María está siempre presente en nuestra vida. Como madre, no se impone, actúa discretamente a la sombra de Jesús y movida por Espíritu Santo. En su ternura materna se acerca y descubre a cada uno de sus hijos. Encontrar a María es un don; pero es también fruto de la oración. Cuando uno se encuentra con Ella quiere darla a conocer, hacerla amar.

PALABRA DE DIOS. «Alégrate, llena de gracia» «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús» «El Espíritu Santo, vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra». «He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra» (Lc 1, 28. 31. 35. 38).

ORACIÓN. Virgen María, Inmaculada. Madre llena de Amor. Elegida y querida por el Padre, llena del Espíritu Santo. Tú nos das a Jesús. Acudimos a ti, somos tus hijos, te miramos con amor. Acogemos en tus brazos, descansa nuestro corazón. Te damos gracias por tu cercanía, por tu sencillez, por tu fortaleza.

APLICACIÓN A LA VIDA. Abre tu corazón a María, deja que te enseñe a amar, a vivir las pequeñas cosas de cada día. Dile antes de acostarte: «María, confío en ti, acógeme en tu regazo».