.<br><strong>Llamar</strong> es pedir y ofrecer a los hermanos los dones recibidos con corazón puro, esforzándose en amar a todos con respeto y gratuidad.<br> Así, la consagración hace fructificar la gracia recibida en el bautismo y se convierte en un signo profético para la Iglesia y el mundo.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>3. Recordar con gratitud la propia vocación</strong></p>



<p class="has-medium-font-size">El Papa invita a mirar la propia historia personal y comunitaria para reconocer la fidelidad de Dios a lo largo de los años, tanto en los momentos luminosos como en los tiempos de prueba. Todo ha sido camino de purificación, crecimiento en la fe y maduración en el amor.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>4. Dios, sentido pleno de la vida</strong></p>



<p class="has-medium-font-size">Para los consagrados, Dios no es solo importante: es <strong>todo</strong>. Es origen, llamada, fuerza y meta. Por eso su vida proclama que solo en Él el ser humano encuentra plenitud verdadera. Con su testimonio, ayudan a otros a descubrir la amistad con Dios y el deseo de infinito que habita en todo corazón.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>5. De la experiencia de Dios nace la caridad</strong></p>



<p class="has-medium-font-size">El Papa recuerda que de un encuentro auténtico con Dios brota siempre un amor generoso y concreto hacia los demás, como ocurrió en los fundadores y fundadoras de los institutos religiosos. La vida consagrada está llamada a ser entrega sin fronteras, especialmente a los más pobres y olvidados.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>6. Testigos de esperanza en un mundo cansado</strong></p>



<p class="has-medium-font-size">Frente a una cultura que a veces considera inútil servir a Dios y se conforma con lo superficial, los consagrados muestran que la verdadera felicidad nace de un amor fiel, profundo y duradero. Su vida es como un árbol que da oxígeno al mundo: ofrece sentido, estabilidad y paz.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>7. Orientados hacia la eternidad</strong></p>



<p class="has-medium-font-size">Finalmente, el Papa subraya la dimensión eterna de la vocación consagrada. Los consagrados viven comprometidos en el mundo, pero con la mirada puesta en el Reino definitivo. Son testigos de los bienes futuros y recuerdan a todos que nuestra meta última es la vida plena en Dios.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>8. Una llamada final</strong></p>



<p class="has-medium-font-size">El mensaje concluye con una exhortación a vivir con sencillez evangélica, cercanía a Cristo y a los hermanos, pobreza de corazón, mansedumbre, hambre de santidad y misericordia, para que el mundo pueda reconocer, a través de ellos, la paz que viene de Dios.</p>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20251009-giubileo-vita-consacrata.html" type="link" id="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20251009-giubileo-vita-consacrata.html"><strong>JUBILEO DE LA VIDA CONSAGRADA.</strong></a></p>



<p class="has-medium-font-size"><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20251009-giubileo-vita-consacrata.html" type="link" id="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20251009-giubileo-vita-consacrata.html"><strong>SANTA MISA</strong>. <em><strong>HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV</strong></em>. <em>Plaza de San Pedro. Jueves, 9 de octubre de 2025</em></a></p>



<p></p>
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		<title>Oración de acción de gracias por el Papa León XIV</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Charo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 07:26:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Señor Dios,fuente de toda luz y pastor de tu pueblo, te bendecimos y te damos graciaspor el don del Papa León XIV,a quien has elegido como sucesor de Pedroy signo visible de la unidad de la Iglesia. Derrama sobre él la abundancia de tu Espíritu,para que, guiado por la Sabiduría que viene de lo alto,confirme [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-medium-font-size">Señor Dios,<br>fuente de toda luz y pastor de tu pueblo,</p>



<p class="has-medium-font-size">te bendecimos y te damos gracias<br>por el don del Papa <strong>León XIV</strong>,<br>a quien has elegido como sucesor de Pedro<br>y signo visible de la unidad de la Iglesia.</p>



<p class="has-medium-font-size">Derrama sobre él la abundancia de tu Espíritu,<br>para que, guiado por la Sabiduría que viene de lo alto,<br>confirme en la fe a sus hermanos,<br>anime a los pobres y a los que buscan sentido<br>y conduzca a la humanidad por caminos de justicia y de paz.</p>



<p class="has-medium-font-size">Haz que, a ejemplo de Santa Teresa de Jesús,<br>viva con “determinada determinación” de agradarte en todo;<br>y que, siguiendo a San Juan de la Cruz,<br>camine ligero, libre de sí mismo,<br>para poseerlo todo en Ti y entregarlo todo a los demás.</p>



<p class="has-medium-font-size">María, Madre del Carmelo y Estrella del mar,<br>cubre con tu manto a nuestro nuevo Papa;<br>sé para él consuelo en la prueba<br>y lámpara en las noches de la Iglesia.</p>



<p class="has-medium-font-size">Desde el <strong>CIPE</strong>, Señor,<br>queremos acompañar a León XIV con nuestra oración constante,<br>ofreciendo cada silencio, cada canto, cada palabra de Evangelio orado,<br>para que su ministerio fecunde el mundo<br>con la alegría del Evangelio y la esperanza que no defrauda.</p>



<p class="has-medium-font-size">Te lo pedimos a Ti,<br>que vives y reinas por los siglos de los siglos.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>Amén.</strong></p>
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		<title>Los ojos fijos en el cielo, pero los pies sobre la tierra y el corazón postrado en adoración</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Charo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Jan 2024 12:10:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los Magos emprenden un viaje en busca del Rey que ha nacido. Ellos son imagen de los pueblos en camino en busca de Dios, de los extranjeros que ahora son conducidos al monte del Señor (cf. Is 56,6-7), de los lejanos que ahora pueden oír el anuncio de la salvación (cf. Is 33,13), de todos [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-medium-font-size">Los Magos emprenden un viaje en busca del Rey que ha nacido. Ellos son imagen de los pueblos en camino en busca de Dios, de los extranjeros que ahora son conducidos al monte del Señor (cf. <em>Is</em> 56,6-7), de los lejanos que ahora pueden oír el anuncio de la salvación (cf. <em>Is</em> 33,13), de todos los están extraviados y sienten la llamada de una voz amiga. Porque ahora, en la carne del Niño de Belén, la gloria del Señor se ha revelado a todas las gentes (cf. <em>Is</em> 40,5) y «todo hombre verá la salvación de Dios» (<em>Lc</em> 3,6). Es la peregrinación humana de cada uno de nosotros, de la lejanía a la cercanía.</p>



<p class="has-medium-font-size">Los Magos tienen <em>los ojos fijos en el cielo</em>, pero <em>los pies sobre la tierra y el corazón postrado en adoración</em>. Repito: los ojos fijos en el cielo, los pies sobre la tierra, el corazón postrado en adoración</p>



<p class="has-medium-font-size">Ante todo, los Magos tienen <em>los ojos fijos en el cielo</em>. Están imbuidos por la nostalgia del infinito y su mirada es atraída por los astros celestes. No viven mirando la punta de sus pies, replegados sobre sí mismos, prisioneros de un horizonte terreno, arrastrándose en la resignación o en la queja. Ellos <em>levantan la cabeza</em> para esperar una luz que ilumine el sentido de su vida, una salvación que viene de lo alto. Y así ven surgir una estrella, la más luminosa de todas, que los atrae y los pone en camino. Esta es la clave que revela el verdadero significado de nuestra existencia: si vivimos encerrados en el estrecho perímetro de las cosas terrenales, si marchamos con la cabeza baja rehenes de nuestros fracasos y remordimientos, si estamos hambrientos de bienes y consuelo mundano —que hoy están aquí y mañana desaparecen— en lugar de ser buscadores de luz y amor, nuestra vida se apaga. Los Magos, que también son extranjeros y todavía no han encontrado a Jesús, nos enseñan a mirar hacia lo alto, a tener la vista fija en el cielo, a levantar los ojos hacia los montes de donde nos vendrá la ayuda, porque nuestra ayuda viene del Señor (cf. <em>Sal</em> 121,1-2).</p>



<p class="has-medium-font-size">¡Hermanos y hermanas, los ojos fijos en el cielo! Necesitamos tener la mirada levantada <em>hacia lo alto,</em> también para aprender a ver la realidad <em>desde arriba</em>. Lo necesitamos en el camino de la vida, para hacernos acompañar de la amistad del Señor, de su amor que nos sostiene, de la luz de su Palabra que nos guía como estrella en la noche. Lo necesitamos en el camino de la fe, para que no se reduzca a un conjunto de prácticas religiosas o a un hábito exterior, sino que se convierta en un fuego que nos quema por dentro y nos hace buscadores apasionados del rostro del Señor y testigos de su Evangelio. Lo necesitamos en la Iglesia, donde, en lugar de dividirnos según nuestras ideas, estamos llamados a poner a Dios en el centro. Lo necesitamos para abandonar las ideologías eclesiásticas, para encontrar el sentido de la Santa Madre Iglesia, del <em>habitus</em> eclesial. [Por lo tanto], ideologías eclesiásticas, no; <em>habitus</em> eclesial, sí. Es el Señor quien debe estar en el centro y no nuestras ideas o nuestros planes. Recomencemos desde Dios, busquemos en Él la valentía para no detenernos ante las dificultades, la fuerza para superar los obstáculos, la alegría para vivir en la comunión y en la concordia.</p>



<p class="has-medium-font-size">Los Magos no sólo miran la estrella, las cosas de lo alto, sino que también tienen <em>los pies sobre la tierra</em>. Ellos se ponen en camino a Jerusalén y preguntan: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo» (<em>Mt</em> 2,2). Una sola cosa: los pies unidos con la contemplación. El astro que brilla en el cielo los envía a recorrer los caminos de la tierra; levantando la cabeza hacia lo alto son empujados a descender hacia lo bajo; buscando a Dios son invitados a encontrarlo en el hombre, en un Niño que yace en un pesebre, porque Dios que es lo infinitamente grande, se ha revelado en este pequeño, infinitamente pequeño. Se necesita sabiduría, se necesita la asistencia del Espíritu Santo para comprender la grandeza y la pequeñez en la manifestación de Dios</p>



<p class="has-medium-font-size">Hermanos y hermanas, ¡los pies sobre la tierra, y en camino! El don de la fe no nos es dado para quedarnos mirando el cielo (<em>Hch</em> 1,11), sino para avanzar por los senderos del mundo como testigos del Evangelio; la luz que ilumina nuestra vida, el Señor Jesús, no nos es dada sólo para ser consolados en nuestras noches, más bien para abrir destellos de luz en las densas tinieblas que envuelven tantas situaciones sociales; el Dios que viene a visitarnos no lo encontramos permaneciendo quietos en alguna bella teoría religiosa, sino poniéndonos en camino, buscando los signos de su presencia en las realidades de cada día y, sobre todo, encontrando y tocando la carne de los hermanos. Contemplar a Dios es algo bello, pero sólo es fructífero si tomamos el riesgo del servicio de llevar a Dios. Los Magos buscan a Dios, el Dios grande, y encuentran un Niño. Esto es importante: encontrar a Dios en carne y hueso, en los rostros con los que nos cruzamos cada día, especialmente los de los más pobres. Los Magos, en efecto, nos enseñan que el encuentro con Dios siempre nos abre a una esperanza más grande, que nos hace cambiar estilo de vida y nos hace transformar el mundo. Benedicto XVI decía: «Si falta la verdadera esperanza, se busca la felicidad en la embriaguez, en lo superfluo, en los excesos, y los hombres se arruinan a sí mismos y al mundo. [&#8230;] Por esto, hacen falta hombres que alimenten una gran esperanza y posean por ello una gran valentía. La valentía de los Magos, que emprendieron un largo viaje siguiendo una estrella, y que supieron arrodillarse ante un Niño y ofrecerle sus dones preciosos» (Benedicto XVI, <em><a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/homilies/2008/documents/hf_ben-xvi_hom_20080106_epifania.html">Homilía</a></em>, 6 enero 2008).</p>



<p class="has-medium-font-size">Por último, pensemos también en que los Magos tienen <em>el corazón postrado en adoración</em>. Miran a la estrella en el cielo, pero no se refugian en una devoción separada de la tierra; emprenden el viaje, pero no vagan como turistas sin rumbo. Ellos llegan a Belén y, cuando vieron al Niño, «se postraron y lo adoraron» (<em>Mt</em> 2,11). Luego abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra. «Con sus ofrendas místicas predican los Magos al que adoran: con el oro, como rey; con el incienso, como Dios, y con la mirra, como hombre mortal» (S. Gregorio Magno, <em>Homilía X en el día de la Epifanía</em>, 6). Un rey que vino a servirnos, un Dios que se hizo hombre. Ante este misterio, estamos llamados a inclinar el corazón y doblar las rodillas para adorar: adorar al Dios que viene en la pequeñez, que habita la normalidad de nuestras casas, que muere por amor. El Dios «al que los cielos abiertos mostraban con las señales de los astros» se dejaba encontrar «en un estrecho establo, para que, aunque impedido a causa de sus miembros infantiles y envuelto en pañales de niño, lo adorasen los magos y lo temiesen los malos» (S. Agustín, <em>Sermón,</em> 200,1). Hermanos y hermanas, hemos perdido el hábito de la adoración, hemos perdido esta capacidad que nos da la adoración. Redescubramos el gusto de la oración de adoración. Reconozcamos a Jesús como nuestro Dios, como nuestro Señor, y adoremos. Hoy los magos nos invitan a adorar. Entre nosotros hoy falta la adoración.</p>



<p class="has-medium-font-size">Hermanos y hermanas, como los Magos, levantemos los ojos al cielo, pongámonos en camino en busca del Señor e inclinemos el corazón en adoración. Mirar al cielo, ponerse en camino y adorar. Y pidamos la gracia de no perder nunca el ánimo, de no perder la valentía de ser buscadores de Dios, hombres de esperanza, soñadores intrépidos que escrutan el cielo; la valentía de perseverar en el camino por los senderos del mundo, con el cansancio del verdadero camino, y el valor de adorar, el valor de mirar al Señor que ilumina a todo hombre. Que el Señor nos conceda esta gracia, sobre todo la gracia de saber adorar.</p>



<p><em><strong><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2024/documents/20240106_omelia-epifania.html">HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO,  6 de enero de 2024</a></strong></em></p>



<p></p>
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		<title>ORACIÓN POR LA PAZ. PAPA FRANCISCO.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Charo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Oct 2023 10:29:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Intenciones de oración]]></category>
		<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>____________________________________ María, míranos. Estamos aquí ante ti. Tú eres Madre, conoces nuestros cansancios y nuestras heridas. Tú, Reina de la paz, sufres con nosotros y por nosotros, al ver a tantos de tus hijos abatidos por los conflictos, angustiados por las guerras que desgarran el mundo. Es una hora de oscuridad. Esta es una hora [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-medium-font-size">____________________________________</p>



<p class="has-medium-font-size">María, míranos. Estamos aquí ante ti. Tú eres Madre, conoces nuestros cansancios y nuestras heridas. Tú, Reina de la paz, sufres con nosotros y por nosotros, al ver a tantos de tus hijos abatidos por los conflictos, angustiados por las guerras que desgarran el mundo.</p>



<p class="has-medium-font-size">Es una hora de oscuridad. Esta es una hora de oscuridad, Madre. Y en esta hora de oscuridad, nos sumergimos en tus ojos luminosos y nos confiamos a tu corazón, que es sensible a nuestros problemas y que tampoco estuvo exento de inquietudes y temores. Cuánta preocupación cuando no había lugar para Jesús en el albergue, cuánto miedo cuando tuvieron que huir rápidamente a Egipto porque Herodes quería matarlo, cuánta angustia cuando se perdió en el templo. Pero, Madre, tú en las pruebas fuiste valiente, fuiste audaz, confiaste en Dios y respondiste a la preocupación con la solicitud, al miedo con el amor, a la angustia con la donación. Madre, en los momentos decisivos no retrocediste, sino que tomaste la iniciativa: fuiste sin demora a ver a Isabel, en las bodas de Caná obtuviste el primer milagro de Jesús, en el Cenáculo mantuviste a los discípulos unidos. Y cuando en el Calvario una espada traspasó tu alma, tú, Madre, mujer humilde, mujer fuerte, entretejiste de esperanza pascual la noche del dolor.</p>



<p class="has-medium-font-size">Ahora, Madre, toma una vez más la iniciativa, tómala en favor nuestro, en estos tiempos azotados por los conflictos y devastados por las armas. Vuelve tus ojos misericordiosos a la familia humana que ha extraviado el camino de la paz, que ha preferido Caín a Abel y que, perdiendo el sentido de la fraternidad, no recupera el calor del hogar. Intercede por nuestro mundo en peligro y en confusión. Enséñanos a acoger y a cuidar la vida —¡toda vida humana!— y a repudiar la locura de la guerra, que siembra muerte y elimina el futuro.</p>



<p class="has-medium-font-size">María, muchas veces tú has venido a nuestro encuentro, pidiéndonos oración y penitencia. Nosotros, sin embargo, ocupados en nuestros asuntos y distraídos por tantos intereses mundanos, hemos permanecido sordos a tus llamadas. Pero tú, que nos amas, no te cansas de nosotros. Madre, tómanos de la mano. Tómanos de la mano y guíanos a la conversión, haz que volvamos a poner a Dios en el centro. Ayúdanos a mantener la unidad en la Iglesia y a ser artífices de comunión en el mundo. Recuérdanos la importancia de nuestro papel, haz que nos sintamos responsables por la paz, llamados a rezar y a adorar, a interceder y a reparar por todo el género humano.</p>



<p class="has-medium-font-size">Madre, solos no podemos lograrlo, sin tu Hijo no podemos hacer nada. Pero tú nos llevas a Jesús, que es nuestra paz. Por eso, Madre de Dios y Madre nuestra, nosotros recurrimos a ti, buscamos refugio en tu Corazón inmaculado. Imploramos misericordia, Madre de misericordia; suplicamos paz, Reina de la paz. Mueve los corazones de quienes están atrapados por el odio, convierte a quienes alimentan y fomentan conflictos. Enjuga las lágrimas de los niños —en esta hora lloran mucho—, asiste a los que están solos y son ancianos, sostiene a los heridos y a los enfermos, protege a quienes tuvieron que dejar su tierra y sus seres queridos, consuela a los desanimados, reaviva la esperanza.</p>



<p class="has-medium-font-size">Te entregamos y consagramos nuestras vidas, cada fibra de nuestro ser, lo que tenemos y lo que somos, para siempre. Te consagramos la Iglesia para que, testimoniando al mundo el amor de Jesús, sea signo de concordia, sea instrumento de paz. Te consagramos nuestro mundo, especialmente te consagramos los países y las regiones en guerra.</p>



<p class="has-medium-font-size">El pueblo fiel te llama aurora de la salvación. Madre, abre resquicios de luz en la noche de los conflictos. Tú, morada del Espíritu Santo, inspira caminos de paz a los responsables de las naciones. Tú, Señora de todos los pueblos, reconcilia a tus hijos, seducidos por el mal, cegados por el poder y el odio. Tú, que estás cerca de cada uno, acorta nuestras brechas de separación. Tú, que tienes compasión de todos, enséñanos a hacernos cargo de los demás. Tú, que revelas la ternura del Señor, haznos testigos de su consolación. Madre, tú, Reina de la paz, derrama en los corazones la armonía de Dios. Amén.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/prayers/documents/20231027-preghiera-pace.html"><em>ORACIÓN DEL SANTO PADRE FRANCISCO </em>al finalizar el momento de oración <em>Pacem in terris</em></a></strong></p>



<p class="has-medium-font-size"><em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/prayers/documents/20231027-preghiera-pace.html">Basílica de San Pedro, Viernes, 27 de octubre de 2023</a></em></p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>El CIPE acoge esta oración del Papa Francisco por la paz y se une en la oración, a todos los hombres y mujeres que claman PAZ en el mundo.</strong></p>
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		<title>Releer la propia vida nos permite advertir los pequeños milagros que Dios realiza cada día</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Charo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 23 Oct 2022 08:30:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Catequesis del Papa Francisco. Los elementos del discernimiento. El libro de la propia vida Queridos hermanos y hermanas, ¡bienvenidos y buenos días! En las catequesis de estas semanas estamos insistiendo sobre las condiciones para hacer un buen discernimiento. En la vida tenemos que tomar decisiones, siempre, y para tomar decisiones debemos hacer un camino, un [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-ast-global-color-5-color has-vivid-green-cyan-background-color has-text-color has-background has-medium-font-size"><strong>Catequesis del Papa Francisco. <em>Los elementos del discernimiento. El libro de la propia vida</em></strong></p>



<p class="has-medium-font-size"><em>Queridos hermanos y hermanas, ¡bienvenidos y buenos días!</em></p>



<p class="has-medium-font-size">En las catequesis de estas semanas estamos insistiendo sobre las condiciones para hacer un buen discernimiento. En la vida tenemos que tomar decisiones, siempre, y para tomar decisiones debemos hacer un camino, un camino de discernimiento. Toda actividad importante tiene sus “instrucciones” a seguir, que deben ser conocidas para que puedan producir los efectos necesarios. Hoy nos detenemos en otro ingrediente indispensable para el discernimiento: <em>la propia historia de vida</em>. Conocer la propia historia de vida es un ingrediente ―digamos así― indispensable para el discernimiento.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>Nuestra vida es el “libro” más valioso que se nos ha entregado,</strong> un libro que muchos lamentablemente no leen, o lo hacen demasiado tarde, antes de morir. Y, sin embargo, precisamente en ese libro se encuentra lo que se busca inútilmente por otras vías. San Agustín, un gran buscador de la verdad, lo había comprendido precisamente releyendo su vida, notando en ella los pasos silenciosos y discretos, pero incisivos, de la presencia del Señor. Al finalizar este recorrido notará con estupor: «Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te andaba buscando; y deforme como era, me lanzaba sobre las bellezas de tus criaturas. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo» (<em>Confesiones </em>X, 27.38). De aquí su invitación a <strong>cultivar la vida interior para encontrar lo que se busca</strong>: «Entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad» (<em>De la verdadera religión</em>, XXXIX, 72). Esta es una invitación que yo haría a todos vosotros, también me la hago a mí mismo: <strong>“Entra en ti mismo. Lee tu vida. Léete dentro, cómo ha sido tu recorrido. Con serenidad. Entra en ti mismo”.</strong></p>



<p class="has-medium-font-size">Muchas veces también nosotros hemos tenido la misma experiencia que Agustín, encontrarnos presos de pensamientos que nos alejan de nosotros mismos, mensajes estereotipados que nos hacen daño: por ejemplo, “yo no valgo nada” ―y te vienes abajo―; “a mí todo me va mal” ―y te vienes abajo―; “nunca realizaré nada bueno”, ―y te vienes abajo―, y así es la vida. ¡Estas frases pesimistas que te echan abajo! <strong>Leer la propia historia significa</strong> también reconocer la presencia de estos elementos “tóxicos”, pero para ampliar después la trama de nuestra historia, aprendiendo a notar otras cosas, haciéndola más rica, más respetuosa con la complejidad, logrando también <strong>recoger las formas discretas con las que Dios actúa en nuestra vida.  </strong>Una vez conocí a una persona que la gente que la conocía decía que merecía el Premio Nobel por su negatividad: todo era malo, todo, y siempre trataba de irse abajo. Era una persona amargada y, sin embargo, tenía muchas cualidades. Y después esta persona encontró a otra persona que la ayudaba bien y cada vez que se quejaba de algo, la otra decía: “Pero ahora, para compensar, di algo bueno de ti”. Y él: “Pero, sí, … yo tengo también esta cualidad”, y poco a poco le ha ayudado a ir adelante, a leer bien la propia vida, tanto las cosas malas como las buenas. Debemos leer nuestra vida, y así vemos las cosas que no son buenas y también las cosas buenas que Dios siembra en nosotros.</p>



<p class="has-medium-font-size">Hemos visto que el discernimiento tiene un enfoque <em>narrativo</em>: no se detiene sobre la acción puntual, la incluye en un contexto: ¿de dónde viene este pensamiento? ¿Qué siento ahora, de dónde viene? ¿Dónde me lleva, esto que estoy pensando ahora? ¿Cuándo he tenido la posibilidad de encontrarlo antes? ¿Es algo nuevo que me viene ahora, o lo he encontrado otras veces? ¿Por qué es más insistente que otros? ¿Qué me quiere decir la vida con esto?</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>El relato de los acontecimientos de nuestra vida</strong> consiente también captar matices y detalles importantes, que pueden revelarse como ayudas valiosas que hasta ese momento estaban escondidas. Por ejemplo, una lectura, un servicio, un encuentro, a primera vista considerados cosas de poca importancia, en el tiempo sucesivo transmiten una paz interior, transmiten la alegría de vivir y sugieren ulteriores iniciativas de bien. Detenerse y reconocer esto es indispensable. <strong>Detenerse es reconocer</strong>: es importante para el discernimiento, es un trabajo de recogida de esas perlas preciosas y escondidas que el Señor ha sembrado en nuestro terreno.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>El bien está escondido, siempre</strong>, porque el bien tiene pudor y se esconde: el bien está escondido; es silencioso, requiere una excavación lenta y continua. Porque el estilo de Dios es discreto: a Dios le gusta ir escondido, con discreción, no se impone; es como el aire que respiramos, no lo vemos nunca, pero nos hace vivir, y nos damos cuenta solo cuando nos falta.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>Acostumbrarse a releer la propia vida educa la mirada, </strong>la afina, nos permite advertir los pequeños milagros que el buen Dios realiza por nosotros cada día. Cuando nos damos cuenta, notamos otras direcciones posibles que refuerzan el gusto interior, la paz y la creatividad. Sobre todo, nos hace más libres de los estereotipos tóxicos. Con sabiduría se ha dicho que el hombre que no conoce el propio pasado está condenado a repetirlo. Es curioso: si nosotros no conocemos el camino hecho, el pasado, lo repetimos siempre, somos circulares. La persona que camina circularmente no va adelante nunca, no hay camino, es como el perro que se muerde la cola, va siempre así, y repite las cosas.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>Podemos preguntarnos: ¿yo he contado mi vida a alguien alguna vez? </strong>Esta es una experiencia hermosa de los novios, que cuando se lo toman en serio cuentan la propia vida… Se trata de una de las formas de comunicación más hermosas e íntimas, contar la propia vida. Esto permite descubrir cosas desconocidas hasta ese momento, pequeñas y sencillas, pero, como dice el Evangelio, es precisamente de las cosas pequeñas que nacen las cosas grandes (cf. <em>Lc</em> 16,10).</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>También las vidas de los santos </strong>constituyen una ayuda preciosa para reconocer el estilo de Dios en la propia vida: consiente tomar familiaridad con su forma de actuar. Algunos comportamientos de los santos nos interpelan, nos muestran nuevos significados y nuevas oportunidades. Y es lo que le sucedió, por ejemplo, a san Ignacio de Loyola. Cuando describe el descubrimiento fundamental de su vida, añade una aclaración importante, y dice así: «Cogiendo por experiencia que de unos pensamientos quedaba triste, y de otros alegre, y poco a poco viniendo a conocer la diversidad de los pensamientos, la diversidad de los espíritus que se agitaban» (<em>Autob</em>., n. 8). Conocer qué sucede dentro de nosotros, conocer, estar atentos.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>El discernimiento es la lectura narrativa de los momentos hermosos y de los momentos oscuros,</strong> de los consuelos y de las desolaciones que experimentamos a lo largo de nuestra vida. <strong>En el discernimiento es el corazón quien nos habla de Dios, y nosotros debemos aprender a comprender su lenguaje.</strong> Preguntémonos, al final del día, por ejemplo: ¿qué ha sucedido hoy en mi corazón? Algunos piensan que hacer este examen de conciencia es hacer la contabilidad de los pecados que has cometido ―cometemos muchos― pero también es preguntarse “¿qué ha sucedido dentro de mí, he tenido alegría? ¿Qué me ha traído la alegría? ¿Me he quedado triste? ¿Qué me ha traído la tristeza? Y así aprender a <em>discernir</em> qué sucede dentro de nosotros.</p>



<p class="has-medium-font-size"><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2022/documents/20221019-udienza-generale.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">PAPA FRANCISCO, <strong><em>AUDIENCIA GENERAL, </em></strong><em>Plaza de San Pedro, Miércoles, 19 de octubre de 2022</em></a></p>



<p class="has-luminous-vivid-amber-background-color has-background has-medium-font-size"><strong>CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE EL DISCERNIMIENTO:</strong></p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>6. <em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2022/documents/20221019-udienza-generale.html">Los elementos del discernimiento. El libro de la propia vida</a></em></strong></p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>5.</strong> <strong><em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2022/documents/20221012-udienza-generale.html">Los elementos del discernimiento. El deseo</a></em></strong></p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>4.</strong> <strong><em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2022/documents/20221005-udienza-generale.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Los elementos del discernimiento. Conocerse a sí mismo</a></em></strong></p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>3.<em> <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2022/documents/20220928-udienza-generale.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Los elementos del discernimiento. La familiaridad con el Señor</a></em></strong></p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>2. <em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2022/documents/20220907-udienza-generale.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Un ejemplo: Ignacio de Loyola</a></em></strong></p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>1. <em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2022/documents/20220831-udienza-generale.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">¿Qué significa discernir?</a></em></strong></p>
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		<title>Unidos en oración por la paz</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Charo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Feb 2022 13:47:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El CIPE acoge el llamado de oración por la Paz del Papa Francisco y se une a la oración de tantos hombres y mujeres que claman ¡Paz! «Tengo un gran dolor en el corazón por el empeoramiento de la situación en Ucrania. A pesar de los esfuerzos diplomáticos de las últimas semanas se están abriendo [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-vivid-cyan-blue-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>El CIPE acoge el llamado de oración por la Paz del Papa Francisco y se une a la oración de tantos hombres y mujeres que claman ¡Paz!</strong></p>



<p class="has-medium-font-size">«Tengo un gran dolor en el corazón por el empeoramiento de la situación en Ucrania. A pesar de los esfuerzos diplomáticos de las últimas semanas se están abriendo escenarios cada vez más alarmantes. Al igual que yo, mucha gente en todo el mundo está sintiendo angustia y preocupación. Una vez más la paz de todos está amenazada por los intereses de las partes. Quisiera hacer un llamamiento a quienes tienen responsabilidades políticas, para que hagan un serio examen de conciencia delante de Dios, que es Dios de la paz y no de la guerra; que es Padre de todos, no solo de algunos, que nos quiere hermanos y no enemigos. Pido a todas las partes implicadas que se abstengan de toda acción que provoque aún más sufrimiento a las poblaciones, desestabilizando la convivencia entre las naciones y desacreditando el derecho internacional.</p>



<p class="has-medium-font-size">Y quisiera hacer un llamamiento a todos, creyentes y no creyentes. Jesús nos ha enseñado que a la insensatez diabólica de la violencia se responde con las armas de Dios, con la oración y el ayuno. Invito a todos a hacer del próximo 2 de marzo, Miércoles de Ceniza, una <em>Jornada de ayuno por la paz</em>. Animo de forma especial a los creyentes para que en ese día se dediquen intensamente a la oración y al ayuno. Que la Reina de la paz preserve al mundo de la locura de la guerra».</p>



<p><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2022/documents/20220223-udienza-generale.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">PAPA FRANCISCO, <strong><em>AUDIENCIA GENERAL, </em></strong><em>Miércoles, 23 de febrero de 2022</em></a></p>
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		<item>
		<title>La Palabra revela a Dios y nos lleva al hombre.</title>
		<link>https://cipecar.org/blogs-firmas/francisco-papa/la-palabra-revela-a-dios-y-nos-lleva-al-hombre/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Charo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Jan 2022 08:46:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Homilía del Papa Francisco. Domingo de La Palabra de Dios, 23 de enero de 2022 En la primera Lectura y en el Evangelio encontramos dos gestos paralelos: el sacerdote Esdras tomó el libro de la ley de Dios, lo abrió y lo proclamó delante de todo el pueblo; Jesús, en la sinagoga de Nazaret, abrió [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cipecar.org/blogs-firmas/francisco-papa/la-palabra-revela-a-dios-y-nos-lleva-al-hombre/">La Palabra revela a Dios y nos lleva al hombre.</a> se publicó primero en <a href="https://cipecar.org">Cipecar</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-ast-global-color-0-color has-text-color"><strong><em>Homilía del Papa Francisco</em>. <em>Domingo de La Palabra de Dios, 23 de enero de 2022</em></strong></p>



<p class="has-medium-font-size">En la primera Lectura y en el Evangelio encontramos dos gestos paralelos: el sacerdote Esdras tomó el libro de la ley de Dios, lo abrió y lo proclamó delante de todo el pueblo; Jesús, en la sinagoga de Nazaret, abrió el volumen de la Sagrada Escritura y leyó un pasaje del profeta Isaías delante de todos. </p>



<p class="has-text-color has-medium-font-size" style="color:#a31b00">Son dos escenas que nos comunican una realidad fundamental: en el centro de la vida del pueblo santo de Dios y del camino de la fe no estamos nosotros, con nuestras palabras; en el centro está Dios con su Palabra.</p>



<p class="has-medium-font-size">Todo comenzó con la Palabra que Dios nos dirigió. En Cristo, su Palabra eterna, el Padre «nos eligió antes de la creación del mundo» (<em>Ef</em> 1,4). Con su Palabra creó el universo: «Él lo dijo y así sucedió» (<em>Sal</em> 33,9). Desde la antigüedad nos habló por medio de los profetas (cf. <em>Hb</em> 1,1); por último, en la plenitud del tiempo, nos envió su misma Palabra, el Hijo unigénito (cf. <em>Ga</em> 4,4). </p>



<p class="has-medium-font-size">Por esto, al finalizar la lectura de Isaías, Jesús en el Evangelio anuncia algo inaudito: «Esta lectura se ha cumplido hoy» (<em>Lc</em> 4,21). Se ha cumplido; la Palabra de Dios ya no es una promesa, sino que se ha realizado. En Jesús se hizo carne. Por obra del Espíritu Santo habitó entre nosotros y quiere hacernos su morada, para colmar nuestras expectativas y sanar nuestras heridas.</p>



<p class="has-text-color has-medium-font-size" style="color:#a31200">Hermanas y hermanos, tengamos la mirada fija en Jesús, como la gente en la sinagoga de Nazaret (cf. v. 20), —lo miraban, era uno de ellos: ¿qué novedad? ¿qué hará éste, del que tanto se habla?— &nbsp;y acojamos su Palabra. Meditemos hoy dos aspectos de ella que están unidos entre sí: <em>la Palabra revela a Dios</em> y <em>la Palabra nos lleva al hombre</em>. Ella esta al centro, revela a Dios y nos lleva al hombre.</p>



<p class="has-text-color has-medium-font-size" style="color:#a31b00"><strong>En primer lugar, <em>la Palabra revela a Dios</em>.</strong> </p>



<p class="has-medium-font-size">Jesús, al comienzo de su misión, comentando ese pasaje específico del profeta Isaías, anuncia una opción concreta: ha venido para liberar a los pobres y oprimidos (cf. v. 18).</p>



<p class="has-text-color has-medium-font-size" style="color:#a31b00"><a href="https://cipecar.org/momentos-de-oracion/tu-diario-de-oracion/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"> De este modo, precisamente por medio de las Escrituras, nos revela el rostro de Dios como el de Aquel que se hace cargo de nuestra pobreza y le preocupa nuestro destino. </a></p>



<p class="has-medium-font-size">No es un tirano que se encierra en el cielo, esa es una fea imagen de Dios, sino un Padre que sigue nuestros pasos. No es un frío observador indiferente e imperturbable, un Dios “matemático”. Es el Dios con nosotros, que se apasiona con nuestra vida y se identifica hasta llorar nuestras mismas lágrimas. No es un dios neutral e indiferente, sino el Espíritu amante del hombre, que nos defiende, nos aconseja, toma partido a nuestro favor, se involucra y se compromete con nuestro dolor. Siempre está presente allí. </p>



<p class="has-medium-font-size">Esta es «la buena noticia» (v. 18) que Jesús proclama ante la mirada sorprendida de todos: Dios es cercano y quiere cuidar de mí, de ti, de todos. Y este es el modo de tratar de Dios: la cercanía. Él se define a sí mismo de esta manera; dice al pueblo, en Deuteronomio: </p>



<p class="has-medium-font-size">«¿Cuál es la gran nación que tenga dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, cuando lo invocamos?» (cf. <em>Dt</em> 4,7). </p>



<p class="has-text-color has-medium-font-size" style="color:#a32800">Él es un Dios cercano, compasivo y tierno, quiere aliviarte de las cargas que te aplastan, quiere caldear el frío de tus inviernos, quiere iluminar tus días oscuros, quiere sostener tus pasos inciertos. Y lo hace con su Palabra, con la que te habla para volver a encender la esperanza en medio de las cenizas de tus miedos, para hacer que vuelvas a encontrar la alegría en los laberintos de tus tristezas, para llenar de esperanza la amargura de tus soledades. Él te hace caminar, no dentro de un laberinto, más bien por el camino, para encontrarlo cada día.</p>



<p class="has-medium-font-size">Hermanos, hermanas, preguntémonos: ¿llevamos en el corazón esta imagen liberadora de Dios, del Dios cercano, compasivo y tierno o pensamos que sea un juez riguroso, un rígido aduanero de nuestra vida? ¿Nuestra fe genera esperanza y alegría o me pregunto si entre nosotros está todavía determinada por el miedo? ¿Qué rostro de Dios anunciamos en la Iglesia, el Salvador que libera y cura o el Dios Temible que aplasta bajo los sentimientos de culpa? </p>



<p class="has-medium-font-size">Para convertirnos al Dios verdadero, Jesús nos indica de dónde debemos partir: de la Palabra. Ella, contándonos la historia del amor que Dios tiene por nosotros, nos libera de los miedos y de los conceptos erróneos sobre Él, que apagan la alegría de la fe. </p>



<p class="has-medium-font-size"><a href="https://cipecar.org/momentos-de-oracion/tu-diario-de-oracion/">La Palabra derriba los falsos ídolos, desenmascara nuestras proyecciones, destruye las</a> <a href="https://cipecar.org/momentos-de-oracion/tu-diario-de-oracion/">representaciones demasiado humanas de Dios y nos muestra su rostro verdadero, su misericordia. La Palabra de Dios nutre y renueva la fe, ¡volvamos a ponerla en el centro de la oración y de la vida espiritual! Al centro la Palabra que nos revela como es Dios y nos hace cercanos a Él.</a></p>



<p class="has-text-color has-medium-font-size" style="color:#a31b00"><strong>Y ahora, el segundo aspecto: <em>la Palabra nos lleva al hombre</em>. </strong></p>



<p class="has-medium-font-size">Justamente cuando descubrimos que Dios es amor compasivo, vencemos la tentación de encerrarnos en una religiosidad sacra, que se reduce a un culto exterior, que no toca ni transforma la vida. Esta es idolatría, escondida y refinada, pero idolatría al fin. La Palabra nos impulsa a salir fuera de nosotros mismos para ponernos en camino al encuentro de los hermanos con la única fuerza humilde del amor liberador de Dios. </p>



<p class="has-medium-font-size">En la sinagoga de Nazaret Jesús nos revela precisamente esto: Él es enviado para ir al encuentro de los pobres &#8211; que somos todos nosotros &#8211; y liberarlos. </p>



<p class="has-text-color has-medium-font-size" style="color:#a31200">No vino a entregar una serie de normas o a oficiar alguna ceremonia religiosa, sino que descendió a las calles del mundo para encontrarse con la humanidad herida, para acariciar los rostros marcados por el sufrimiento, para sanar los corazones quebrantados, para liberarnos de las cadenas que nos aprisionan el alma. </p>



<p class="has-medium-font-size">De este modo nos revela cuál es el culto que más agrada a Dios: hacernos cargo del prójimo. Volvamos sobre esto. En el momento en el que en la Iglesia están las tentaciones de la rigidez, que es una perversión, y se cree que encontrar a Dios es hacerse más rígido, con más normas, las cosas justas, las cosas claras… no es así. Cuando nosotros veremos propuestas rígidas, inmediatamente pensemos: esto es un ídolo, no es Dios, nuestro Dios no es así&#8230;.</p>



<p class="has-text-color has-medium-font-size" style="color:#a32c00"><a href="https://cipecar.org/momentos-de-oracion/tu-diario-de-oracion/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">«Esta lectura que acaban de oír &#8211; dice Jesús &#8211; se ha cumplido <em>hoy</em>» (<em>Lc</em> 4,21). La Palabra quiere encarnarse hoy, en el tiempo que vivimos, no en un futuro ideal. </a></p>



<p class="has-medium-font-size">Una mística francesa del siglo pasado, que eligió vivir el Evangelio en las periferias, escribió que la Palabra del Señor no es «“letra muerta”, sino espíritu y vida. […] Las condiciones de la escucha que reclama de nosotros la Palabra del Señor son las de nuestro “hoy”: las circunstancias de nuestra vida cotidiana y las necesidades de nuestro prójimo» (M. Delbrêl, <em>La alegría de creer</em>, Sal Terrae, Santander 1997, 242-243).</p>



<p class="has-medium-font-size">Entonces, preguntémonos: ¿queremos imitar a Jesús, ser ministros de liberación y de consolación para los demás poniendo en práctica la Palabra? ¿Somos una Iglesia dócil a la Palabra; una Iglesia con capacidad de escuchar a los demás, que se compromete a tender la mano para aliviar a los hermanos y las hermanas de aquello que los oprime, para desatar los nudos de los temores, liberar a los más frágiles de las prisiones de la pobreza, del cansancio interior y de la tristeza que apaga la vida? ¿Queremos esto?</p>



<p>Seguir leyendo en : <a href="https://www.vatican.va/news_services/liturgy/libretti/2022/20220123-libretto-domenica-parola-di-dio.pdf">DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS</a>, </p>



<p><strong><em><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2022/documents/20220123_omelia-domenicadellaparoladidio.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO</a></em></strong></p>



<p><em>Basílica de San Pedro, III Domingo del Tiempo Ordinario, 23 de enero de 2022</em></p>
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		<title>La oración de los salmos. 2 Catequesis del Papa Francisco</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Oct 2020 15:47:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Completamos hoy la catequesis sobre la oración de los Salmos. Ante todo notamos que en los Salmos aparece a menudo una figura negativa, la del “impío”, es decir aquel o aquella que vive como si Dios no existiera. Es la persona sin ninguna referencia al trascendente, sin ningún freno a su arrogancia, que no teme [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4>Completamos hoy la catequesis sobre la oración de los Salmos. Ante todo notamos que en los Salmos aparece a menudo una figura negativa, la del “impío”, es decir aquel o aquella que vive como si Dios no existiera. Es la persona sin ninguna referencia al trascendente, sin ningún freno a su arrogancia, que no teme juicios sobre lo que piensa y lo que hace.</h4>
<h4>Por esta razón<span style="color: #0000ff;"> el Salterio presenta la oración como la realidad fundamental de la vida.</span> La referencia al absoluto y al trascendente —que los maestros de ascética llaman el “sagrado temor de Dios”— es lo que nos hace plenamente humanos, es el límite que nos salva de nosotros mismos, impidiendo que nos abalancemos sobre esta vida de forma rapaz y voraz. La oración es la salvación del ser humano.</h4>
<h4>Cierto, existe también una oración falsa, una oración hecha solo para ser admirados por los otros. Ese o esos que van a misa solamente para demostrar que son católicos o para mostrar el último modelo que han comprado, o para hacer una buena figura social. Van a una oración falsa. Jesús ha advertido fuertemente sobre esto (cfr. <i>Mt</i> 6, 5-6; <i>Lc</i> 9, 14).</h4>
<blockquote>
<h4><strong><span style="color: #0000ff;">Pero cuando el verdadero espíritu de la oración es acogido con sinceridad y desciende al corazón, entonces esta nos hace contemplar la realidad con los ojos mismos de Dios.</span></strong></h4>
</blockquote>
<h4>Cuando se reza, todo adquiere “espesor”. Esto es curioso en la oración, quizá empezamos en una cosa sutil pero en la oración esa cosa adquiere espesor, adquiere peso, como si Dios la tomara en sus manos y la transformase. El peor servicio que se puede prestar, a Dios y también al hombre, es rezar con cansancio, como si fuera un hábito. Rezar como los loros. No, <span style="color: #0000ff;"><strong>se reza con el corazón.</strong></span></h4>
<blockquote>
<h4><strong><span style="color: #0000ff;">La oración es el centro de la vida. Si hay oración, también el hermano, la hermana, también el enemigo, se vuelve importante.</span></strong></h4>
</blockquote>
<h4>Un antiguo dicho de los primeros monjes cristianos dice así: «Beato el monje que, después de Dios, considera a todos los hombres como Dios» (Evagrio Póntico, <i>Tratado sobre la oración</i>, n. 123). Quien adora a Dios, ama a sus hijos. Quien respeta a Dios, respeta a los seres humanos.</h4>
<h4>Por esto, <span style="color: #0000ff;">la oración no es un calmante para aliviar las ansiedades de la vida</span>; o, de todos modos, una oración de este tipo no es seguramente cristiana. Más bien la oración responsabiliza a cada uno de nosotros. Lo vemos claramente en el “Padre nuestro”, que Jesús ha enseñado a sus discípulos.</h4>
<h4>Para aprender esta forma de rezar, el Salterio es una gran escuela. Hemos visto cómo los salmos no usan siempre palabras refinadas y amables, y a menudo llevan marcadas las cicatrices de la existencia.  Sin embargo, todas estas oraciones han sido usadas primero en el Templo de Jerusalén y después en las sinagogas; también las más íntimas y personales. Así se expresa el <i> <a href="http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s1c1a1_sp.html#ARTÍCULO 1 EN EL ANTIGUO TESTAMENTO"> Catecismo de la Iglesia Católica</a></i>: «Las múltiples expresiones de oración de los Salmos se hacen realidad viva tanto en la liturgia del templo como en el corazón del hombre» (n. 2588). Y así la oración personal toma y se alimenta de la del pueblo de Israel, primero, y de la del pueblo de la Iglesia, después.</h4>
<blockquote>
<h4><strong><span style="color: #0000ff;">También los salmos en primera persona singular, que confían los pensamientos y los problemas más íntimos de un individuo, son patrimonio colectivo, hasta ser rezados por todos y para todos.</span></strong></h4>
</blockquote>
<h4><strong><span style="color: #0000ff;">La oración de los cristianos tiene esta “respiración”, esta “tensión” espiritual que mantiene unidos el templo y el mundo</span></strong>. La oración puede comenzar en la penumbra de una nave, pero luego termina su recorrido por las calles de la ciudad. Y viceversa, puede brotar durante las ocupaciones diarias y encontrar cumplimiento en la liturgia. Las puertas de las iglesias no son barreras, sino “membranas” permeables, listas para recoger el grito de todos.</h4>
<h4><strong><span style="color: #0000ff;">En la oración del Salterio el mundo está siempre presente</span></strong>. Los salmos, por ejemplo, dan voz a la promesa divina de salvación de los más débiles: «Por la opresión de los humildes, por el gemido de los pobres, ahora me alzo yo, dice Yahveh: auxilio traigo a quien por él suspira» (12, 6). O advierten sobre el peligro de las riquezas mundanas, porque «el hombre en la opulencia no comprende, a las bestias mudas se asemeja» (48, 21). O, también, abren el horizonte a la mirada de Dios sobre la historia: «Yahveh frustra el plan de las naciones, hace vanos los proyectos de los pueblos; mas el plan de Yahveh subsiste para siempre, los proyectos de su corazón por todas las edades» (33,10-11).</h4>
<blockquote>
<h4><strong><span style="color: #0000ff;">En resumen, donde está Dios, también debe estar el hombre</span></strong>.</h4>
</blockquote>
<h4>La Sagrada Escritura es categórica: «Nosotros amemos, porque él nos amó primero»<i> </i> (<i>1Jn</i> 4, 19). Él siempre va antes que nosotros. Él nos espera siempre porque nos ama primero, nos mira primero, nos entiende primero. Él nos espera siempre. «Si alguno dice “Amo a Dios”, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve» (<i>1Jn</i> 4, 20). Si tú rezas muchos rosarios al día pero luego chismorreas sobre los otros, y después tienes rencor dentro, tienes odio contra los otros, esto es puro artificio, no es verdad. «Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano» (<i>1Jn</i> 4, 21). La Escritura admite el caso de una persona que, incluso buscando sinceramente a Dios, nunca logra encontrarlo; pero afirma también que las lágrimas de los pobres no se pueden negar nunca, so pena de no encontrar a Dios. <strong><span style="color: #0000ff;">Dios no sostiene el “ateísmo” de quien niega la imagen divina que está impresa en todo ser humano</span></strong>. Ese ateísmo de todos los días: yo creo en Dios pero con los otros mantengo la distancia y me permito odiar a los otros. Esto es el ateísmo práctico. No reconocer la persona humana como imagen de Dios es un sacrilegio, es una abominación, es la peor ofensa que se puede llevar al templo y al altar.</h4>
<h4>Queridos hermanos y hermanas, que la oración de los salmos nos ayude a no caer en la tentación de la “impiedad”, es decir de vivir, y quizá también de rezar, como si Dios no existiera, y como si los pobres no existieran.</h4>
<h4 class="fusion-responsive-typography-calculated" style="text-align: left;" align="center" data-fontsize="20.8" data-lineheight="27.0333px"><a href="http://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2020/documents/papa-francesco_20201021_udienza-generale.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">PAPA FRANCISCO:  <i><b>AUDIENCIA GENERAL, </b></i><i>Miércoles, 21 de octubre de 2020</i></a></h4>
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		<title>La oración de los salmos. Catequesis del papa Francisco</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Oct 2020 08:28:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Papa León XIV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Leyendo la Biblia nos encontramos continuamente con oraciones de distinto tipo. Pero encontramos también un libro compuesto solo de oraciones, libro que se ha convertido en patria, lugar de entrenamiento y casa de innumerables orantes. Se trata del Libro de los Salmos. Son 150 salmos para rezar. Forma parte [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4><i>Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!</i></h4>
<h4>Leyendo la Biblia nos encontramos continuamente con oraciones de distinto tipo. Pero encontramos también un libro compuesto solo de oraciones, libro que se ha convertido en patria, lugar de entrenamiento y casa de innumerables orantes. Se trata del <i>Libro de los Salmos. </i>Son 150 salmos para rezar.</h4>
<blockquote>
<h4><span style="color: #0000ff;"><strong>Forma parte de los libros sapienciales, porque comunica el “saber rezar” a través de la experiencia del diálogo con Dios. En los salmos encontramos todos los sentimientos humanos: las alegrías, los dolores, las dudas, las esperanzas, las amarguras que colorean nuestra vida.</strong></span></h4>
</blockquote>
<h4>El <i> <a href="http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/index_sp.html">Catecismo</a> </i>afirma que cada salmo «es de una sobriedad tal que verdaderamente pueden orar con él los hombres de toda condición y de todo tiempo» (<i><a href="http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s1c1a1_sp.html#ARTÍCULO 1 EN EL ANTIGUO TESTAMENTO">CIC</a></i>, 2588).</h4>
<h4>Leyendo y releyendo los salmos, nosotros aprendemos el lenguaje de la oración. Dios Padre, de hecho, con su Espíritu los ha inspirado en el corazón del rey David y de otros orantes, para enseñar a cada hombre y mujer cómo alabarle, cómo darle gracias y suplicarle, cómo invocarle en la alegría y en el dolor, cómo contar las maravillas de sus obras y de su Ley. En síntesis, <span style="color: #0000ff;"><strong>los salmos son la palabra de Dios que nosotros humanos usamos para hablar con Él.</strong></span></h4>
<h4>En este libro no encontramos personas etéreas, personas abstractas, gente que confunde la oración con la experiencia estética o alienante. Los salmos no son textos nacidos en la mesa; son invocaciones, a menudo dramáticas, que  brotan de la vida de la existencia. Para rezarles basta ser lo que somos. No tenemos que olvidar que para rezar bien tenemos que rezar así como somos, no maquillados. No hay que maquillar el alma para rezar. “Señor, yo soy así”, e ir delante del Señor como somos, con las cosas bonitas y también con las cosas feas que nadie conoce, pero nosotros, dentro, conocemos.</h4>
<blockquote>
<h4><span style="color: #0000ff;">En los salmos escuchamos las voces de orantes de carne y hueso, cuya vida, como la de todos, está plagada de problemas, de fatigas, de incertidumbres. El salmista no responde de forma radical a este sufrimiento: sabe que pertenece a la vida. Sin embargo, en los salmos el sufrimiento se transforma en <i>pregunta. </i>Del sufrir al preguntar.</span></h4>
</blockquote>
<h4>Y entre las muchas preguntas, hay una que permanece suspendida, como un grito incesante que atraviesa todo el libro de lado a lado. Una pregunta, que nosotros la repetimos muchas veces: <span style="color: #0000ff;"><strong>“<i>¿Hasta cuándo, Señor? ¿Hasta cuándo?</i>”</strong></span>. Cada dolor reclama una liberación, cada lágrima invoca un consuelo, cada herida espera una curación, cada calumnia una sentencia absolutoria. “¿Hasta cuándo, Señor, debo sufrir esto? ¡Escúchame, Señor!”: cuántas veces nosotros hemos rezado así, con “¿hasta cuándo?”, ¡basta Señor!</h4>
<h4>Planteando continuamente preguntas de este tipo, los salmos nos enseñan a no volvernos adictos al dolor, y nos recuerdan que la vida no es salvada si no es sanada. La existencia del hombre es un soplo, su historia es fugaz, pero el orante sabe que es valioso a los ojos de Dios, por eso <i>tiene sentido gritar. </i>Y esto es importante.<strong><span style="color: #0000ff;"> Cuando nosotros rezamos, lo hacemos porque sabemos que somos valiosos a los ojos de Dios. Es la gracia del Espíritu Santo que, desde dentro, nos suscita esta conciencia: de ser valiosos a los ojos de Dios. Y por esto se nos induce a orar.</span></strong></h4>
<blockquote>
<h4><span style="color: #0000ff;">La oración de los salmos es el testimonio de este grito: un grito múltiple, porque en la vida el dolor asume mil formas, y toma el nombre de enfermedad, odio, guerra, persecución, desconfianza… Hasta el “escándalo” supremo, el de la muerte. </span></h4>
</blockquote>
<h4>La muerte aparece en el Salterio como la más irracional enemiga del hombre: ¿qué delito merece un castigo tan cruel, que conlleva la aniquilación y el final?  El orante de los salmos pide a Dios intervenir donde todos los esfuerzos humanos son vanos. <strong><span style="color: #0000ff;">Por esto la oración, ya en sí misma, es camino de salvación e inicio de salvación.</span></strong></h4>
<h4>Todos sufren en este mundo: tanto quien cree en Dios, como quien lo rechaza. Pero en el Salterio el dolor se convierte en <i>relación: </i>grito de ayuda que espera interceptar un oído que escuche. No puede permanecer sin sentido, sin objetivo. Tampoco los dolores que sufrimos pueden ser solo casos específicos de una ley universal: son siempre “mis” lágrimas. Pensad en esto: las lágrimas no son universales, son “mis” lágrimas. Cada uno tiene las propias. “Mis” lágrimas y “mi” dolor me empujan a ir adelante con la oración. Son “mis” lágrimas que nadie ha derramado nunca antes que yo. Sí, muchos han llorado, muchos. Pero “mis” lágrimas son mías, “mi” dolor es mío, “mi” sufrimiento es mío.</h4>
<h4>Antes de entrar en el Aula, he visto a los padres del sacerdote de la diócesis de Como que fue asesinado; precisamente fue asesinado en su servicio para ayudar. Las lágrimas de esos padres son “sus” lágrimas y cada uno de ellos sabe cuánto ha sufrido en el ver este hijo que ha dado la vida en el servicio de los pobres. Cuando queremos consolar a alguien, no encontramos las palabras. ¿Por qué? Porque no podemos llegar a su dolor, porque “su” dolor es suyo, “sus” lágrimas son suyas. Lo mismo es para nosotros: las lágrimas, “mi” dolor es mío, las lágrimas son “mías” y con estas lágrimas, con este dolor me dirijo al Señor.</h4>
<blockquote>
<h4><strong><span style="color: #0000ff;">Todos los dolores de los hombres para Dios son sagrados. Así reza el orante del salmo 56: «Tú has anotado los pasos de mi destierro; recoge mis lágrimas en tu odre: ¿acaso no está todo registrado en tu Libro?» (v. 9). Delante de Dios no somos desconocidos, o números. Somos rostros y corazones, conocidos uno a uno, por nombre.</span></strong></h4>
</blockquote>
<h4><strong><span style="color: #0000ff;">En los salmos, el creyente encuentra una respuesta</span></strong>. Él sabe que, incluso si todas las puertas humanas estuvieran cerradas, la puerta de Dios está abierta. Si incluso todo el mundo hubiera emitido un veredicto de condena, en Dios hay salvación.</h4>
<h4><strong><span style="color: #0000ff;">“El Señor escucha”: a veces en la oración basta saber esto.</span></strong> Los problemas no siempre se resuelven. Quien reza no es un iluso: sabe que muchas cuestiones de la vida de aquí abajo se quedan sin resolver, sin salida; el sufrimiento nos acompañará y, superada la batalla, habrá otras que nos esperan. Pero, si somos escuchados, todo se vuelve más soportable.</h4>
<h4>Lo peor que puede suceder es sufrir en el abandono, sin ser recordados. De esto nos salva la oración. Porque puede suceder, y también a menudo, que no entendamos los diseños de Dios. Pero nuestros gritos no se estancan aquí abajo: suben hasta Él, que tiene corazón de Padre, y que llora Él mismo por cada hijo e hija que sufre y que muere. Os diré una cosa: a mí me ayuda, en los momentos duros, pensar en los llantos de Jesús, cuando lloró mirando Jerusalén, cuando lloró delante de la tumba de Lázaro. Dios ha llorado por mí, Dios llora, llora por nuestros dolores. Porque Dios ha querido hacerse hombre —decía un escritor espiritual— para poder llorar.</h4>
<h4><strong><span style="color: #0000ff;">Pensar que Jesús llora conmigo en el dolor es un consuelo</span></strong>: nos ayuda a ir adelante. Si nos quedamos en la relación con Él, la vida no nos ahorra los sufrimientos, pero se abre un gran horizonte de bien y se encamina hacia su realización. Ánimo, adelante con la oración. Jesús siempre está junto a nosotros.</h4>
<h4 style="text-align: left;" align="center"><a href="http://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2020/documents/papa-francesco_20201014_udienza-generale.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><span style="color: #663300;">PAPA FRANCISCO:  </span><i><span style="color: #663300; font-size: large;"><b>AUDIENCIA GENERAL, </b></span></i><span style="color: #663300;"><i>Miércoles, 14 de octubre de 2020</i></span></a></h4>
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