Séptimo «Cuarto de Hora»

Reflexión: La verdadera paz

(Una historia que nos enseña la importancia de nuestra paz interior).
Había una vez, un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas intentaron, y el rey observó y admiró todas las pinturas que le presentaron pero solamente hubieron dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

– La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas placidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos aquellos que miraron esta pintura pensaron que ésta reflejaba la paz perfecta.

– La segunda pintura también tenía montañas. Pero éstas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacifico.

Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, miró tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado placidamente un pajarito en el medio de su nido…

Paz perfecta… ¿Cual crees que fue la pintura ganadora?

El Rey escogió la segunda. ¿Sabes porque?

-«Porque,» explicaba el Rey, «Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.

Contenido Teresiano

El Dios teresiano es un Dios suave, amoroso. Porque el amor es así. Una vivencia de un amor que aprieta, que limita, que paraliza, es una experiencia negativa del amor, no es vivir por amor; es vivir en el egoísmo y en la búsqueda de mis propias necesidades y deseos.

La suavidad es la manifestación del espíritu, Dios es así de suave como la brisa del mar, como el aire que toca nuestra cara, como esa plantita en medio de la cascada que puede crecer a su ritmo y a su manera.

Es el Dios que no te exige más de lo que tú puedes y quieres entregarle. Es el Dios que te espera y te acompaña. El Dios que no necesita tantas cosas para manifestarte su infinito amor y su ternura. Es ese Dios que te ofrece la paz en lo sencillo, sin tantas cosas, sin tantas palabras, sin tantas consideraciones.

Teresa vive profundamente esta experiencia de amor así, por eso cuando nos invita a ser amigos de Jesús nos recuerda que Jesús no está esperando otra cosa de nosotros sino que le miremos, ya con ese deseo El se conmueve y nos llena de su presencia y de su incomparable compañía.

«¡Oh Amor, que me amas más de lo que yo no puedo amar ni entiendo! ¡Que delicada y pulida y sabrosamente nos sabéis tratar!» Exclam. 17
 
«Y en todo se sirve Dios. Suave es su yugo, y es gran negocio no traer el alma arrastrada, como dicen, sino llevarla con suavidad, para su mayor aprovechamiento». V. 11, 16

Canta: Para escucharte (Entra como puedas)

PARA ESCUCHARTE, MI CORAZÓN ABRE LAS PUERTAS A TU AMOR,
ABRE LOS BRAZOS A TU ABRAZO DE PERDÓN,
PARA ESCUCHARTE.
 
Para escucharte no hacen falta tantas cosas
para escucharte yo necesito la ternura de tu voz.
 
Para escucharte, no hay palabras ni razones,
para escucharte, en el silencio oigo el murmullo
de tu amor.