1. Entramos en la segunda parte del Evangelio

Con una doble sensación: Por una parte, de que es aquí donde se nos revelan «las riquezas insondables del misterio de Cristo» (cf. Ef 3); por otra, de ser llevados a donde no esperábamos. Este camino se resume en la experiencia que muchos cristianos tienen de su fe: que Jesús es un gran seductor, que hace promesas insospechadas; pero, a la hora de la verdad, lo que nos ofrece no es un camino de rosas, sino de negación y sufrimiento. Por eso, conviene que iniciemos este camino con lucidez cristiana:

  • ¿Tienes alguna experiencia de lo que acabas de leer? ¿Cómo la ves ahora, que, quizá, estás viviendo un proceso nuevo de libertad interior?
  • ¿Cómo andas de confianza en Jesús? ¿Te parece que merece la pena creer en Él, a pesar de todo?
  • ¿Hay en tu vida alguna situación en que la fe es tu fuerza y tu paz, en medio del sufrimiento?
  • ¿Qué te dice esta famosa frase: «¿Qué sabe el que no ha sufrido?»

2. El escándalo mesiánico

Consiste en que el Mesías Jesús viene a traer el Reino, símbolo de nuestros sueños y realización de todas las promesas de plenitud, y sin embargo, lo que acontece es exactamente lo contrario: que es necesario que el Hijo del hombre sufra y muera por nosotros. ¿Por qué? ¿O es que, precisamente, esa sabiduría de la cruz es el único camino para la realización del Reino?

  • Expresa por qué era necesario ese camino. Pero no recurras a ideas aprendidas sobre la Redención, sino a experiencias de sufrimiento que has comprobado como necesarias para ti como persona o para un grupo humano.
  • Más concretamente: ¿En qué aspecto de tu vida has esperado que Dios respondiese a tus expectativas y, sin embargo, te has sentido frustrado? Puede ser algo material, pero también espiritual. Le has pedido, has confiado, creías que debía concedértelo… ¿Cómo has reaccionado ante esta frustración? Resentimiento, desconfianza, desconcierto, rebeldía… O por el contrario, ahí has aprendido lo mejor de tu experiencia cristiana y de tu libertad interior: la obediencia confiada a sus planes, creciendo en amor, comprendiendo el estilo misterioso del actuar de Dios.

3. Las reflexiones anteriores

Servirán para dar contenido real, para que el texto evangélico tenga resonancias vivenciales. Pero conviene que el proceso se haga escucha del Evangelio. Para ello, el texto indicado es Mc 6, 47-8, 30. Ten en cuenta estos aspectos:

  • Que al principio, quizá, la adhesión a Jesús es superficial y que ahora eres llamado a creer en su persona por encima de tus deseos y expectativas.
  • El escándalo mesiánico, la sabiduría de la cruz, sólo puede ser asumida desde el creer sencillo y total en Jesús, si no necesitas controlar todo. Si tus miedos necesitan respuestas inmediatas, el Evangelio te dice que vayas detrás de Jesús sin entender, dejándole a Dios la iniciativa.
  • No se trata, pues, de ser valiente y heroico o de tener un fe que traslada montañas, sino de fiarse con todo lo que somos y vivimos.
  • Todo depende de algo muy simple, que parece insignificante, pero que es invencible: creer en Jesús, confesarle como Mesías. Quizá hagas el acto de fe como Pedro, a lo grande, diciéndole que vas a entregar tu vida por El.

¡Es hermoso! Pero, ¿no será un poco iluso? O quizá lo hagas con la humildad de quien no se siente seguro, pero se abandona confiadamente: «¿A quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna».