Este tema nos introduce en el núcleo mismo del Evangelio. Éste no sólo es revelación e iluminación del sentido de la vida humana, sino transformación y praxis.

1. Leer y orar con Lc 10

Este capítulo expresa, en su complejidad, una misma dinámica o hilo conductor, que es el que va a guiar nuestra reflexión: el hombre que cree en el Evangelio vive saliendo de sí mismo.

  • Si es enviado a anunciar explícitamente la buena noticia del Reino.
  • O si su vida consiste en las tareas más ordinarias y anónimas.

El prójimo siempre está ahí. Es importante advertir el carácter realista que Jesús da al amor: Anda y haz tú lo mismo. Es como si no se fiase de nuestra manía por tener que dar razones para todo y nuestra tendencia a refugiarnos en la teoría o en los buenos deseos para sentimos justificados.

2. ¿Por qué decimos que quien está personalizando el Evangelio va haciendo consistir su vida en salir de sí?

  • Comienza por distinguir el amor al prójimo como ley y el amor al prójimo como vida. Aquél se impone desde fuera, y aunque sea realizado con responsabilidad, sólo suscita un orden de conducta, no nos hace «buenos» por dentro.
  • El Evangelio es real si coge al hombre entero, y en la medida que da un sentido a su vida, le hace experimentar la salvación y desencadena un proceso de liberación, cambia la actitud radical hacia el otro, que comienza a ser persona, a tener rostro, a ser alguien para mí, a ser un tú viviente, que goza y sufre, tiene necesidades y al que necesito…
  • El Evangelio es real cuando la fe no se alimenta de fantasías ni disocia lo espiritual y lo material, lo divino y el mundo en que vivimos, la oración y la acción, sino que todo va unificándose por dentro, precisamente, en el amor, porque la calidad de la vida consiste en dar calidad a todo lo real. Cada vez vives menos de proyectos ideales, de objetos imaginarios, y te parece más importante lo que tienes entre manos, mejor dicho, las personas concretas con quienes convives o que te salen, inesperadamente, al paso, especialmente, esas que el Evangelio va descubriéndonos como las preferidas de Dios.
  • Salir de sí es el movimiento íntimo de Dios al enviarnos a su Hijo; es el estilo de Jesús, abierto al Padre y entregado a los hombres; la fuerza del Espíritu Santo, que nos libera de nuestro egocentrismo. Lo cual se realiza cuando nos encontramos (como el samaritano) con alguien que está en la cuneta y, sin más, salimos de nosotros mismos y subordinamos nuestros intereses a los del otro.

3. Con el amor al prójimo ocurre como con todas las cosas importantes de la vida: si vamos cambiando por dentro será el primer sentimiento que aflore; pero será lo último que aprendamos a realizar. ¡Hasta que amemos como el Padre con medida generosa, rebosante! (cf. Lc 6, 35-38). Así que más vale que concretemos nuestra reflexión:

¿Quién es tu prójimo en este momento, a la luz de la parábola del samaritano? – Valora, agradece, alégrate de este cambio de tu corazón, que va aprendiendo a no juzgar, a ver a las personas como algo muy valioso, a ser bueno con los que te cargan, a ser cariñoso con los que te molestan, a compartir tiempo y bienes materiales, culturales y espirituales… – ¿Puedes discernir cómo está produciéndose en ti esta sabiduría del salir de ti mismo, que ya no sientes como una obligación, sino como sentido de tu vida y fuente de libertad? Seguramente no ha sido cuestión de grandes ideas o planes de vida, sino de experiencias concretas, por ejemplo, a raíz de que te aceptaste mejor a ti mismo, o a raíz de la experiencia de ser amado por Dios, o a raíz de una relación afectiva en la que estás madurando, o a raíz de encontrarte con situaciones difíciles de personas conocidas, o a raíz de algún compromiso adquirido de ayuda al prójimo…