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	<title>Temas bíblicos archivos - Cipecar</title>
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	<title>Temas bíblicos archivos - Cipecar</title>
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		<title>JEREMÍAS: LA PERMANENCIA DE LA PALABRA DE DIOS EN TIEMPOS DIFÍCILES.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Charo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 May 2025 09:22:56 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Temas bíblicos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Quién fue Jeremías? ¿Cómo fue su vida? ¿Por qué tuvo tantos contratiempos? ¿Por qué tuvo la oposición de los llamados profetas de la paz? ¿Por qué se le conoce como el profeta de las calamidades? ¿En qué contexto histórico le toco vivir? El 1 de mayo es el día de san Jeremías, profeta y autor [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>¿Quién fue Jeremías? ¿Cómo fue su vida? ¿Por qué tuvo tantos contratiempos? ¿Por qué tuvo la oposición de los llamados <em>profetas de la paz</em>? ¿Por qué se le conoce como el profeta de las calamidades? ¿En qué contexto histórico le toco vivir?</strong></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">El 1 de mayo es el día de san Jeremías, profeta y autor del <em>Libro de Jeremías</em> que se recoge en la Biblia. Jeremías es el profeta de cuya alma sabemos más aunque no podamos reconstruir su vida totalmente paso a paso. La originalidad de Jeremías estriba en que no se limitó únicamente a transmitir la Palabra de Dios sino que también nos comunicó parte de su mundo interior: sus palabras, sus dudas, sus inquietudes, sus miedos, deseos…</p>



<p class="has-ast-global-color-0-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6 wp-block-paragraph"><strong>SU VIDA, SU CONTEXTO HISTÓRICO Y SU MENSAJE</strong></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Su personalidad inicial respondía a la de un hombre por naturaleza pacífico, tímido, con poca facilidad de palabra, amigo de compartir la vida con amigos, con una&nbsp; mujer y deseoso de criar a sus propios hijos dentro de&nbsp; un cálido ambiente familiar y vecinal. Y, he aquí, las inesperadas elecciones de Dios y sus sorprendentes caminos y propuestas para cada uno de nosotros. Al joven Jeremías le ocurrió una de estas desconcertantes e inesperadas propuestas invasoras de Dios a la que no pudo resistirse,&nbsp; a pesar de no tener nada que ver con su personalidad inicial; de hecho muchas veces se planteó abandonar:</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>Me sedujiste, Señor, y yo me dejé seducir. Fuiste más fuerte que yo y me venciste.</em> (Jr 20, 7-11)<br><em>Cuando recibía tus palabras, las devoraba; tu palabra era mi gozo y la alegría de mi corazón porque he sido consagrado a tu nombre</em>. (Jr 15,16).<br><em>Yo me decía: “No pensaré más en él, no hablaré más en su nombre. Pero era dentro de mi como un fuego devorador encerrado en mis huesos; me esforzaba en contenerlo, pero no podía</em>  (Jr 20, 9)</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nació en el año 650 a.C. en Anatot, pueblecito a unos seis kilómetros de Jerusalén. Pertenecía a una familia sacerdotal, hijo de un sacerdote de Anatot, que se habría tenido que instalar en Jerusalén al habérsele asignado un turno en el Templo con motivo de la reforma de Josías, pero él nunca actuó como sacerdote y siguió ligado al campo. Siendo muy joven todavía recibió la vocación profética. No sólo no se siente atraído por ella sino que además se siente incapaz, no preparado y, como Moisés, intenta excusarse aludiendoa su escasa destreza verbal y su juventud: “<em>Mira que no sé hablar, que soy un muchacho”</em> (Jr 1, 6).</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;Le tocó vivir una época de fuerte crisis para su pueblo. Situado entre tres grandes potencias- Egipto, Asiria y Babilonia- será juguete de los intereses de las tres y, concretamente, en estos años,&nbsp; la amenaza de invasión por parte de ésta última será el gran problema del reino de Judá (el reino de Israel ya había desaparecido tras la invasión Asiria en el año 720 a. de C.) cumpliéndose, finalmente, en el año 587 a. de C. Así pues, la figura de Jeremías coincide de lleno con esta etapa final del reino de Judá y el exilio a Babilonia.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Con todo, la crisis más grave era otra: la situación interna de injusticia, infidelidad a Dios y corrupción de costumbres de su pueblo. Y, en medio de, ella el Señor lo llama y lo envía “<em>para arrancar y arrasar, para destruir y derribar, para edificar y planta<strong>r</strong></em>”(Jr 1,10).Y para esta dura labor una sola garantía: “<em>Yo estaré contigo</em>” (Jr 1,8). Jeremías experimentará amargamente la incomprensión, la soledad, la hostilidad y el fracaso más rotundo.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">El mensaje central de su predicación se podría resumir en una sola palabra: <strong>conversión.</strong> Esta conversión abarcará aspectos muy distintos: cultuales, sociales, cambio de mentalidad, de actitud y políticos, siendo estos últimos los que le provocaron mayores persecuciones entre sus conciudadanos. Aceptar el sometimiento al poder babilónico fue para el profeta el signo más evidente de vuelta al Señor aceptando el castigo como único medio de salvaguardar en cierta medida el reino. Pero los profetas de su tiempo se oponen a Jeremías y a su mensaje porque para ellos es imposible que Dios cese de ofrecer paz y felicidad a su pueblo. De ahí, que estos profetas&nbsp; fuesen conocidos como “profetas de la&nbsp; paz” o de salvación. El gran problema consistirá en saber quién predica la auténtica palabra de Dios. De todos modos, este mensaje de Jeremías difícilmente podía ser aceptado por un pueblo que confesaba su origen en un acto salvador del Dios que les había dado la libertad tras la esclavitud de Egipto. Por eso su mensaje fue considerado blasfemo y Jeremías digno de muerte.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;Tras la primera deportación a Babilonia en el año 597, <em>los profetas de salvación</em> alimentarán la esperanza de un pronto retorno. Frente a ellos, Jeremías no niega el retorno, pero a largo plazo por eso les anima a comprar casas y plantar huertos; a casarse y tener hijos, es decir, a instarse en esa tierra extranjera (Jr 29,4-9). Díez años más tarde, &nbsp;en 587 a. C. tendrá lugar la segunda y definitiva deportación que supondrá el fin de la dinastía davídica.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Sin embargo, las palabras de Jeremías tuvieron&nbsp; también la misión “<em>de construir y plantar</em><strong>”.</strong> Jeremías predicó salvación a los desterrados a Babilonia a los que define como “higos buenos” que el Señor plantará de nuevo:</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como me complazco en ver estos higos buenos así miraré complacido a los desterrados de Judá, a quienes he enviado de este lugar al país de los caldeos. Los miraré complacido y los haré volver a esta tierra. Los restableceré y nos los destruiré más; los plantaré y no los volveré a arrancar.</em><strong> </strong>(Jr 24, 5-6)</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Jeremías suele ser recordado como el profeta de las calamidadesy del “lloriqueo” por sus emotivas lamentaciones,&nbsp; por todos&nbsp; conocidas, y&nbsp; se suele olvidar como&nbsp; <strong>profeta de la esperanza. </strong>El siguiente oráculo de salvación bastaría para convertirlo en uno de los grandes pregoneros de la esperanza, si bien, es cierto, que existen dudas respecto a la&nbsp; autenticidad de pasajes como éste:</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>Vienen días, oráculo del Señor, en que yo sellaré con el pueblo de Israel y con el pueblo de Judá una alianza nueva. No como la alianza que sellé con sus antepasados el día en que los tomé de la mano para sacarlos de Egipto. Entonces ellos violaron la alianza, a pesar de que yo era su dueño, oráculo del Señor. Esa será la alianza que haré con el pueblo de Israel después de aquellos días, oráculo del Señor: pondré mi ley en su interior; la escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Para instruirse no necesitarán animarse unos a otros diciendo: “¡Conoced al Señor!”. Porque me conocerán todos, desde el más pequeño hasta el más mayor, oráculo del Señor. Yo perdonaré su maldad y no me acordaré de sus pecados. </em>(Jr 31, 31-34)</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Dolores Aleixandre en su libro Las puertas de la tarde resume así su vida: <em>“y aunque vivió envuelto en una confusión que le destrozaba, lo aceptó todo en una obediencia que parecía sobrehumana. Fue conducido de la resistencia al consentimiento, y esa fue su gran&nbsp; oportunidad”.</em></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Una última paradoja más de la vida de Jeremías: él, que había predicado el sometimiento a Babilonia, fue llevado contra su voluntad a Egipto donde perdemos&nbsp; su pista…</p>



<p class="has-ast-global-color-0-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7 wp-block-paragraph"><strong> CAPÍTULO 36 DEL LIBRO DE JEREMÍAS.</strong>                                           </p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>El libro de Jeremías</em> es uno de los libros proféticos más complejos por múltiples razones. Así, por ejemplo, presenta problemas de contenido; prueba de ello es quedurante muchos años se ha intentado reconstruir el rollo primitivo quemado, según se relata en el capítulo 36, para partir de la base histórica auténtica de oráculos de Jeremías; por eso se afirma que el&nbsp; capítulo 36 es la puerta de acceso al profeta Jeremías. &nbsp;Otras razones son: la variedad de géneros (narraciones sobre Jeremías, narraciones de Jeremías, narraciones históricas, confesiones, carta, oráculos, acciones simbólicas…), el desorden cronológico en el que se presenta el texto, las diferencias entre el texto griego -más breve- y el texto hebreo. Probablemente existió más de un texto del libro de Jeremías.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">El capítulo 36 del libro de Jeremías resulta largo a la hora de leerlo y de entrada no parece&nbsp; tener&nbsp; demasiados alicientes que animen a su lectura. Quizá por eso es poco conocido por los creyentes y escasamente utilizado en la liturgia. Y, sin embargo, no solo es el pórtico de entrada al profeta Jeremías, sino que además nos va a decir algo fundamental que no siempre los cristianos recordamos ni tenemos presente al comprobar desalentados el rumbo de la historia contemporánea (injusticias, hambre, catástrofes, guerras, materialismo, progresiva secularización de la sociedad, persecución de los cristianos en tantos países&#8230;.): que <strong>la Palabra de Dios permanece para siempre.</strong><strong></strong></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">La escena narrada en este capítulo 36 se convertirá en parábola de toda la vida del profeta. Estamos en el reinado del impío rey Joaquín, hijo de Josías. Jeremías no puede mostrarse en público y por tanto no puede acceder al Templo, quizá porque se lo hayan prohibido o por hallarse preso. Entonces dicta todas sus palabras a su secretario Baruc para ver si el pueblo lo escucha y se convierte pues Dios aún está dispuesto a perdonar. El rollo ocupará su lugar. Ese rollo iba a representar todo lo que había sido él: una&nbsp; vida entera dedicada por completo a una única misión, la profética. En ese rollo, estaba condensada&nbsp; toda su energía gastada para comunicar la Palabra. Baruc lo lee ante el pueblo en el Templo y lo hará en la fiesta en que más gente hay en torno al Templo: <strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;“<em>En el mes noveno del año quinto del reinado de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, se convocó un ayuno en honor del Señor para todos los habitantes de Jerusalén y de las ciudades de Judá.</em>&nbsp; (Jr 36,9)</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Este ayuno incluía una ceremonia penitencial que congregaba en el Templo a una gran cantidad de gente. Baruc intenta que el rey lo escuche y cuando, por fin, consigue que se lea delante del rey Joaquín, éste lo quema en presencia de toda su corte. El significado del gesto es claro: mostrar públicamente el desprecio absoluto por las palabras del profeta.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Aparentemente, ese día se consiguieron dos cosas: aniquilar una Palabra que provenía de Dios, pero que resultaba molesta, y el fracaso rotundo de la labor de un profeta. ¿Será éste el destino final de la Palabra? ¿Habrá sido estéril la misión de Jeremías?&nbsp; Sin embargo, el final del relato vuelve a sorprendernos y Jeremías, sin dejarse vencer por el fracaso, vuelve a escribir otro rollo en el que Dios se encarga de añadir <strong>&nbsp;</strong>“<em>otras muchas palabras semejante<strong>s</strong></em>”(Jr 36,32). Con esta sencilla observación lo que el narrador bíblico nos está queriendo decir es, que más allá de cualquier intentona de apartarla, destruirla o silenciarla, la Palabra pervive para siempre, se mantendrá firme en el tiempo y nada ni nadie podrá hacerla callar. Y con ella la misión de sus portadores, de hecho, en el largo destierro en Babilonia (cuarenta años aproximadamente)<strong> la predicación del profeta Jeremías cobrará una importantísima relevancia al ser recordada y hecha presente por los exiliados. </strong>Pocas veces un libro de tan corta vida y con final tan trágico&nbsp; ha hecho correr tanta tinta y tenido tanta repercusión. Fue escrito en un año y vivió sólo unas horas. Sin embargo, en su destrucción, el libro adquiere su significado y su auténtico valor: ser símbolo de la permanencia de la Palabra de Dios.</p>



<p class="has-ast-global-color-0-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8 wp-block-paragraph"><strong>SU FORMA DE ORAR</strong></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Jeremías dejó reflejada su lucha interna en sus “<em>confesiones</em>”: se queja, se pregunta, maldice su propia vida, se resiste a vivir contra corriente, expresa su dolor, su abrumadora soledad y hasta se atreve a cuestionar al mismo Dios… Es su forma de orar.<strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</strong></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Si algo sorprende al leer la Biblia es la libertad con que&nbsp; sus personajes se dirigen a Dios: no se reprimen a la hora de expresar lo que sienten ni se sienten obligados a emplear un lenguaje “políticamente correcto” y, lo más importante, es que ello no supone una dificultad en su relación con él. Quizá, porque lo que más rompa la comunicación con Dios no sean nuestras preguntas impertinentes o nuestras rabietas y reproches (¡se necesita fe para sentir la lejanía de Dios y quejarse de ella!), sino nuestro silencio y, lo que sería más grave todavía, nuestra indiferencia.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">&nbsp;A continuación, algunos ejemplos de las distintas oraciones de Jeremías:</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Oración de confianza. </strong> <br>Jeremías entabla un diálogo en confianza mutua con Dios: se apoya en él, le pregunta lo que no entiende y, en ocasiones,  Dios mismo le da a conocer los planes de sus enemigos:</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>El Señor es mi fuerza y mi baluarte, mi refugio cuando llega la angustia. </em>(Jr 16,19)<br><em>         Pero el Señor está conmigo como un héroe poderoso. </em>(Jr 20, 11)</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>El Señor todo poderosos me lo hizo saber y comprendí. Entonces me hiciste comprender sus maquinaciones.</em> (Jr 11,18)<br><em>¿Por qué prosperan los impíos  y viven tranquilos los traidores?</em> (Jr 12, 1)</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Oración de súplica.</strong></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Señor, acuérdate y ocúpate de mí, mira que soporto injurias por</em> <em>tu causa</em>.&nbsp; (Jr 15,15).</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Oración de lamentación, queja y maldición.</strong><br>En más de una ocasión Jeremías maldice su suerte y se queja a Dios:</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">        <em>¿Por qué es continuo mi dolor y mi herida incurable y sin remedio? Te me has vuelto arroyo engañoso, de aguas caprichosas</em>. (Jr 15,18).<br><em>¡Maldito el día en que nací, el día en que mi madre me dio a luz no sea bendito! […]¿Para qué salí del vientre? Para ver tantas penas y tormentos y acabar mis días afrentado.</em> (Jr 20, 15- 18)</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Oración de intercesión por su pueblo.</strong></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por el honor de tu nombre, no nos rechaces […] acuérdate&nbsp; y no rompas tu alianza con nosotros</em>&nbsp;(Jr 14, 21)</p>



<p class="has-ast-global-color-0-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9 wp-block-paragraph"><strong>REFLEXIONES A LA LUZ DE UN  PROFETA</strong></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Un profeta es alguien llamado que sufre la acción que Dios le impone. En su comportamiento hay poco de iniciativa personal. Se puede decir que el profeta es alguien alcanzado; la Palabra de Dios&nbsp; se apodera de él y se instala en sus entrañas como hemos visto que le sucedió a Jeremías que se vio forzado a dar testimonio del mismo Dios. De este modo, al ser alguien alcanzado e invadido por el mismo Dios, el profeta es alguien alterado<strong>,</strong> descentrado de sí mismo; Jeremías experimentó un contagio misterioso del sentir de Dios y llegará a exclamar: “<em>Pero yo estoy lleno de lleno de la ira del Señor, ya no puedo contenerla</em>” (Jr 6,11). Por eso el profeta capta, más allá de las falsas apariencias, el clamor de la realidad injusta de los más débiles porque Dios nunca es neutral para la justicia, no permanece indiferente o despreocupado frente al mundo.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">El profeta es además alguien enviado y necesariamente conflictivo. Su misión consiste en hablar en nombre de Dios. Es enviado a reyes, sacerdotes, a otros profetas (los llamados <em>falsos profetas</em>) y al pueblo. El profeta no será nunca un hombre de desierto, sino de ciudad, de vida pública: recorre plazas, va a palacio, al Templo…Y sólo cuenta con un instrumento: la palabra humana y su eficacia, más allá de los fracasos, está en su procedencia, Dios mismo.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">El profeta es una persona que vive en permanente conflicto con todos los que le rodean porque no se calla. Se enfrenta al poder y defiende a los débiles. No es la suya precisamente una vida fácil; se siente solo, apartado de los otros burlado, despreciado e ignorado. Es perseguido, acosado, maltratado, encarcelado… Jeremías es un buen ejemplo de ello: sufrirá soledad (Jr 15,17), contradicción, persecución y cárcel, y será arrojado a una cisterna llena de cieno (Jr 38, 1-6), pero a pesar de todo aguanta y no escapa del conflicto.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Para ser profeta, qué duda cabe, que hay que estar “un poco loco” y sólo se explica en el caso de que algo más fuerte que sí mismo le haya invadido. A continuación, hagamos un breve chequeo de nuestra locura en relación con el Señor:</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">¿Tenemos alma de profeta? ¿Nos hemos sentido en algún momento de nuestra vida invadidos por el Señor o por su Palabra?</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">¿Hemos respondido con generosidad a su llamada? </p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">¿Proclamamos con valentía la Palabra en nuestro entorno o decidimos callar para no desentonar?</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">¿Nos hemos sentido identificados con el sentir de Dios? ¿Nos duele la indiferencia despreocupada de toda una sociedad hacia los irrelevantes e insignificantes, hacia los más pequeños? ¿Denunciamos la injusticia?</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">¿Nos duele la indiferencia de nuestros coetáneos con respecto a Dios? ¿Nos planteamos hacer algo que esté a nuestro alcance para frenar la progresiva secularización de nuestra sociedad occidental cada día más alejada de su Creador?</p>



<p class="has-ast-global-color-0-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-10 wp-block-paragraph"><strong>ORACIÓN FINAL:</strong></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>Así dice el  Señor: […]</em> <em>cuando me busquéis, me hallaréis. Si me buscáis de todo corazón, yo me dejaré buscar por vosotros </em>(Jr 29, 13-14)<br>¡Oh, glorioso san Jeremías, profeta fiel y mensajero de la Palabra de Dios, ayúdanos a perseverar en nuestra fe, a aceptar la voluntad divina en nuestras vidas y a dar testimonio de la Verdad con fidelidad y valentía allá donde nos encontremos!<br>Amén.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"> Julia López Lasala<br>Especialista en Espiritualidad Bíblica</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Fuentes:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dolores Aleixandre, <em><u>Círculos en el agua,</u></em> Santander, Sal Terrae, 1997.<br>Dolores Aleixandre, <em><u>Las puertas de la tarde</u></em>, Santander, Sal Terrae, 2007.</p>



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		<title>San Juan de la Cruz. La Biblia, Palabra mística. (P. Secundino Castro, OCD).</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Charo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Jun 2021 10:25:41 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Con este video el P. Secundino Castro nos quiere ayudar a esclarecer la raíz de la mística del encumbrado poeta. Después de muchos análisis, ya parece que es un hecho incontestable que los fundamentos más sólidos de su inalcanzable mística se hallan en las Sagradas Escrituras. Pero no solo por los textos que cita, sino [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Con este video el P. Secundino Castro nos quiere ayudar a esclarecer la raíz de la mística del encumbrado poeta. Después de muchos análisis, ya parece que es un hecho incontestable que los fundamentos más sólidos de su inalcanzable mística se hallan en las Sagradas Escrituras. Pero no solo por los textos que cita, sino también y quizás más principalmente, por las conexiones de fondo con la Biblia entera. Esta sintonía brilla singularmente con el cuarto Evangelio. Parece como si el Cántico espiritual se dejara más que adivinar en el escrito del Águila de Patmos. Y así ocurre con otros libros de la Biblia. Es que Juan de la Cruz, como dice un biblista de nuestros días, que lo ha estudiado, «habla Biblia sin darse cuenta». Por eso su mística es la traducción de la Biblia al sentimiento profundo.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="&quot;San Juan de la Cruz. La Biblia, Palabra mística&quot; (P. Secundino Castro, OCD)." width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/YNqvR0SZZfQ?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe>
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		<title>El nunca soñado Jesús del Evangelio de Juan (P. Secundino Castro, OCD)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 17 Apr 2021 11:29:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Temas bíblicos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Padre Secundino Castro ha sido Catedrático de Biblia durante muchos años. En este video quiere ayudar a conocer más profundamente al Jesús que nos presenta San Juan. Su especialidad es el Evangelio de San Juan. Este Evangelio resulta todavía un enigma. Por esta razón para que podamos entrar dentro de las entrañas del texto [&#8230;]</p>
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<p><span class="style-scope yt-formatted-string" dir="auto">El Padre Secundino Castro ha sido Catedrático de Biblia durante muchos años. En este video quiere ayudar a conocer más profundamente al Jesús que nos presenta San Juan. Su especialidad es el Evangelio de San Juan. Este Evangelio resulta todavía un enigma. Por esta razón para que podamos entrar dentro de las entrañas del texto evangélico nos invita a considerar este Evangelio como un canto a Cristo, que atraviesa fulgurante la historia traspasándola de gloría y majestad. </span></p>
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		<title>El sorprendente Jesús de Marcos. Secundino Castro, OCD</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Mar 2021 08:19:40 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El Padre Secundino Castro ha sido Catedrático de Biblia durante muchos años. En este video quiere presentarnos los secretos que hay detrás del Evangelio de San Marcos. No dejes de verlo porque descubrirás a un Jesús sorprendente y entenderás mucho más de los tesoros que hay escondidos en este apasionante Evangelio. Si quieres comprar el [&#8230;]</p>
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<div id="description" class="style-scope ytd-video-secondary-info-renderer"><span class="style-scope yt-formatted-string" dir="auto">El Padre Secundino Castro ha sido Catedrático de Biblia durante muchos años. En este video quiere presentarnos los secretos que hay detrás del Evangelio de San Marcos. No dejes de verlo porque descubrirás a un Jesús sorprendente y entenderás mucho más de los tesoros que hay escondidos en este apasionante Evangelio. Si quieres comprar el libro &#8216;El sorprendente Jesús de Marcos&#8217; puedes hacerlo en este enlace: </span><a class="yt-simple-endpoint style-scope yt-formatted-string" dir="auto" spellcheck="false" href="https://www.youtube.com/redirect?event=video_description&amp;redir_token=QUFFLUhqa2hfUGRnQVZFV1NpYXVqSlFXNVl6VW9tWmhGZ3xBQ3Jtc0tsaXI2X2NKRnFrMjlpWHV4NjRyLUNUek1NOG9PMG1hUUdjclJIejU5OE1JU3ppNmNHT1NjNElmU3ltZ2tVLVk2cVM2aWRsVHBpZXNXZFBNSjNkNVhpQVNtSTB2VkFuZ0tTNHJsT214ZWE5djhYSmh1SQ&amp;q=https%3A%2F%2Fwww.editorialdeespiritualidad.com%2Flibros-de-espiritualidad-espiritualidad-biblica%2F272-el-sorprendente-jesus-de-marcos-el-evangelio-de-marcos-por-dentro.html" target="_blank" rel="nofollow noopener noreferrer">https://www.editorialdeespiritualidad&#8230;</a><span class="style-scope yt-formatted-string" dir="auto">​</span></div>
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		<title>La experiencia del Padre</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 Jul 2011 10:28:09 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Secundino Castro Cada vez más, va calando en la gente la imagen de Dios como ternura, que vemos reflejada en la palabra Padre (Abbá) con la que Jesús le configuró. Por eso quiero hacer algunas reflexiones sobre Él. La experiencia humana de Jesús es tan profunda, que de ella surge o se percibe la vivencia [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Secundino Castro</p>
<p>Cada vez más, va calando en la gente la imagen de Dios como ternura, que vemos reflejada en la palabra Padre (Abbá) con la que Jesús le configuró. Por eso quiero hacer algunas reflexiones sobre Él. La experiencia humana de Jesús es tan profunda, que de ella surge o se percibe la vivencia trinitaria. Aparece esto sobre todo en los discursos de la última cena (Jn 14-17) y en otros capítulos de Juan. Citemos entre ellos el del Buen Pastor (Jn 10).</p>
<p>En la última cena Jesús revela su misterio de persona como ser que está abierto plenamente al Padre y en relación permanente con él. De esta relación surge el Espíritu, que está estrechamente vinculado a los hombres, a los que es enviado. Sólo desde el misterio trinitario, que es un misterio de ternura, es comprensible el hombre. Esto mismo aparece también en los sinópticos y en Pablo. Marcos en Getsemaní pone en los labios de Jesús la palabra Abbá (Mc 14,36). Mateo (11,25-30) y Lucas (10,21-22) nos ofrecen un texto precioso sobre la relación de suma confianza e intimidad de Jesús con el Padre. Pablo, por su parte, nos recordará en dos ocasiones la palabra Abbá (Rm 8,15; Ga 4,6).</p>
<p>El hombre habrá conocido al Padre cuando sea conformado trinitariamente, es decir, entre en unión con la Trinidad, relacionándose con el Padre como hijo en unidad con Jesús, bajo la acción del Espíritu Santo y sea para los hombres un trasunto del Abbá.Cuando el hombre es Abbá para su hermano, comienza a descubrir el rostro de Dios que es esencialmente ternura.</p>
<p>Ante la pregunta del escriba que le interroga cuál es el primer mandamiento, Jesús afirma que Dios es el único Señor al que hay que amar con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas, y el segundo consiste en amar al prójimo como a uno mismo (Mc 12,19-31). Cuando el escriba aprobó gozoso este razonamiento, Jesús le dijo: &#8216;No estás lejos del Reino de Dios&#8217; (Mc 12,34). Con estas palabras le daba a entender que para estar cerca del Reino, no sólo hay que tener teoría sobre el mismo, sino quese necesita lapraxis.</p>
<p>En dos ocasiones, cuando Jesús habla de los mandamientos, no menciona a Dios, sólo tiene presente alprójimo. Así cuando al joven rico le recuerda los mandamientos sólo se refiere a los que hacen alusión al prójimo (Mt 19,16-22). Esto da a entender que sólo se ama a Dios cuando se cumple con el hermano. También el mandamiento nuevo se refiere sólo al prójimo (Jn 13,34). Estos dos textos nos muestran que se puede llamar a Dios Padre, pero no comprender su profundo significado hasta que no se es ternura para el hermano, como ya dijimos. Así en el concepto de Dios Padre queda íntimamente vinculado el hombre; y la praxis del amor; no es un problema de conocimiento. En esto tenía razón Kant.</p>
<p>Con Jesús muere un tanto el Dios clásico para surgir el Padre, es decir el Dios que es amor en cuanto vincula su suerte a la del hombre. Pero de algún modo también el Padre queda desmitologizado en este mundo. En este sentido Jesús le responde a Felipe: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14,9).Con esta afirmación se conecta un dicho de Jesús, que no recogen los evangelios y que nos ha sido transmitido por algunos Padres de la Iglesia: &#8216;Has visto a tu hermano, has visto a Dios&#8217;. Esto nos lleva como de la mano a preguntarnos sobre la experiencia del Padre. El primer momento viene constituido por el acercamiento a Jesús: «Nadie puede venir a mí si el Padre no lo atrae» (6,44). El descubrimiento del Padre se va haciendo al ritmo del de Jesús. Se descubre en seguida que Dios no hace acepción de personas.Ya no hay distinción entre judíos y gentiles ni entre otras clases de personas. La religiosidad se sitúa en el interior del hombre. Desde ahí se comprende el sentido de la gracia.</p>
<p>En este momento nos hallamos capacitados ya para rezar de verdad el Padrenuestro. La primera experiencia que produce el Padrenuestro es el sentido de fraternidad. El discípulo de Jesús comprende que el otro es en el que debe caer su afecto si quiere que el Padre se sienta amado por él. La experiencia del Padre es inseparable del otro. Éstos son a los que el Padre revela sus secretos, los que constituyen la alegría de Jesús. Por sus ojos comienza a difundirse una luz especial, por la que contemplan todo trabado en el amor del Padre: la naturaleza y la gracia.</p>
<p>Desde ahí están capacitados para escuchar los discursos de la última cena. Si permanecen unidos a Jesús, un día gozarán de la unidad y fruición que él tiene con el Padre. Ese deseo de conocer al Padre, que se trasparenta a través de Jesús, un día será colmado. Mientras, el Paráclito que es otro Jesús, llenará ese vacío de ansias por el rostro del Padre y les conducirá a la guarda del precepto del amor, que es la garantía de la permanencia en Jesús y de unión con el Padre. No pocos exegetas piensan que, aunque aparentemente el evangelio de Juan tiene a Jesús por su objeto central, en realidad quien lo es, es el Padre. De modo que el grito de Felipe, es el de todo hombre: &#8216;Muéstranos al Padre y nos basta&#8217; (Jn 14,8). El discípulo de Jesús no logra apagar este grito. Sólo se amortigua en la contemplación del rostro del Señor en el que se adivina al Padre, en esa luz que en él ha depositado el Espíritu Santo.</p>
<p>Pero el rostro de Jesús sólo se puede contemplar cuando se hace el mismo camino que él. Aquí radica el criterio central de discernimiento de la experiencia del Padre. Lamística de que tanto se habla hoy, tiene que reducirse a la praxis de Jesús y sólo se desviste de la mundanidad, con que puede camuflarse de altísima religiosidad, en el vaciamiento total del yo en la entrega sin medida al otro. El Padre nos ha conducido al hombre y éste al Padre. En este proceso el Padre pierde definitivamente su nombre de Diospara llamarse AMOR, como lo hizo Jesúscuando le cambió el nombre llamándole ABBÁ.</p>
<p>En la experiencia espiritual de la Comunidadcristiana los grandes seguidores de Jesús siempre han vivido de esa ternura de Dios, han profundizado su amor y han escrito páginas admirables sobre la gracia, término en el que nos llega a nosotros el misterio de un Dios, que se nos entrega. Los santos al final de su existencia terminan confesando que todo es gracia, todo es don. Pero ha sido Teresa de Lisieux la que más ha llamado la atención en este sentido. De alguna forma ella nos ha redescubierto el evangelio, se ha sentido niña pequeña de Dios y por consiguiente ha experimentado su ternura. Expresiones como: &#8216;Dios es más <em>tierno</em> que una <em>madre</em>&#8216; (Manuscrito A, 80 vº), y situar su espiritualidad en ese concepto la introducen de inmediato en el Abbá de Jesús. Ella nunca oyó esa palabra. Si hubiera tenido acceso a su explicación, habría estallado de alegría y hubiera visto confirmadas todas sus intuiciones. ¿Podríamos decir, sin herir la sensibilidad de nadie, que el Dios de la Doctora de la Iglesia, Teresa Martín, es el que más se aproxima al de Jesús?</p>
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		<title>La Santísima Trinidad, dulce hogar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Jun 2011 20:38:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Temas bíblicos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Secundino Castro Me permito hablar del misterio más entrañable de nuestra fe sólo ayudado por el teólogo Bruno Forte y los místicos carmelitas. El día de Pascua brilló Jesús, se reveló el Padre y el Espíritu Santo nos incendió. El texto clave lo podemos encontrar en Rm 1,1-4. Aquí hallamos admirablemente conjuntados lo eterno y [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Secundino Castro</p>
<p>Me permito hablar del misterio más entrañable de nuestra fe sólo ayudado por el teólogo Bruno Forte y los místicos carmelitas. El día de Pascua brilló Jesús, se reveló el Padre y el Espíritu Santo nos incendió. El texto clave lo podemos encontrar en Rm 1,1-4. Aquí hallamos admirablemente conjuntados lo eterno y lo temporal, la historia y la transhistoria, el Padre, Jesús y el Espíritu. La economía de la salvación trasparentandola inmanencia del misterio.</p>
<p>El Padre es el origen fontal del amor, el principio, el manantial y la fuente de la vida divina. San Agustín llama al Padre «Totius Trinitatis principium». El Padre es el eterno nacer del amor, el eterno amante. El que figuró la creación con el rostro luminoso de su Hijo: «Con sola su figura» todo lo dejó vestido de hermosura y dignidad. El Padre es esa mano, dulce y blanda, que nos acaricia con el tacto de su Hijo y nos llaga, con llaga regalada, el Espíritu Santo. El Padre es absoluta ternura, fuente siempre manando, «fuente que mana y corre» en la dulce noche. Madre que regala: «llega a tanto la ternura y verdad de amor con que el inmenso Padre regala y engrandece a esta humilde y amorosa alma, ¡oh cosa maravillosa y digna de todo pavor y admiración!, que se sujeta a ella verdaderamente para la engrandecer, como si él fuese su siervo y ella fuese su señor» (C 27,1). Madre joven, que abre sus pechos: «A los pechos de Dios seréis llevados y sobre sus rodillas seréis recreados» (Is 66,12). El Padre es Abbá en el tiempo y Seno en la Trinidad: Un Dios, Hijo Único que se complace en el seno del Padre, es su explicación (Jn 1,18). Misterioso Hogar, que nos espera, como el padre del hijo pródigo, a la tarde, después de las fatigas del duro bregar. La ternura, los brazos, lo que buscamos en lo más hondo, mar donde nos anegamos y aurora donde nos despertamos. La eterna juventud generadora, la seguridad total,las entrañas, los labios, el Abbá.</p>
<p><em>El Hijo es la eterna receptividad</em>, pura acogida, eterna obediencia, gratitud infinita. Se siente amado antes de la creación del mundo (Jn 17,24). Por él circula en el tiempo y en la eternidad la vida divina que brota de la plenitud del Padre (Jn 5,26).</p>
<p>El eterno amante se distingue del eterno amado. El amante es principio del amado. El amor fontal es origen del amor acogedor. Este proceso se denomina en la tradición teológica cristiana «generación». El éxodo del Hijo del seno del Padre se produce por generación eterna. La receptividad en el amor tiene en Dios una consistencia infinita. Se constituye en alteridad. Aceptar el amor no es menos personalizante que dar el amor.</p>
<p>Dejarse amar no es menos amor que amar. Así es el Hijo.</p>
<p>Por la infinita receptividad del Hijo, «en el que todo ha sido creado» (Col 1,16) y que se hace solidario con los pecadores, hace posible que la criatura acepte la creación y la redención como don de amor, que es la vida de la gracia. En él nos alcanza el Padre, es el toque delicado: «¡Oh, pues, otra vez y muchas veces delicado toque, tanto más fuerte y poderoso, cuanto más delicado, pues que con la fuerza de tu delicadez deshaces y apartas el alma de todos los demás toques de las cosas criadas, y la adjudicas y unes sólo en ti, y tan delgado efecto y dejo dejas en ella, que todo otro toque de todas las cosas altas y bajas le parece grosero y bastardo, y le ofenda aun mirarle y le sea pena y grave tormento tratarle y tocarle!» (Ll 2,18). Ese toque delicado se deja sentir en el tiempo, cuando Jesús recorría los caminos de Galilea e invitaba a los cansados y fatigados a ir a descansar en él: «Yo os daré descanso» (Mt 11,25-30). El «sabat» tan querido de los hebreos, se hallaba en el pecho de Verbo, en el que descansó Juan aquella tarde&#8230;en la que los Doce fueron examinados en el amor (Jn 13,21-30).En él también se complace y descansa el Padre. Así lo proclamó en el bautismo (Mt 3,17) y en la transfiguración (Mt 17,5).</p>
<p><em>En esta realidad tiene lugar la otra realidad, la del Espíritu</em>, que une al Engendrante con el Engendrado, al Amante con el Amado, que garantiza también la comunión del eterno amante con sus criaturas.Ricardo de San Víctor denomina al Espíritu Santo, el co-amado. En el Espíritu el Amante y el Amado se abren hacia su alteridad lo mismo en la inmanencia en el misterio que en la economía de la salvación. El Espíritu Santo es la conjunción del Amor del Padre y de Hijo, Señor y dador de Vida. Si se nos permite, podemos decir que es la feminidad de Dios, y se trasparenta por el alma y el cuerpo de la Virgen.La fe ha captado la fuente sin límites del Padre, que en la comprensión de sí mismo genera en la eternidad al Hijo, que es su expresión -Verbo, Logos- y figura de su sustancia, y de la relación entre ambos procede del Padre y del Hijo como de un sólo principio, la persona-Amor: el Espíritu Santo. En el Espíritu Santo, fruto de su amor, ambos aman al mundo. San Agustín no dudaba en decir: «verdaderamente ves a la Trinidad cuando ves el amor» (De Trinitate, VIII, 10,14, en PL 42,960). Al Espíritu le incumbe hacia fuera el arte. Él es quien llena de belleza las almas de los santos. Él es el que nos pintó esabeldad nunca soñada: Teresa de Lisieux.</p>
<p><em>La historia de Jesús reflejo de la Trinidad. «aquel día (cuando venga el Espíritu) sabréis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros&#8230; El que me ama seráamado de mi Padre y también yo le amaré y me manifestaré a él&#8230; Y haremos morada en él» (Jn 14, 20.23). El texto de la unidad del capítulo 17, 21.23 lo pone igualmente de relieve. La esencia de Dios se halla en su Éxodo de sí, como Amor amante, de acogida de sí, como Amor amado, de regreso a sí y de infinita apertura al otro en la libertad, como Espíritu del amor trinitario. Esta mutua compenetración e inhabitación de las personas divinas, este permanecer y residir mutuo se ha expresado con la palabra perijoresis</em>. No pocos textos de Juan la avalan.</p>
<p><em>La cruz de Jesús se muestra, a su vez, como forma trinitaria</em>.En este día se dan una serie de entregas dramáticas. Judas entrega a Jesús (Mc 14,10); El Sanedrín lo entrega a Pilato; Pilato lo entrega a la cruz (Mc 15,15). Cristo se entregó por mí (Gá 2,20); la entrega del Padre: «El Hijo del Hombre va a ser entregado (pasivo) [Mc 9,31]; cf Rm 8,32: «El cual no escatimó a su propio Hijo, sino que le entregó por nosotros «, cf 1Jn 4,10. Esta entrega se prefiguró en el sacrificio de Abraham Gn 22, 12. Cuando Abraham entregaba a Isaac, se desgarraban las entrañas del Padre pensando en su día. «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn15,13-16).</p>
<p><em>La Trinidad es el fondo de la existencia humana y su sentido</em>. La fuente, el contenido y el final de la revelación cristiana. A pesar del aparente poco influjo en la realidad cotidiana como observó certero, pero con honda pena, Rahner: «Si hubiera que suprimir como falsa, la doctrina de la Trinidad, después de hacerlo, gran parte de la literatura religiosa podría quedar casi inalterada».</p>
<p>En las cumbres de la mística Santa Teresa advierte: «Quiere ya nuestro Dios quitarla las escamas de los ojos y que vea y entienda algo de la merced que le hace&#8230; se le muestra la Santísima Trinidad, todas tres personas, con una inflamación que primero viene a su espíritu a manera de una nube de grandísima claridad, y estas Personas distintas, y por una noticia admirable que se da al alma, entiende con grandísima verdad ser todas tres Personas una sustancia y un poder y un saber y un solo Dios; de manera que lo que tenemos por fe, allí lo entiende el alma, podemos decir, por vista, aunque no es vista con los ojos del cuerpo, porque no es visión imaginaria. Aquí se le comunican todas tres Personas, y la hablan, y la dan a entender aquellas palabras que dice el Evangelio que dijo el Señor: que vendría El y el Padre y el Espíritu Santo a morar con el alma que le ama y guarda sus mandamientos» (Moradas VII,1,6).</p>
<p>En la comprensión profunda de la mística, la experiencia de la Trinidad es sustancial. Juan de la Cruz le dedicó todo un libro: <em>Llama de amor viva</em>. Recojo una de sus bellísimas estrofas:</p>
<blockquote><p>«¡Oh cauterio suave!</p>
<p>¡Oh regalada llaga!</p>
<p>¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado!,</p>
<p>Que a vida eterna sabe</p>
<p>y toda deuda paga!</p>
<p>Matando, muerte en vida la has trocado.»</p></blockquote>
<p>Y de Isabel de la Trinidad recuerdo unas frases de su famosísima Elevación: «¡Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventurada Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo!, yo me entrego a Vos como una presa. Encerraos en mí para que yo me encierre en Vos, mientras espero ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas».</p>
<p>Ningún comentario mejor que sus palabras: <em>«Esta intimidad con El en lo interior ha sido el hermoso sol que ha iluminado mi vida convirtiéndola en un cielo anticipado. Y eso es lo que me sostiene hoy en medio de los sufrimientos. No tengo miedo a mi debilidad&#8230; porque el Dios fuerte está en mí».</em></p>
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		<title>El Señor de la gloria</title>
		<link>https://cipecar.org/blogs-firmas/secundino-castro/temas-biblicos/el-senor-de-la-gloria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 May 2011 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Temas bíblicos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Secundino Castro «Tú eres, Jesús, el resumen y la cima de toda perfección humana y cósmica. No hay una brizna de hermosura, ni un encanto de bondad, ni un elemento de fuerza que no encuentre en Ti su expresión más pura y su coronación&#8230; ¡Oh Cristo Jesús!, en tu benignidad y en tu Humanidad sustentas [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Secundino Castro</p>
<blockquote><p>«Tú eres, Jesús, el resumen y la cima de toda perfección humana y cósmica. No hay una brizna de hermosura, ni un encanto de bondad, ni un elemento de fuerza que no encuentre en Ti su expresión más pura y su coronación&#8230; ¡Oh Cristo Jesús!, en tu benignidad y en tu Humanidad sustentas verdaderamente toda la implacable grandeza del Mundo. Y es en virtud&#8230; de esa inefable síntesis, realizada en Ti&#8230; que mi corazón, enamorado de las realidades cósmicas, se entrega apasionadamente a Ti.» (P. Teilhard de Chardin)</p></blockquote>
<p>En este tiempo de Pascua, en el que la experiencia del Resucitado invade todos los espacios de la Iglesia, me ha parecido bien hacer unas breves reflexiones sobre Jesús, de la mano del conocido teólogo Hans Urs von Baltasar.</p>
<p>«Sólo existe Jesús», escribió Teresa de Lisieux con grandes trazos en la pared de su celda. Estas palabras no son sólo el fruto de un enamoramiento, sino la expresión más fundamental del cristianismo. En realidad fuera de Dios sólo existe él, y nosotros en él (cf. Ef 1,1-14; Col 1, 15-20). Juan resume en una frase lapidaria su experiencia del Señor: «Hemos contemplado su gloria» (Jn 1,14). La gloria en las antiguas Escrituas sólo se refiere a Yahvé. Antes Dios hablaba «fragmentariamente» (Hb 1,1), pero ahora lo ha hecho «de una vez» y en unidad absoluta (Hb 1,1; Gál 3,24; 4,2).Todas las formas, figuras e imágenes se abisman en plenitud «en quien reside toda la plenitud de la Divinidad corporalmente» (Col 1,9;Hb 1,2: «Heredero de todo»). Él es el Uno, el principio unificador, «irradiación de su gloria e impronta de su sustancia» (Hb 1,3). En el Uno se asume todo, no se sobrepasa.</p>
<p>El Verbo se ha hecho carne (no se ha vestido de carne). Lo griego (el logos) y lo hebreo (la basar, el tiempo, la historia) se han fundido, se han unificado en Jesucristo, alfa y omega. Que el Verbo se haya hecho carne significa que ha asumido lo finito, su contrario, la muerte, el tiempo. La expresión existencial más vibrante de esto se halla en el lavatorio de los pies (Jn 13); Dios lavando los pies al hombre.</p>
<p>La historia de Jesús, su vida, sus palabras, sus gestos, se constituyen en la sabiduría suprema de Dios y, por consiguiente, en la belleza suprema. El Logos eterno sólo puede verse en el hombre Jesús de Nazaret, el carpintero, el predicador, el crucificado, el hijo de María, la humillada-exaltada («La humillación de su esclava»). Aquí se halla la sabiduría que supera todo conocimiento (Ef 3,19). No puede haber una sola actitud en la vida de Jesús que no se constituya en instancia suprema y crítica.</p>
<p>Su luz nos llega en la comprensión neotestamentaria de los autores sagrados. La lectura que realiza el NT no puede ser sobrepasada retrotrayéndola a su realidad fáctica, pero sí ha de ser confrontada para lograr captar a fondo la intencionalidad de los hagiógrafos. Jesucristo no puede ser otra cosa que la expresión gratuita del hecho del amor de Dios casi irrefrenable para con el hombre. La faz de Cristo irradia la gloria trinitaria (2Cor 4,6); y produce en quien hace suya su forma de vida «la esperanza de la herencia incorruptible» (1Pe 1,4). Esa esperanza produce ya «alegría rebosante, inefable y gloriosa» (1Pe 1,8). Este gozo interior, escatológico, genera una intuición que el Espíritu derrama y que hace comprender todo desde la inmensa majestad de Dios que lo inunda (Cf. 1Pe 4,13). Nunca más a propósito las palabras con que Juan de la Cruz cierra su explicación de la canción quinta: «Y así, en este levantamiento de la encarnación de su Hijo y de la gloria de su resurrección según la carne, no solamente hermoseó el Padre las criaturas en parte, mas podemos decir que del todo las dejó vestidas de hermosura y dignidad» (C 5,4).</p>
<p>Se tiene la sensación de que en el AT se dio un pathos vigoroso concentrado al principio. Éste se fue bifurcando en las diversas instituciones: profetas, salmos, culto. En los sapienciales se pierde la experiencia y se fija el concepto; nace la apocalíptica como confesión de la carencia de esta gloria aquí en la tierra. Las promesas del segundo y tercer Isaías no parecen realizarse y quedan abiertas a una promesa que será total novedad. Ésta se expresa en el NT., en el que la gloria, la energía y la «maiestas» se despliegan incontenibles en Jesucristo, desde el que se inunda la creación, pero sobre todo sus seguidores.</p>
<p>El evangelio de Juan es expresión de esta gloria desbordante que empapa incluso su literatura. Escribe K. Adam: «Todos los personajes y sucesos por él pintados llevan algo de intemporal en sí mismos. Son comouna transparencia de lo eterno; lo mismo en su vida anterior a la historia que en su aparición histórica y posthistórica. El Hijo del hombre sigue en el «seno del Padre» aun cuando obre sobre la tierra. Los ángeles de Dios se ciernen sobre él aun en Galilea y Jerusalén. De ahí que Juan no sienta ya lo humano de Jesús como algo extraño a la Divinidad de Jesús. Como una humillación, sino como transparencia y manifestación visible de lo divino. A través de su humildad brilla la gloria divina de Cristo» (<em>El Cristo de nuestra fe</em>. Barcelona, 1966. Sobre la majestad y gloria que inunda a sus seguidores, escribe Juan de la Cruz: «Ordinariamente traen en sí un no sé qué de grandeza y dignidad, que causa detenimiento y respeto a los demás, por el efecto sobrenatural que se difunde en el sujeto de la próxima y familiar comunicación con Dios, cual se escribe en elÉxodo, de Moisés, que no podían mirar su rostro (34,30) por la honra y gloria que le quedaba, por haber tratado cara a cara con Dios» (C 17,7). La tradición carmelitana sintetiza la experiencia espiritual en dos palabras: «Véante, mis ojos». Tiene razón la doctora de la Iglesia, Teresa de Lisieux: «Sólo existe Jesús».</p>
<p>Artículo publicado en <a href='http://www.ocdcastilla.org/' target="_blank" rel="noopener noreferrer">http://www.ocdcastilla.org/</a></p>
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		<title>Fisonomía del Buen Pastor (Breves pinceladas)</title>
		<link>https://cipecar.org/blogs-firmas/secundino-castro/temas-biblicos/fisonomia-del-bueno-pastor-breves-pinceladas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 May 2011 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Temas bíblicos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Secundino Castro La Biblia denomina a Yahvé Pastor de Israel en no pocos lugares. Jesús recupera para sí esta imagen tan entrañable de algunos pasajes, sobre todo del salmo 23 (cf. Is 40,11; Jr 31,9; Sal 100,4). En el libro de Ezequiel el futuro Pastor se identifica con el nuevo David (cap. 34), es decir, [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Secundino Castro</p>
<p>La Biblia denomina a Yahvé Pastor de Israel en no pocos lugares. Jesús recupera para sí esta imagen tan entrañable de algunos pasajes, sobre todo del salmo 23 (cf. Is 40,11; Jr 31,9; Sal 100,4). En el libro de Ezequiel el futuro Pastor se identifica con el nuevo David (cap. 34), es decir, con el Mesías. El pasaje del Buen Pastor del evangelio de Juan es uno de los más encumbrados del N.T.,por lo que a la experiencia de Dios y de Cristo se refiere. Para su comprensión es necesario tener en cuenta todo el capítulo 10 de Juan, donde además del tema del Pastor se aborda el sentido de la fiesta de la Dedicación del Templo, la alusión a Salomón y un discurso de Jesús en el que esclarece todo lo precedente. La voz del Pastor que oyen las ovejas, no sólo alude a la predicación de Jesús, sino también a su voz interior, que se deja oír en la comunidad joánica ya formada. Se llegará a hablar de un conocimiento mutuo entre el Pastor y las ovejas, que Jesús comparará con el conocimiento que él tiene del Padre (10,15). El discipulado queda encumbrado así a la vida trinitaria. Esta experiencia de conocimiento mutuo adquirirá tonalidades excepcionales (1Jn 2,20-27). El relato del Buen Pastor nos habla de la experiencia cumbre del N.T. Su intensidad debe ser comparada con los discursos de la Cena.</p>
<p>Aunque los versículos 1-6 parezcan simplemente una descripción de dos tipos de pastores, es indudable que ya están transidos de cristología. Una serie de palabras nos orientan en este sentido: «En verdad, en verdad os digo»; «escuchar la voz», «redil» (<em>aulé</em>) y «seguir». Aunque este vocabulario pudiera ser utilizado para describir las vicisitudes de un rebaño, en el evangelio de Juan desborda ese contenido, porque el autor deja entender que ha proyectado sobre él la luz de Pascua, y además así lo indica la filología del texto. Algunos exegetas han visto en esta preciosa comparación (10, 1-18) el núcleo del evangelio, incluyendo las bodas de Caná: el Reino de Dios en la muerte y resurrección del esposo como misterio nupcial.</p>
<p>Ya sabemos que la expresión «en verdad, en verdad os digo» garantiza con absoluta certeza la afirmación o afirmaciones que siguen a esta expresión. En 10,7 volverá a aparecer para indicar que Jesús es la puerta. «Escuchar la voz» o «conocer» la voz responde a una fórmula clásica del A.T. En Juan se hablará de escuchar la voz o palabra de Jesús. Con este término muy posiblemente se hace una alusión al Cantar de los Cantares. La palabra «redil» (<em>aule</em>) nunca en la Biblia griega se aplica a un rebaño de ovejas, siempre alude a los atrios del templo. Por tanto Jesús está aquí hablando del Templo como redil. Por su parte, «seguir», término clásico en la tradición sinóptica, abre (1,37) y cierra (21,22) el evangelio de Juan. El redil es el Templo del que saca Jesús a sus ovejas yendo delante de ellas. Como aparecerá al final de este capítulo, cuando se hable de la fiesta de la Dedicación, Jesús es el nuevo Templo a donde conduce a sus ovejas. El evangelista parece que tiene presentes aquellas palabras del salmo 100,4: Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos». Recuérdese a este respecto la purificación del Templo (Jn 2,13ss).</p>
<p>En los primeros versículos se anticipa cuanto después se va a desarrollar a lo largo del capítulo. Presentan simplemente el proceso que un pastor, al que todavía no se llama bueno, lleva adelante. Al fondo ciertamente se adivina que se está hablando de Jesús. Aunque en este primer momento también el discurso fluye sobre la descripción de un aprisco, se intuye ya sin mucho esfuerzo otra realidad. El capítulo presenta muchas similitudes con el 18, donde se habla de la portera del sumo sacerdote (18,17), que delatará y humillará a Pedro, a quien en el capítulo final (21,15-19) Jesús le encargará su rebaño, después de haberse declaro él pastor (10,11.14) y puerta (10,7.9) del mismo.</p>
<p>Algunos piensan que el portero del que habla nuestro texto sería Caifás, «sumo sacerdote de aquel año» (18,13). Pero, más bien es Yahvé, el guardián del rebaño de Israel (Sal 23,1; 80,2,), quien abre gozoso las puertas a Cristo, cuya voz escuchan las ovejas. Como piensan muchos, no estamos aquí ante una escena pastoril porque el trasfondo del relato se halla en la idea de Yahvé Pastor de Israel. El versículo 3 está lleno de densidad. La palabra «escuchan» -«las ovejas escuchan su voz.»-, debe ser entendida con toda la intensidad que la Biblia concede a este vocablo: obedecer y conocer. A continuación se nos dirá que el Pastor llama a las ovejas una por una, es decir»por su nombre», rasgo de suma intimidad. A estas ovejas que llama por su nombre «las saca fuera». El término griego<em> ecxagei </em>(saca) equivale aquí a hacer el éxodo. Obedecen gustosas esa voz que las invita a abandonar las instituciones de Israel. Jesús las conduce a sí mismo: Templo sin muros, -ya no habrá redil-. «Un solo rebaño y un solo Pastor» (Jn 10,16), a la libertad plena del Espíritu; a las praderas sin fronteras de Cristo, de pastos abundantes: &#8216;Yahvé es mi pastor, nada me falta, en verdes pastos me hacereposar» (Sal 23,1ss). ¡Qué bien entendió ese reposar y verdes pastos Teresa de Lisieux! Como hemos dicho el salmo 23 se halla al fondo de esta composición; y también el salmo 100.</p>
<p>Jesús no ha entrado, pues, en el redil de forma violenta como otros que intentaron apoderarse del rebaño al estilo zelota. Las ovejas conocen la voz del Pastor y el Pastor la de las ovejas. Más adelante se interpretará en este mismo capítulo esta intimidad desde perspectivas nupciales. «Las ovejas oyen voz» (Jn 10,27) se vinculará a «¡La voz de mi amado!» (Ct 5,2). Este Pastor, como es evidente, no busca ningún lucro en el cuidado de las ovejas, sino que entrega su vida por ellas (cf. Is 53,12). Estamos en plena nueva Alianza; es el Pastor con creces de la Alianza, soñada en los últimos escritos de la Biblia hebrea.</p>
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		<title>El Evangelio de Juan, resplandor de la Pascua</title>
		<link>https://cipecar.org/blogs-firmas/secundino-castro/temas-biblicos/el-evangelio-de-juan-resplandor-de-la-pascua/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 May 2011 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Temas bíblicos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Secundino Castro En este tiempo pascual, en el que la liturgia se embellece y vibra con el evangelio de Juan, me parece oportuno hacer una presentación de sus contenidos. El cuarto evangelio, tan profundo y portador de tanta riqueza; de apariencia compleja, resultado de profundas reflexiones sobre el ser de Jesús y su sentido para [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Secundino Castro</p>
<p>En este tiempo pascual, en el que la liturgia se embellece y vibra con el evangelio de Juan, me parece oportuno hacer una presentación de sus contenidos. El cuarto evangelio, tan profundo y portador de tanta riqueza; de apariencia compleja, resultado de profundas reflexiones sobre el ser de Jesús y su sentido para el hombre y el mundo, es para muchos un enigma insoluble (Schweitzer), o un caos (Wellhausen). Yo creo más bien lo contrario. Intentaré exponer aquí su esquema esencial lo más clara y brevemente posible.</p>
<p>El escrito de Juan contiene veintiún capítulos. Al último muchos le consideran epílogo, pero en realidad es un capítulo muy rico. Sin él, algunas cosas importantes quedarían sin esclarecer. El evangelio contiene también un prólogo (1,1-18), que puede ser considerado como síntesis recapituladora o introducción general.</p>
<p>El evangelio se abre (1,19-34) con la presencia de Juan Bautista (símbolo del AT), que anuncia la llegada de Jesús. Juan representa al AT que se retira, al entrar Cristo, de quien da un vibrante testimonio. Le otorga cinco títulos (expresión del AT). Afirmará tres veces no ser el Esperado; mientras también Jesús repetirá tres veces el famoso «Yo soy» (8,24.28. 58). A continuación entra en escena Jesús (1,35-51), que elige cinco discípulos, que le dan siete títulos, que sumados a los del Bautista, hacen doce: el nuevo Israel, que se adivina también por la referencia que hace Jesús a Jacob (1,51). Ya tenemos el nuevo pueblo. ¿Hacia dónde se dirige? Hacia todos los hombres: un judío: Nicodemo; una Samarita: hereje del judaísmo; y un pagano: el funcionario real (cap 3-4); el mundo conocido por el evangelista.</p>
<p>Jesús le había dicho a la Samaritana que «la salvación viene de los judíos» (4,22); por eso el evangelio ahora desde el capítulo 5 al 12 se va a dirigir a recrear el judaísmo. Comienza el proceso con el capítulo 5 en que el famoso paralítico, junto a la piscina, representa al pueblo de Israel, que no ha hecho el éxodo auténtico. El evangelio nos ofrece algunos datos que nos conducen a esta interpretación. Le cura, y el paralítico se pone a andar (5,9). Comienza el éxodo, que va a tener su auténtica expresión en el capítulo 6 con el paso del mar, la multiplicación de los panes, y la Eucaristía como nuevo maná.</p>
<p>Siguiendo en la reconstrucción de Israel, ahora Jesús se manifiesta en pleno corazón de Jerusalén, en la fiesta de los Tabernáculos, celebración que recordaba los tiempos del Éxodo (cap 7-8).En esa fiesta se daban dos momentos cumbres: el rito del agua y el de la luz. En torno al agua, Jesús se proclama la fuente que sacia: «El que tenga sed, venga a mí y beba» (7,38), y acerca de la luz, hará la gran declaración: «Yo soy la luz del mundo» (8,12). Proclamadas estas dos promesas centrales de la Escritura, Jesús abandona definitivamente el templo.</p>
<p>Como expresión de la fuente de agua viva y de la luz, que es Jesús, el evangelista nos brinda la preciosa narración del ciego de nacimiento, que se halla en el capítulo 9. El ciego, que lo ha sido toda la vida, de nacimiento, va a ser lavado (fuente) e iluminado (luz) en Jesús, nueva fuente de Siloé o del Enviado. De judío pasará a ser cristiano; y en un proceso creciente irá descubriendo la persona de Jesús hasta adorarlo y proclamarlo «Señor» (9, 38), después de haberle ofrendado siete títulos.</p>
<p>Con el ciego, hemos llegado a la confesión de Jesús como Señor. El ciego representa al nuevo discipulado, al que ahora Jesús se revela como el Pastor ideal (10,1ss), que le saca del templo, el redil, y ya no les conducirá a un nuevo redil, sino a la libertad plena, pues en esta nueva situación Jesús será la puerta siempre abierta por donde se puede entrar y salir hacia praderas sin fronteras. La alusión a Salomón (10,23), en este pasaje, nos muestra que Jesús será el nuevo Templo, sin características de redil, y el esposo del Cantar. El capítulo 10 muestra a Jesús en tres realidades: Templo, pastor y esposo. La voz del Pastor que escuchan las ovejas, se convierte aquí en «la voz de mi amado», del Cantar, que llama a la Amada [las ovejas] (10,27).</p>
<p> Con Lázaro resucitado (cap. 11), se nos muestra hacia donde se dirige la revitalización de Israel, a la vida eterna, a la vida sin fin, a la nueva comunidad. Jesús es la vida (11,25). Más tarde él mismo afirmará: «Yo soy el camino, la verdad y la vida (14,6). Lázaro es el resto de Israel puesto en pie, Marta y María representan dos tipos de comunidad. Marta, más apegada al judaísmo y María, la comunidad más evangélica. Las dos formas de cristianismo que aparecen en los Hechos de los Apóstoles.</p>
<p>La resurrección de Lázaro pone punto y final a la construcción del nuevo Israel. Por eso, quizás, en el capítulo 12 Jesús queda convertido en el centro de atracción universal. En efecto, su comunidad le ofrece una cena (12,1-8), los que suben a purificarse a Jerusalén, le buscan (11,55-56), el pueblo le recibe con palmas (12,12-15), unos griegos suplican poder verlo (12, 22-23), y hasta el mismo Padre sale a la escena para proclamar que le seguirá glorificando: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré» (12,28). Cristo, ayer y hoy, suyo es el tiempo y la eternidad, a él la gloria incorruptible.</p>
<p>Y ahora Jesús sabe que para que ese proceso, que ha seguido hasta aquí, llegue a su realización plena, debe pasar por la Pasión, cuya antesala es la así llamada última cena (cap. 13). En ella se expresa el dinamismo de la entrega, la donación sin límites al Padre y a los hombres. La cena y los discursos que le siguen (13-17) tocan la esencia de lo cristiano, y su lirismo místico y teológico alcanzan las cumbres.</p>
<p>Y por fin, la Pasión (18-19), esa «hora» que ha venido anunciándose a lo largo de todo el evangelio. Es un momento de inmenso dolor y de inmensa humillación para Jesús, pero que su discípulo evangelista ve con ojos de luz pascual. Todo se trasforma en gloria. Antes de ser capturado Jesús, deja su identidad proclamando tres veces el «Yo soy» (18, 5-8). Expulsado del huerto, terminará siendo enterrado en el huerto (19,40-42), donde el grano de trigo (12,24) produce una cosecha sin fin. También el preso Jesús será proclamado rey por el representante de Roma, y su cruz se transfigurará en una fuente de bendiciones (el agua y la sangre) que alcanzará a todos los hombres.</p>
<p>Y el huerto de su tumba se transfigurará, y de allí saldrá el Rey, como el esposo de su tálamo, ungido con cien libras de mirra y áloe (19,39), los perfumes del esposo rey del salmo 45. La mañana de Pascua el rey inaugurará la nueva creación y el nuevo éxodo. El sepulcro de Jesús se ha trasformado en un lecho, y el templo de Jerusalén en un sepulcro.</p>
<p>Finalmente, en el capítulo 21 se mostrará a Jesús en medio de una misión, no se trata de una pesca de peces. La red, la Iglesia se llenará de toda clase de gentes, sin que por ello se rompa. Aquí se no revelará el misterio de Pedro y el del discípulo amado. Y la última palabra de Jesús: «Tú, sígueme» (21,22), proseguirá resonando en todos los tiempos y lugares. Tú, sígueme&#8230;</p>
<p>Escribe K. Adam: «Todas las personas y sucesos por él pintados (el evangelista) llevan algo de intemporal en sí mismos. Son como una transparencia de lo eterno. Su Cristo es siempre el mismo Cristo intemporal, eterno, lo mismo en su vida anterior a la historia que en su aparición histórica y poshistórica. El Hijo del hombre sigue &#8216;en el seno del Padre&#8217;, aun cuando obre sobre la tierra. Los ángeles de Dios se ciernen sobre él aun en Galilea y Jerusalén. De ahí que Juan no sienta ya lo humano de Jesús, al modo de Pablo, como un contraste, como algo extraño a la divinidad de Jesús, como una humillación, sino como transparencia y manifestación visible de lo divino. A través de su humanidad brilla la gloria divina de Cristo».</p>
<p>Basten estas breves consideraciones sobre las pretensiones del evangelista para comprender el evangelio de Juan como foco de luz y torrente de gloria que ilumina y fecunda al mundo. Ya en el cap 2 se nos advertía que el proyecto de Jesús era un festín mesiánico-nupcial (bodas de Caná), y una nueva alianza (purificación del templo).</p>
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		<title>Pascua: la carrera de los discípulos hacia la aurora</title>
		<link>https://cipecar.org/blogs-firmas/secundino-castro/temas-biblicos/pascua-la-carrera-de-los-discipulos-hacia-la-aurora/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Virtual Revolut OÜ]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 25 Apr 2011 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Temas bíblicos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Secundino Castro Me ceñiré a Jn 20,1-10, dejando para otra ocasión el proceso final de fe de María Magdalena. Los Sinópticos hablan de varias mujeres en la mañana de Pascua, en cambio, Juan solo menciona a la Magdalena. Como no es posible que haya habido dos visitas al sepulcro, y que en ese caso la [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Secundino Castro</p>
<p>Me ceñiré a Jn 20,1-10, dejando para otra ocasión el proceso final de fe de María Magdalena. Los Sinópticos hablan de varias mujeres en la mañana de Pascua, en cambio, Juan solo menciona a la Magdalena. Como no es posible que haya habido dos visitas al sepulcro, y que en ese caso la Magdalena haya ido dos veces, se piensa que Juan la ha tipificado, cosa no extraña en él (3,1ss; 4,1ss.; 4,46ss.; 5,1.ss; 11,1ss.; 3,34ss.). Curiosamente al principio de la narración, la Magdalena habla en plural (20,2).</p>
<p>En lo referente a la ida al sepulcro se nota alguna diferencia entre Juan y Marcos. Éste dice: «muy de madrugada&#8230; a la salida del sol» (16,1). El dato de la oscuridad o tinieblas es exclusivo de Juan. Es sabido que las tinieblas en este autor siempre dicen relación a carencia de Cristo (3,19; 6,17; 12,35), por ello hay que admitir en ellas un elemento teológico: María todavía no ha llegado a la fe. No sabemos si también se ha querido determinar que, cuando fueron las mujeres al sepulcro, aún no había amanecido. «Una visita al sepulcro cuando todavía es de noche, resulta inverosímil. Ahora bien, ¿dónde estaría el simbolismo? No en Jesús, que ya ha resucitado, sino más bien en los hombres, en quienes todavía no ha brotado la fe en su resurrección» (R Schnackenburg). Esa oscuridad está en el alma de la Magdalena.</p>
<p>El relato de la ida de la Magdalena «a oscuras» al sepulcro podría proporcionarnos el primer contacto literario-simbólico con el Cantar: «En mi lecho por la noche, busqué al amor de mi alma, lo busqué y no lo encontré Me levanté y recorrí la ciudad. Busqué al amor de mi alma, lo busqué y no lo encontré» (Ct 3,1-2). A la noche del Cantar corresponderían las tinieblas de Juan; a la palabra buscar, que se repite cuatro veces en el Cantar, las palabras de Jesús: «¿A quién buscas?» (20,15).</p>
<p>Anteriormente (19,40) se habla de que envolvieron a Jesús con sábanas juntamente con los perfumes, que eran 100 libras de mirra y áloe (19,39). Según Proverbios 7,17 estos perfumes servían para aromar la alcoba. Y el salmo 45,9 dirá que a mirra y áloe huelen los vestidos del Rey-Esposo. En el Cantar 4,14-15 quizás podemos encontrar la imagen que persigue al evangelista: «Nardo, azafrán, Mirra y áloe con los mejores bálsamos, fuente de los huertos. Juan también habla de un huerto (19,41).</p>
<p>Ya hemos dicho que a Jesús no le ataron los pies y las manos con vendas, sino que ligaron (ataron) su cuerpo con sábanas (empapadas en aromas). Por otra parte, el empleo de tantos aromas parece un dato que pudiera entrar en contradicción con Marcos 16,1 y Lucas 24,1, que sitúan la unción no la víspera, sino a la mañana siguiente.</p>
<p>No se olvide, por otra parte, que según el A.T. los reyes eran sepultados en huertos (2Re 21,18.26; Neh 3,15-16). «La existencia de este huerto (del que habla Juan) es históricamente posible; por otra parte, su mención puede encerrar una intención simbólica. De acuerdo con el carácter suntuoso del sepelio, ¿evocará a los jardines donde se enterraba a los reyes de Judá?» (X. Léon-Dufour).</p>
<p>De la combinación de los datos que vamos ofreciendo, principalmente de esas alusiones veladas al Cantar, que después se harán más explícitas: la excesiva cantidad de aromas, la posible alusión al salmo 45,9, el hablar de sábanas en vez de vendas, el que se aluda al huerto y al hortelano, nos deja suponer que Juan considera el sepulcro en el huerto como el lecho de un rey.</p>
<p>El simbolismo se acrecienta si consideramos que al muerto se le ponía sobre una mesita o repisa. Si estaban allí los lienzos extendidos cuando se acercan corriendo Pedro y el Discípulo Amado, pudieron imaginar que se trataba de un lecho preparado. La narración está trenzada desde perspectivas teológicas con apoyo real.</p>
<p>María piensa que la piedra quitada es síntoma de robo. Ella iba (en la noche) a buscar a un muerto. No olvidemos que Juan cuando describió el entierro de Jesús nunca habló de losa (19,42). María, como se dirige al sepulcro cuando todavía había tinieblas, no percibe las cosas con claridad.</p>
<p>A continuación se nos dice que salieron Pedro y el otro discípulo. El texto griego no dice salieron, sino «salió». Este verbo, en singular, nos advierte que la decisión de salir fue de Pedro, a quien acompañó el otro discípulo. Son los discípulos más representativos. En el capítulo 21 se nos explicará el sentido de cada uno. Los dos emprenden una carrera hacia el sepulcro. Esto indica que el amor por Jesús es total en ambos. Pero el discípulo que Jesús amaba corre más deprisa y llega antes. Quizás tengamos aquí un simbolismo. ¿Se trata de una carrera material o teológica? ¿No será que llega antes a Jesús aquel que más le ama? Pedro quizás represente la autoridad: la que decide, pero la experiencia la tiene el Discípulo Amado ¿La carrera hacia el sepulcro no será un proceso de fe y de amor?</p>
<p>El discípulo que amaba Jesús y que llega antes observa los lienzos extendidos, empapados en los aromas. Sin duda, piensa que aquello es un lecho preparado. Pero, como consta por el versículo siguiente, no entra, por esperar a Pedro. Esto indica que Pedro tiene una cierta autoridad sobre ese discípulo.</p>
<p>Llega Pedro y contempla los lienzos extendidos, y ve algo más. Pero antes de explicar el objeto de su visión, quiero fijarme en la palabra «siguiéndole». Históricamente hablando este gerundio refleja el hecho de que Pedro va detrás del discípulo amado hacia el sepulcro. Pero este verbo es el que usa Juan para hablar del seguimiento teológico. ¿Pedro, que ha negado a Jesús, tiene ahora que seguir al discípulo que permaneció fiel, y que en este momento hace las veces de Jesús? «En Juan, «seguir» es el término que designa la condición del discípulo» (R.E. Brown).</p>
<p>Pero Pedro ve además que el símbolo de la muerte, el sudario, estás separado del símbolo de las bodas, sábanas. El v. 7 ofrece no pocas dificultades de traducción. Juan dice que le pusieron el sudario sobre su cabeza. De Lázaro dirá, en cambio, que tenía la cara cubierta. Ordinariamente nuestro versículo en cuestión se traduce: «y el sudario plegado en un lugar aparte». Pero en Juan la preposición «en» (eis) siempre tiene sentido dinámico. No se puede traducir por «en», sino por «hacia»: «envuelto hacia un lugar». Algunos, afinando aún más desde la filología, traducen «envolviendo un lugar». Posiblemente estamos ante un gran simbolismo. Curiosamente, Juan en alguna ocasión denomina al templo de Jerusalén el lugar (4,20; 5,13; 11,48). Mi opinión es que Juan quiere decir que el sudario, símbolo de la muerte, está envuelto hacia el templo. La muerte, de la que es símbolo el sudario, amenaza al templo. En tiempo de Juan el templo, destruido con sus moradores dentro y después arrasado, era un cementerio. El sepulcro de Jesús se había convertido en un lecho y el templo en un sepulcro.</p>
<p>Se dice del discípulo amado que creyó, cosa que no se afirma de Pedro. Mi opinión es que Pedro creyó primero y después el discípulo amado creyó también. Otros autores no piensan lo mismo. Si seguimos en la idea de que estos dos discípulos son representativos, observamos que el carismático llega primero (Discípulo Amado), pero necesita la confirmación de la autoridad (Pedro).</p>
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