Lectio divina: DOMINGO II DE CUARESMA

Lucas 9,28b-36

Invocación al Espíritu

Espíritu de la Verdad, concédenos el don de conocer la identidad de Jesús para amarlo y seguirlo cada día más.

Motivación. Para disponer el corazón.

Pon los ojos solo en Jesús, porque en él te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas (San Juan de la Cruz, 2S 22,5).

Existe mucha gente para quien la realidad está muda, gélida y muerta, y el cristiano está llamado a hacer posible que esas realidades puedan revelar y transfigurar la huella del Dios que las habita (Dolores Aleixandre).  

A la espera de la Palabra. Con la lámpara encendida.

Texto compartido con los sinópticos, pero con peculiaridades de Lucas: éxodo, orar, Maestro, silencio. Lucas quiere transmitir un mensaje de fe en Jesús a su comunidad; tenemos que descubrirlo. ¿Por qué camino quiere conducirnos?

La noticia de que Jesús va a ser rechazado y crucificado (Lc 9,22), escandaliza a los discípulos. La experiencia de oración, como momento de discernimiento, es vital para superar el escándalo y seguir a Jesús.

El relato de la transfiguración parece estar construido a partir de la narración del Éxodo (34,29-30), según la cual Moisés tenía el rostro radiante por haber hablado con el Señor.  

1. Proclamación de la Palabra: Lucas 9,28b-36  

2. Fecundidad de la Palabra

En aquel tiempo. Jesús va de camino a Jerusalén. Unos ocho días (primer día de la nueva creación) después de las palabras duras y desconcertantes de Jesús, ininteligibles para los discípulos. Entienden a un Mesías glorioso, no a un Mesías que va a la cruz. No toleran el anuncio de Jesús; es escandaloso para ellos.  

Tomó Jesús a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Los tres discípulos son invitados a participar en una experiencia de oración compartida subiendo al monte. Tanto el monte alto como el desierto son lugares privilegiados de revelación y encuentro con Dios. Para tomar la decisión de seguir, Jesús ora. Jesús solía retirarse al monte a orar (a estar con su Abbá). La oración y la misión van juntas. La oración ayuda a superar la crisis de fe, que producen el sufrimiento y la cruz. En la oración descubrimos la identidad de Jesús y la nuestra.   

Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. El centro de la escena es Jesús con el rostro iluminado, lleno de gloria, mientras oraba; los discípulos lo ven. Si a una persona lo transforma una alegría, ¿qué alegría será la de Jesús para que vaya a la cruz tan iluminado? Orar es mucho más que decir palabras bonitas, es vida, es obediencia al proyecto del Padre, es amor entregado. Hay momentos que nos llevan a decir: ¡Dios me ha abandonado! Y de improviso, la persona que antes tenía los ojos vendados y no se daba cuenta de su presencia, descubre que Dios jamás se aleja. Entonces todo cambia y se transfigura. Así como hasta entonces Dios no contaba para nada en mi vida, desde aquel instante no hay nada en mi vida, ni lo más trivial, ni lo más serio, en lo que yo no cuente con Dios (N. Yepes).

De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías. En el texto hay una intensa comunicación. Conversan del éxodo doloroso de Jesús, de su camino de entrega en la cruz por amor. Lo que está escrito en la Ley y los Profetas se cumple en Jesús. El camino que conduce a la Gloria pasa por la Cruz. Cruz y resurrección van tan de la mano, que es imposible separarlas. En el sufrimiento está ya Dios presente, exactamente igual que en lo que llamamos glorificación. El relato de la transfiguración se presenta como un esfuerzo de comprensión del misterio de la Cruz, como elevación del hombre. No es fácil entender esto ni hablar de ello.  

Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. En el recuerdo están la tienda del encuentro, donde Dios habita, y el camino de liberación habitando en tiendas en el desierto. Cuando se habla de cruz, los discípulos duermen. Y cuando reaccionan, no saben lo que dicen. Les gusta más la gloria que la cruz, son más amigos de contentos que de cruz. Jesús no ocupa todavía un lugar central y absoluto en su corazón. Tendrán que aprender a decir: Por toda la hermosura, nunca yo me perderé, sino por un no sé qué, que se alcanza por ventura.

Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo». El ver y el oír a Jesús ocupan un lugar central en el relato. A eso invita la voz (el Padre) desde la nube que cubre (Anunciación). La Palabra de Jesús es la única decisiva; él es guía libertador. Las demás palaras nos llevan hasta él. El itinerario debe seguir las indicaciones de Jesús. Solo Jesús puede indicar el camino por eso hay que escucharlo. La escucha es siempre necesaria, sobre todo cuando aparece la cruz. ¿Qué significa escuchar a Jesús en nuestra vida? El camino que Jesús propone es el de la cruz. Los Evangelios son relatos de conversión que invitan al cambio, al seguimiento de Jesús, a la identificación con su proyecto No tiene la Iglesia un potencial más vigoroso de renovación que el que se encierra en estos cuatro pequeños libros, llamados Evangelios. La voz divina proclama algo extraordinario. Él es toda mi locución y respuesta y es toda mi visión y toda mi revelación (San Juan de la Cruz).

Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Nos gustaría quedarnos en el monte. Pero la nube, la visión, el encuentro en el monte, la voz, que han sido como un respiro, desaparecen. La experiencia del monte ha sido necesaria para comprender el camino de Jesús y para animarnos a ir con él. Ahora queda Jesús solo (solo Dios basta). Con Jesús hay que bajar a la dureza de lo cotidiano, continuar el diálogo con él y caminar hacia la cruz (Juntos andemos, Señor. Por donde fuereis, tengo que ir. Por donde pasareis, tengo que pasar). No buscamos una espiritualidad que huye de los problemas. No hacemos de la oración un escondite. Saber estar ante Jesús en la transfiguración nos educa para saber estar ante la tumba vacía sin emprender la huida. En casa noche oscura está escondida la luz de la resurrección. Ellos guardaron silencio.

3.- Respuesta a la Palabra. Meditación

¿Hay alguna situación dolorosa en mi vida a la que no le encuentro sentido? ¿Qué quiere decir la frase: por medio de la cruz se llega a la resurrección? ¿Cómo lograrlo?
¿Para qué invitó Jesús a sus discípulos a la montaña? ¿Para qué me invita a mí?
¿Refleja mi vida el rostro de Jesús?

4.- Orar la Palabra

Pon los ojos solo en Él, porque en Él lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en Él aún más de lo que pides y deseas.

5.- Contar al mundo la nueva manera de vivir. Testigos.

Compromiso: Llevar una palabra dentro. Puede ser un versículo o una frase del texto. Tratar de tenerla en cuenta y buscar un momento cada día para recordarla y tener un tiempo de oración para volver a conversarla con el Señor.

Pedro Tomás Navajas, ocd

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