SILENCIO: Es siempre necesario un silencio que acoge lo que resuena dentro, también los ruidos, las quejas, las impaciencias, las inquietudes y dudas, esperanzas y anhelos… Hacer silencio para recibirse y acoger entre tus manos tu propia vida. Silencio que respira y siente. Antes de emprender camino físicamente, un momento de silencio, para no comenzar precipitadamente sin ser consciente de ti, de dónde estás, de con quién vas, de la realidad que se te regala… Silencio… acoge… escucha… siente… No te defiendas, no te asustes… Silencio que confía… Hacemos un momento de silencio, juntos. Y hace bien comenzar el camino en silencio…

PALABRA: La Palabra de Dios, al comienzo del camino, guía, ilumina, orienta. “No temas… Yo estoy contigo… Vamos a la otra orilla… Poneos en camino… Sal de tu tierra hacia la tierra que te mostraré…” Cada día, la Palabra, escuchada con corazón atento y disponible, es bastón y tesoro. «Abre nuestro corazón a tu Palabra». Y todo el día y todo el camino, atentos, con el oído abierto, a TU VOZ, en el camino, en las personas, en lo inesperado. «Habla, Señor, que tu siervo/a escucha».

MOCHILA: El equipaje del orante nunca es su seguridad. Su seguridad es LA CONFIANZA… «Me fío de ti». En la mochila va mi verdad, mi limitación, mi situación vital en este momento, mis seres queridos, las personas que me duelen… Pero, sobre todo, para caminar hace falta una mirada, SU MIRADA… caminar ante ALGUIEN, en su presencia.

Aviva la mirada al comenzar el camino, y hazla presente en la jornada. No caminas solo. Una frase que toca especialmente tu corazón en este momento. “NADA TEMO, TÚ VAS CONMIGO”… “EL SEÑOR ES MI PASTOR”… “EL SEÑOR ES MI LUZ Y MI SALVACIÓN”. Que haya una palabra que acompañe mi camino durante el día. Al final del día: GRACIAS por algún regalo recibido en el camino… un guiño de Dios. Él nos hace tierra compartida y camino en familia.

EUCARISTÍA: Hacernos conscientes de que todo el día es EUCARISTÍA… como celebración y momento central del día, que se vive de la mañana a la noche. Todo el día es ACCIÓN DE GRACIAS EN JESÚS. Toda la jornada es una Eucaristía, camino en, con, desde, hacia Jesús. Alimento de vida, ofrecimiento y comunión.

MARÍA: Ella, peregrina de la fe, nos enseña a caminar. “Aquí estoy… Heme aquí”. María se puso en camino aprisa (con vivo-despierto corazón, amor en vilo…). Nos invita a acoger la palabra del ángel, antes del camino: “No temas, su gracia te acompaña, el Espíritu Santo vendrá sobre ti, para Dios nada hay imposible…” Antes de todo propósito tuyo para el camino, María te invita a escuchar estas palabras que son su «escapulario», su gasolina y fuerza para el camino… solo en esa gracia «antes del camino» puedes dar un paso… AHORA SÍ… Con María, en Jesús, y también pidiendo a José que cuide y custodie a toda la familia de los andariegos: PONTE EN CAMINO. CANTA Y CAMINA.

Miguel Márquez Calle, OCD