«Toda la vida de Cristo es Revelación del Padre: sus palabras y sus obras, sus silencios y sus sufrimientos, su manera de ser y de hablar. Jesús puede decir: ‘Quien me ve a mí, ve al Padre’, y el Padre: ‘Este es mi Hijo amado; escuchadle’. Nuestro Señor, al haberse hecho hombre para cumplir la voluntad del Padre, nos ‘manifestó el amor que nos tiene’ con los rasgos más sencillos de sus misterios» (CIC 516).

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