Teresita o el Evangelio que vuelve

Secundino Castro Sánchez

Sin duda alguna, el carácter evangélico es algo intrínseco a Teresita, Posiblemente la realidad central que la caracteriza. Ella ante todo fue una vuelta al evangelio. Llegó después de una Iglesia que había ido asumiendo muchas culturas, estilos y modos religiosos a lo largo de los siglos. Estos aditamentos no le permitían traslucir la belleza de esa perla escondida o el tesoro que aquel maravilloso mercader había ocultado en su campo. Quizás solo era el esplendor, el brillo, la trasparencia lo que tanto envoltorio no permitía contemplar, pero una perla sin esto ya no lo es. Y Teresita fue quien devolvió a la perla su brillo y al tesoro su magia.

La Iglesia, cuando llegó Teresita, se hallaba de una forma parecida, salvados los contextos y las distancias, a como se hallaba Israel cuando llegó el evangelio.

1. El evangelio es un sueño

Aunque las profecías fueron muchas, y el caminar de la historia de la salvación avanzaba, Israel parece como si se hubiera estancado, el imperio romano, a quien el Apocalipsis pronto denominaría la Bestia, dominaba el mundo, tratando de imponer su estilo pagano a todos. Cuando la profecía parecía callada y nada hacía sospechar la llegada del evangelio, ni siquiera en aquellos movimientos mesiánicos que pululaban en Palestina, la palabra descendió en la noche desde su trono real.

Pero era tan nueva, tan extraña y tan diferente que “vino a los suyos y los suyos no la recibieron”. Solo la acogieron los pequeños, los que sueñan, los pastores que pasan la noche al raso velando sus rebaños, José, el esposo de María, el jardín de la Perla.

Y la palabra siguió siendo un sueño, que se despertó en las bienaventuranzas, en el Padrenuestro, y en un vino y en un pan nuevos, las bodas de Dios con la humanidad.

También Teresita fue un sueño. Nadie podía imaginar que en aquel siglo de mayores una niña cambiara el mundo. Teresita era inesperada. Una niña muy lista, sí, pero con una cultura muy limitada, que no solo influiría en amplias capas de la sociedad, sino que incluso un Papa la declararía Doctora de la Iglesia después del visto buenos de sesudos teólogos. Una niña no puede cambiar el mundo, y lo cambió. Y puso al descubierto la perla que ocultaba la Iglesia. Ella fue la expresión del evangelio, una nueva bella noticia, sorpresa de Dios y esplendor de lo humano.

2. El evangelio, o el Dios que se introduce en lo pequeño.

La raíz del evangelio es la proclamación de la paternidad de Dios, que envía a su Hijo al mundo para acompañar a cada una de las personas. Pero este Dios que se hace cercano en Jesucristo y que se halla presente en toda la realidad, lo hace de forma especial en lo pequeño. Podemos afirmar que hasta el evangelio Dios brillaba en lo grande, en lo suntuoso, ahora su epifanía acontece en lo insignificante, en lo casi imperceptible. En la vida corriente, en las cosas de cada día. Así lo ponen de relieve las parábolas. De tal manera que llegará a decir Jesús que si no se tienen las actitudes, y el corazón de un niño, no se puede entrar en el Reino de los cielos. Y la imagen más expresiva de su comunidad será el arbusto que surge del grano de mostaza, que no llega a ser ni siquiera un árbol.

Teresita en esto es maestra consumada. Su caminito es el camino de los pequeños. De los que necesitan siempre los brazos de Dios para ascender a lo alto, de los que sólo se mueven por el amor oculto y callado. Ella prefería la gota de rocío, pequeña y silenciosa, al riachuelo que siempre se deja entender con su murmullo. Pequeña porque descubrió que la gracia es un don, que no se conquista a fuerza de brazos, sino con la humildad. Ella se dirigió en su mensaje de misionera a una legión de almas pequeñas, solo grandes en el amor ofrendado en silencio y minuto a minuto, sin interrupción. Ella sería un pajarillo frente a las águilas, sus hermanos los grandes santos. Tanto ocultó su grandeza que una de sus hermanas religiosas llegó a decir que nada de relieve se podía decir de ella”. “Y Dios miró la humillación de su esclava” y la felicitaron todas las generaciones. Y Teresita hizo resonar de nuevo lo más nuclear del Evangelio que el ruido de la magnificencia mundana apenas permitía oír.

3. El evangelio es fraternidad.

A partir de la paternidad de Dios que el evangelio anuncia, confiesa que el ser humano no se entiende a sí mismo ni se madura sin el otro. Es en la comunión estrecha con él donde se realiza y despliega.  Jesús ve su comunidad, símbolo de la humanidad, como un grupo de amigos, una fraternidad. Esto es otra de las columnas del evangelio, algo esencial a él. Sin esto el evangelio no tendría sentido. Se trata ni más ni menos de una derivación inmediata del enunciado anterior, de la confesión de que Dios es Padre. En el amor al prójimo se concentra toda la fe.

Del evangelio aprendió Teresita esta prioridad de la caridad confesada y vivida con suma elegancia. Ya antes de descubrirla plenamente la practicó con sublime delicadeza, siempre prefiriendo a los otros antes que a ella misma. No son pocos los momentos que sus escritos nos revelan esta actitud de máxima entrega. Esta delicadeza llegaba a extremos como en el caso de aquella religiosa en silla de ruedas y con sus facultades mentales disminuidas.

Más tarde recibiría gracias especiales sobre la caridad fraterna o el precepto del amor. Los textos de los escritos de san Juan vendrían a iluminar su mente. El amor al otro no es auténtico, no ha alcanzado la cima, si no lo hacemos como lo hacía Jesús. Esto no es posible si Jesús no nos infunde ese amor en nuestro corazón. Así, la caridad es el amor de Jesús al otro, pero pasando por nosotros.

4. El evangelio es una fiesta

Ya la palabra evangelio significa eso, buena noticia o noticia bella. El evangelio de Juan lo expresa de forma contundente poniendo a su inicio las bodas de Caná, llegando algunos expertos a decir que todo el evangelio sabe a Caná.           

Lucas también lo inicia con la alegría que se difunde por Judea con los relatos de los anuncios a Zacarías y a María. Algunos autores piensan que ese tono marca el estilo de todo el texto.

 Marcos inicia el relato con la palabra evangelio. Y Mateo dirá de los magos al ver la estrella que se llenaron de inmensa alegría, Así se inicia esa historia que es una historia de la alegría ya que por Jesucristo Dios se ha acercado tanto a la humanidad que se ha hecho hombre. En una palabra, el evangelio proclama la llegada de la gracia, es decir, de Dios que se dona gratuitamente a la humanidad. Se hablará no pocas veces del Reino de Dios como banquete. Y el mismo Jesús que en algún momento se llenó de alegría en el Espíritu Santo, celebrará su pascua en un convite memorable. Pero la alegría ya no tendrá medida al final, cuando el Señor resucite, poniendo en pie todas las esperanzas.

También Teresita fue un evangelio de la alegría. A parte de que según los testimonios ella siempre estaba contenta, hasta el punto de que cuando más alegría mostraba podía ser el indicio de que estaba pasando por alguna prueba. Su alegría era evangélica, no terrena. Había conectado la gracia con la naturaleza y la verdad con la fe. Sentía una profunda alegría en el cumplimiento de la voluntad de Dios. Ella no hallaba alegría en la mentira. Y mentira es todo lo que no está conectado con Dios. Ella nunca supo lo que era la alegría efímera. Su alegría fluía especialmente de su experiencia de la fe, El sentirse amada le hacía gustar una alegría profunda aun en la prueba. Cuentan los testigos que cuando algo terrenal le causaba alegría, enseguida lo dejaba porque le apagaba sus deseos de eternidad. Muchas veces en sus escritos habla de esa profunda alegría que dimana de la fe. Nunca le desapareció la sonrisa aun en medio de los más profundos dolores.

Teresita incluso sentía alegría de verse imperfecta, porque ello la obligaba a humillarse y a depender solo de Dios.  En una palabra, la alegría que le envolvía provenía de la fe. A ella no le producía alegría otra cosa.

5. El evangelio es grito sin medida.

El evangelio de san Mateo se cierra con la invitación de Jesús a sus discípulos de predicarlo a el mundo entero.

Todos los evangelios tienen raíz universal. Cada uno la presenta en conformidad con su género literario, pero la pretensión de todos es esa. De modo que podemos decir que el evangelio es misión y misión universal. Ese precioso librito dinamitó la exclusividad religiosa. Estaba destinado a crear una nueva humanidad. Los viajes de Pablo lo proclaman. Es una nueva aurora, un nuevo estilo de vida, la fe cristiana. El Dios nuevo, la ética nueva y la oración nueva son para todos. Esto exige difundirlo, la misión.

         Aunque Teresita vivió en la vida contemplativa y buscó el Carmelo con pasión fue porque creyó que esa era la mejor manera de ejercer la misión. Su vocación misionera surgió de su amor a Cristo. Un momento singular de éste tuvo lugar al observar en una estampita cómo caía a la tierra la sangre del Crucificado y nadie la recogía. Decidió ella estar allí siempre junto a la cruz para que esa sangre no se perdiera y llegara a las almas. En esos momentos sintió una sed infinita de almas. Había entrado en su corazón la vocación misionera. Esta crecía a la par que su amor a Jesucristo. Este amor la urgía a dar a conocer a su Amado a todo el mundo. Su vocación cristiana y misionera iban a la par. Más tarde le encargarían en su convento orar por dos misioneros con los que entró en relación. Esto acrecentó, si cabe, su entusiasmo, ya que el contacto con las misiones se le hizo tangible. Fue su ardor misionero tal que un día sería declarada Patrona de las misiones, siendo religiosa de clausura. Entendió la misión como entrega de la vida. Particularmente oraba por los misioneros y sacerdotes. A través de las palabras de estos ella llegaba a las almas. Pero sobre todo pensaba que con la oración y el sacrificio alcanzaba al mundo entero.

6. El evangelio es elegancia

¿De qué elegancia hablamos? Nos referimos al humanismo religioso que desprende. El evangelio es una llamada a que el Reino de Dios venga. Este Reino o mejor, Reinado, es el imperio del amor. Desde el amor auténtico y total todo se hace delicado, La delicadeza llega hasta tal punto que el evangelio más que una imposición es una invitación. Este contenido va exigiendo un estilo suave que toca a la misma literatura. El nuevo Testamento en líneas generales se diferencia notablemente del Antiguo en este sentido. Podemos decir que usa un lenguaje más educado y respetuoso. En pocos momentos hay algo que pueda herir la sensibilidad más exigente. En general, los temas abordados, que siempre son experiencia de la gracia, requieren una terminología elegante y casi poética. De esta literatura se  desprende una religiosidad de humanismo intenso. Por otra parte, el mensaje evangélico no podía ser más delicado: transmitir la aventura de un Dios que se hace humano y baja a celebrar con los suyos una boda o una fiesta de familia.

         Teresita es la delicadeza misma, la exquisitez en el trato, la caridad desbordada. Pocos escritos como los suyos de finura, de suavidad, de elegancia y de ensueño poético. Sus imágenes son tan bellas. Su predilección por las flores, las rosas, los pájaros.  Ella misma se considera una flor y acude a esta para reflejar las situaciones de su alma. Su amor a los pájaros, le obliga a utilizarlos como su propio emblema. Sus escritos están llenos de romanticismo, de lirica y de poesía. Incluso una parte de sus escritos son poética, y podemos decir que todos ellos son líricos, redactados con encantadora emoción.

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