Corpus Christi. Los pobres custodia de Cristo

No todo es tan negro, hay matices. En tanta oscuridad hay pequeñas luces, pequeños focos que iluminan y hacen podamos caminar sin perdernos.

Estamos viviendo esta pandemia, que es como una noche oscura, pero atisbamos horizontes abiertos. Tenemos que ver la vida con esperanza, porque no puede ser que la realidad nos mate la ilusión. Hay oscuridad, pero hay luces.

Estamos a las puertas del Corpus Cristi. Una gran fiesta. Y muchos nos preguntamos y este año ¿Cómo lo celebraremos?

Pues lo celebraremos. Quizá haya cosas que no podamos hacer, pero quizá es la oportunidad para descubrir otras. Quizá al cerrársenos una puerta se abre una ventana.

Evidentemente tendremos que aprovechar las circunstancias. Y darle un sentido religioso, hacer una lectura creyente de la realidad.

Quizá lo que el Señor nos pide es que le miremos a Él, que le descubramos a Él mirando la realidad. Que le sigamos adorando y dando gracias, porque Él está. Y tendremos procesión de otra manera. Porque quizá: (con perdón).

  • No hay mejor procesión que aquella que me lleva a descubrir que Jesús pasa a mi lado en tantas personas que en estos días han arriesgado materialmente su vida por salvar a otras (Jesús iba por la vida curando, sanando).
  • No hay mejor custodia, que aquella en la que aparte de Jesús, descubrimos a los que esta pandemia a tratado peor, y a los que han perdido su trabajo, a los más débiles, a los mayores de residencias, a los que ven el futuro negro, a los parados…
  • No hay mejor palio, que aquellos que hacen hoy de buenos samaritanos, personas anónimas, sencillas, instituciones que han arrimado el hombro para superar esta pandemia.
  • No hay mejor canto de adoración, que reivindicar unos derechos a veces conculcados: un derecho al trabajo, a oportunidades. Y como nos recuerda el Papa, a que se invierta en salud lo que invertimos en la carrera de armamentos.
  • No hay mejores alfombras, que aquellas que acortan distancias, que facilitan encuentros, que unen personas y pueblos.
  • No hay mejores pétalos y flores lanzados al aire al paso de la procesión, que aportar a caritas un poco de nuestro dinero en favor de aquellos que cada día llaman a nuestras caritas y bancos de alimentos.
  • No hay mejor aplauso, en estos momentos, que el silencio y el pedir perdón por nuestros olvidos y miradas hacia otro lado.
  • No hay mejor momento de adoración, que el ir a un templo, y pasar junto al Sagrario unos minutos, agradeciendo a Dios su presencia
  • No hay mejores altares en la calle, que las acogidas Cáritas parroquiales, el banco de alimentos, la cruz roja, asociaciones de vecinos, personas particulares… que se para y acogen.
  • En todo esto especialmente, está el Señor. Por eso, se me ocurre (con perdón) que tenemos la posibilidad de celebrar un Corpus como Dios manda. Porque el amor a Dios, nos lleva al hermano…y en el hermano encontramos a Dios.

Javier Fuente Martínez, ocd.