Puedes comenzar leyendo y orando con
Lc 5, 3-8.

La Palabra personaliza, discierne desde dentro y nos va dando sentido de nuestra situación.
Así, después de habernos acercado a tanta problemática personal, tras tantos «bombardeos», al irnos dando cuenta de que las cosas no son tan fáciles como desde nuestro idealismo creíamos, sino que, más bien, los procesos son lentos, quizá se produzca cierta desazón y con los discípulos digamos:

«Nos hemos pasado la noche, esforzándonos, y nada»

Ésa puede ser la sensación: que todo esto es difícil, que es lento, que no hay frutos

Pero aquí es donde conviene no perder el horizonte, no perder la perspectiva. Y la perspectiva es ésta: aprender a vivir el ideal resituándolo en proceso:

– Uno sueña con ser cristiano de verdad, comprometerse a fondo, ser radical y coherente, pero después de ser abordado desde tantas instancias se da cuenta de que tiene que revisar un montón de asuntos y aprender a vivir su propio proceso.

Pero de lo que se trata es de darse cuenta de que ambos, ideal y proceso, cumplen su función:

1. El ideal:

Nos abre al sentido de la vida; hace nacer lo mejor de nosotros mismos;

Nos da un horizonte de absoluto, el ideal crea en nosotros un «alma grande»: sólo desde ahí se despierta el centro de la persona: hemos sido llamados a plenitud, ¡somos hijos de Dios!

Un crudo realismo no le basta al hombre. Más aún, ¿se puede ser cristiano sin ideal, sin jugarse el tipo, sin lanzarse a la vida?

Por eso, nos resulta tan importante:

  • Que haya experiencias de incondicionalidad: allí donde ponemos lo mejor de nosotros mismos; aquellos valores, causas, personas, que están más allá de nuestras necesidades, de nuestra gana o desgana, aquello que resulta irrenunciable, con lo que «no se juega»; ¿Qué experiencias de incondicionalidad, de idealismo has vivido y te han marcado?;
  • Soñar: ¿Cuáles son tus sueños profundos?: deja que broten desde dentro; si no hay sueños profundos no hay vida: tan sólo un «pasar al lado de la vida»;
  • Crear interés vital, dinamizar el deseo: Hoy por hoy, ¿ cuál es mi interés vital? ¿Qué me hace «vibra» En esta época posmoderna se hace necesario volver a desear a fondo;
  • Tener o hacerme con un centro personal desde donde vivir: ¿dónde, en qué ámbitos te dejas vivir, allí donde te sientes que eres tú, respiras, nace lo mejor de ti … ? Busca tus propios espacios personales;

¿Qué hay de nuestro fondo religioso?. Puede que de pequeños nos lo transmitieran nuestros padres, o puede que en este mundo secularizado se haya perdido. En cualquier caso: ¿qué ha quedado de todo aquello: vacío, una sensación global de que Dios es «cosa seria «, que es Alguien, un contenido afectivo o más bien ley, miedo, rechazo?

Pero el ideal tiene su ambigüedad:

  • ¿No será para algunos pura exigencia de su super-yo, de quien no se soporta así mismo como es?;
  • ¿No mantendrá en la ensoñación, en lajantasía, en el puro deseo?;
  • ¿No será unaforma de protegerse de la realidady sus riesgos? ¿un montaje?

2. Por eso, hace falta el proceso para:

  • Confrontarse con la propia limitación;
  • Aprender a respetarse d uno misma, sus ritmos, dar tiempo;
  • Un conocimiento real de uno mismo, andar en vordad, ser humilde;
  • Tener sentido de uno mismo, discernimiento, vivir desde dentro.

Pero vivir sólo el proceso también es ambiguo:

  • Si uno bajo razón de proceso se hace incapaz de salir de sí, de ir más allá de sí mismo;
  • Si el proceso destruye la capacidad de soñar; si uno, perdidas las «ilusiones». pierde también la ilusión;
  • Si uno vive el proceso como una mera terapia de necesidades insatisfechas y es incapaz de ver que la persona está más allá;
  • Si tu autenticidad de lograrte como persona te impide ver la mano de Dios detrás de todo el camino.

Por eso,

Qué intuiciones más importantes estás teniendo a nivel de proceso?, ¿qué luces o descubrimientos y qué sombras o dificultades? ¿Qué cambio interior vas notando?

¿Percibes el proceso como camino de libertad ofuente de ansiedad y cierto sentimiento de claudicación?

¿Estás curvado sobre ti mismo o eres capaz de salir de ti, de «levantar la cabeza y mirar (Is 53)

En la perícopa, Pedro dice:

Pero ya que lo dices tú, echaré las redes.

La fe posibilita, en último término, ir integrando ideal y proceso.
La fe significa mantener el horizonte absoluto, pero desde la experiencia de que uno se va conociendo y se acepta como es, sabe su limitación, pero es capaz de creer y esperarlo todo de Dios.

Por eso la fe me va permitiendo:

reconciliarme con mi historia, no escapando de ella sino integrando lo que antes era incapaz;

vivir lo bueno y lo malo, dar sentido a mi vida, vérmelas con el sufrimiento, etc.

Pero desde la fe todo esto se hace no al modo del héroe idealista que se cree que puede con todo, sino con sensación de humildad, de pobreza, de que todo es posible pero no desde mí, sino desde la grandeza del corazón de Dios.