¿Quiénes somos? Somos una pequeña semilla eclesial, que ha brotado en el corazón del Carmelo Teresiano para orar.

Es una pequeña semilla. Los GOT (Grupos de oración teresiana) no son algo grande y llamativo, aunque se los conoce en algunas naciones, sobre todo allí donde están miembros de la Familia del Carmelo.

Sembrar las pocas semillas que uno tiene siempre comporta un riesgo; de ese riesgo habla el salmo 125: «Al ir iban llorando llevando la semilla, al volver vuelven cantando trayendo la gavilla». El campesino tenía tan pocas semillas que, sembrarlas, era dejar sin alimento a su familia, pero el riesgo trae consigo una fecunda cosecha.

Los GOT son algo pequeño, como todo aquello de lo que se sirve Jesús para hablar del Reino: un grano de mostaza, un poco de levadura, un niño, una palabra (Abbá) recogida del lenguaje de la calle y que se puede decir casi sin dientes, soplando. Pero tiene una impensable fecundidad. ¡Quién conoce el eco insospechado de la gota de agua que cae en un estanque!

Los GOT no pretenden determinar la historia sino inspirarla. Los GOT son un comienzo, un brote que aparece lleno de frescura y vitalidad. Al estilo de lo que decía Santa Teresa: “Ahora comenzamos y procuremos ir comenzando siempre de bien en mejor”.

Los GOT son una pequeña semilla eclesial. Siempre aparece la Iglesia en su horizonte, siempre en sintonía con la Iglesia como quería Santa Teresa. «Toda oración auténtica es oración de la Iglesia», recuerda Edith Stein. Y también recuerda que algo acaece en la Iglesia siempre que alguien ora.

Los GOT han brotado en el corazón del Carmelo Teresiano. Las mejores cosas comienzan a nacer en el corazón. El corazón es paradigma de encuentro. Lo mejor que tiene el Carmelo es la oración y ese tesoro es el que ofrece gratuitamente a los que buscan el rostro de Dios. Los GOT surgen de la interioridad del Carmelo, de la creatividad del Carmelo, de la comunión del Carmelo.

La interioridad es una llamada permanente. «Hay almas tan enfermas y mostradas a estarse en cosas exteriores, que no hay remedio ni parece que pueden entrar dentro de sí» (Santa Teresa, Moradas). Quien quiere orar tiene que aprender a relacionarse consigo de otra manera. “De noche iremos, de noche, sin luna iremos, sin luna, que para encontrar la fuente solo la sed nos alumbra” (Rosales).

La interioridad «es un lugar donde saboreo la alegría y la paz que no existen en este mundo. Este lugar siempre ha estado allí. Yo siempre supe que era la fuente de la gracia. Sin embargo, no había sido capaz de entrar y vivir allí de verdad. Con mis pensamientos, sentimientos, emociones y pasiones, estaba constantemente fuera del lugar que Dios había elegido para hacer su morada» (Nouwen).

Somos Una realidad humilde, llamada a ser cauce para ayudar a vivir la fascinante aventura de la libertad cristiana, y ellos a través del camino de la oración tal como nos la enseñan, mediante su experiencia y magisterio, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y los hermanos y hermanas de la familia del Carmelo.

¡Qué bello que se acentúe desde el comienzo el tema de la libertad! Porque orar, al estilo del Carmelo, es aprender a ser libres. Enseñar a orar es enseñar a ser libre y cómo ganar libertad. Solo las personas libres pueden entregarse al «verdadero amigo nuestro» (Camino de Perfección 9,4). Los GOT son una experiencia de libertad. «Para que seamos libres nos liberó Cristo» (Gal 5,1), “donde hay Espíritu del Señor hay libertad” (2 Cor 3,17). La libertad para vivir y anunciar el Evangelio nacen de la libertad que nos ha conseguido Jesús con su muerte y resurrección.

La libertad es el perfume que se respira en los GOT. Si no se respira un aire de libertad, por dentro y por fuera, se está lejos de lo que quieren ser los GOT. De la libertad son testigos apasionados los santos del Carmelo. «Un alma apretada no puede servir bien a Dios» (Carta 376, al P. Gracián).

Las pruebas de la vida son un precioso elemento de discernimiento para saber hasta qué punto somos libres. ¿Qué nos dejan por dentro? ¿Apretamiento del corazón? ¿Libertad? ¿Humor? Las pruebas «son cosillas en que podemos entender si estamos libres» (3 Moradas 2,6).

Los santos del Carmelo son grandes comunicadores de la experiencia de Dios que han tenido. No se guardaron para sí los dones que recibieron del Señor, sino que los pusieron en una mesa común para que los buscadores de los paisajes inexplorados de Dios encuentren luz y ayuda para el camino.

La comunicación de la experiencia siempre la realizan en diálogo con los buscadores, escuchando preguntas, acompañando, tocando la vida concreta. Al estilo de Jesús: «A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,15).

Ellos supieron lo importante que era encontrar ayudas en el camino de la oración, lo fundamental que era encontrarse con testigos que digan con la vida que es posible en esta vida tratar con Dios, lo necesario que es escuchar a quien te comunique lenguaje para aprender el misterioso idioma de la oración.