Lectio divina 4º Domingo de Adviento: Lucas 1,26-38

Tú eres toda hermosa, ¡oh Madre del Señor!;
Tú eres de Dios gloria, la obra de su amor” (Canto de la Liturgia)

Espíritu Santo, danos capacidad para escuchar la Palabra con corazón dócil, como María y José.

1.- Motivación

San Jose nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca. A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero él tiene siempre una mirada más amplia (Papa Francisco, Patris corde).

Traiga un ordinario apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su vida, la cual debe considerar para saber imitar y haberse en todas las cosas como se hubiera él (San Juan de la Cruz).

En María reconocemos la «sonrisa de Dios», el reflejo inmaculado de la luz divina; encontramos en ella nueva esperanza incluso en medio de los problemas y los dramas del mundo (Benedicto XVI).

2.- A la espera de la Palabra

Este evangelio de Lucas invita a entrar en el misterio de la llena de gracia, y a contemplar con admiración y gratitud la obra que Dios realiza en María y por medio de María.

Lucas quiere mostrar a sus comunidades quién es la primera discípula evangelizada para aprender a ser discípulos. Heme aquí, convertido en un gran problema para mí mismo (San Agustín)

3.- Proclamación de la Palabra: Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel.

El ángel le dijo:

«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel:

«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

El ángel le contestó:

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible».

María contestó:

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

4.- Fecundidad de la Palabra

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret. El mensajero siempre trae la alegría; su anuncio es motivo de regocijo para María y para la humanidad. Enviado significa que el plan proviene de Dios. La acción de Dios se manifiesta fuera del templo, en medio de los pobres; la mirada de Dios no es como la mirada de los hombres, Dios escoge lo débil.

A una virgen. Esta visita del ángel a María evoca otras visitas de Dios: Sara, madre de Isaac (Gn 18,9-15), Ana, madre de Samuel (1 Sam 1,9-18), la madre de Sansón (Jueces 13,2-5). Se les anuncia el nacimiento de un hijo con una misión: realizar el plan de Dios.

Desposada con un hombre llamado José, de la casa de David. Aparentemente oculto o en “segunda línea” pero con un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. Su grandeza consiste en ser esposo de María y padre de Jesús y en entrar en la economía de la encarnación. Enseña a creer que Dios puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad (Pensamientos del papa Francisco, en la carta Patris corde).

Alégrate. (Jaire). Una vida destinada a alcanzar la plenitud. La alegría es el tono de todo el Evangelio (Evangelii Gaudium). Palabras parecidas escucharon Moisés (Ex 3,12), Jeremías (Jr 1,8), Gedeón (Jueces 6,12). ¿Qué puede causar tanta alegría? El amor de Dios, la obra de Dios realizada en ella: Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador. La alegría indica claramente que María participa de forma personal e intensa en la misión recibida. Dios sonríe y la más pequeña sonrisa refleja una imagen y un rayo de Dios (Rahner).

Llena de gracia. Nuevo nombre: kejaritomene. Dios tiene un nombre nuevo para cada ser humano y la relación con él es original en cada uno. El verbo significa hacer bella o encantadora a una persona. María está envuelta en una dinámica de amor generada desde la raíz de la existencia. En la raíz de la vida no estuvo el pecado sino el amor. En su personalidad hay plenitud, ha sido llenada por el amor de Dios. Esto es fruto de la obra de Dios. En este amor es elegida para formar parte del plan de Dios. El amor en ella es fuente de fecundidad que irá más allá de sí misma.

El Señor está contigo. Presencia fiel del Señor en su vida, cimiento que sostiene toda llamada y capacita. El amor de Dios es fiel, respalda incondicionalmente. Dios no abandona la obra de sus manos; a nadie lo elige para el fracaso. El Dios de la alianza es el Dios con nosotros. El Señor está contigo significa que María concibe virginalmente a su Hijo y se convierte para siempre en la Madre del Hijo de Dios gracias a la acción del Espíritu Santo. Esta presencia nueva es para el pueblo. Esta presencia es para toda la vida.

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le ha cantado a María el más bello canto. Ella se queda extrañada, turbada, ante este saludo, y trata de saber qué significa.

No temas. Es la palabra consoladora de Dios. No tengas miedo. Esta experiencia le ayuda a María a estar en el mundo de otra manera.  

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Palabras que el ángel le dice a María para que no tema. El signo es la respuesta a la pregunta de María.

¿Cómo será eso, pues no conozco varón? Con la palabra parthenos, joven no casada, virgen, el relato piensa en la virginidad, que no tenía ninguna importancia moral ni mística en el judaísmo oficial. Durante el periodo que la separa del matrimonio, la novia sigue estando sometida a la autoridad paterna, pero está ya jurídicamente casada.

El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra. El Espíritu Santo, presente en la Palabra de Dios desde el día de la Creación (Génesis 1,2), realiza cosas que parecen imposibles. Cuando la Palabra de Dios es acogida por los pobres, algo nuevo acontece por el poder del Espíritu Santo. María, que siempre se dejó guiar por el Espíritu Santo (Juan de la Cruz), verá, y nos hará ver, cosas impensables. Reconocer los detalles de amor de Dios lleva a María, y a todos, al canto agradecido. Jesús trajo a la sombra de María y de José a los pobres, los enfermos, los humildes.

También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible. María es invitada a mirar lo que Dios hace en otros.

He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. María se atreve a decir al misterio de Dios. Lo hace como esclava. La misión es un servicio, no un privilegio La relación de María con la palabra de Dios ha sido siempre viva; siempre entabló un diálogo íntimo con la Palabra, la guardó en el corazón y la ofreció como fruto a la humanidad. Jesús la elogia cuando dice: Dichosos aquellos que oyen la Palabra y la ponen en práctica (Lc 11,28). El hágase, dicho en libertad porque Dios no obliga, es aceptación, apertura confiada al futuro. Con su introduce a Jesús en la historia.

5.- Respuesta a la Palabra

  • ¿Cómo te sitúas ante la obra de Dios en María?
  • ¿Valoras la mirada y llamada que Dios te ha hecho?
  • ¿Vives con alegría la llamada que te ha hecho Dios?
  • ¿Conectas la llamada con la misión?
  • ¿Genera la gracia gratitud en ti?

6.- Orar la Palabra

Dios nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor (Ef)

Mira a María, y al mirarla descubre que eres corazón para la mirada y el abrazo de Dios. Oración del avemaría en diversas lenguas.

7.- Contar al mundo la nueva manera de vivir. Ser testigos.

Cómo cantó el Beato María Eugenio a María:

Virgen María, sabemos que en pocos días nos vas a dar a Jesús. Pues bien, nosotros ya te felicitamos no solo por tu pureza, integridad, sino por tu maternidad. Estamos a tu lado para recibir al Niño Jesús, al Verbo encarnado que nos atrevemos a tocar, que queremos llevar en nuestros brazos como si fuera nuestro: es el Emanuel, ¡Dios con nosotros!

Pedro Tomás Navajas, ocd

8 Ficha de la Lectio divina: Lucas 1, 26-38

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