Lectio divina: DOMINGO III DE CUARESMA

Lucas 13,1-9

Invocación al Espíritu

En el río del tiempo, cargado de desdichas, levántate Señor victorioso, haznos pasar de la muerte a la Vida, del corazón de piedra a un corazón orante, de la rigidez a la compasión, del aislamiento a la fraternidad sincera, del sinsentido a la plenitud de la historia. A ti la gloria por los siglos de los siglos. Amén

Motivación. Para disponer el corazón.

Con san José, el hombre de los sueños, no perdamos la capacidad de soñar con el futuro (Papa Francisco).
Una llamada: Y ¡cuántas, hermosura soberana: ‘Mañana le abriremos’, respondía, para lo mismo responder mañana!
El nombre nuevo del éxodo y de la Pascua es la conversión (R. Cantalamessa).
La escucha de la Palabra es un ver el alma, por una manera secreta, quién es este Esposo que ha de tomar (5 Moradas 4,4).

A la espera de la Palabra. Con la lámpara encendida.

Este evangelio y los siguientes (higuera, hijo pródigo, mujer pecadora), nos dan informaciones solo presentes en Lucas. En ellos el rostro de la misericordia de Jesús aparece con claridad. La Iglesia los propone como camino educativo para despertar las conciencias dormidas y entrar en el misterio de la reconciliación. El Señor invita a renovar la vida volviendo a las aguas bautismales donde se muere al pecado y brota el hombre nuevo en Cristo.

Proclamación de la Palabra: Lucas 13,1-9  

1. Fecundidad de la Palabra

Se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilatos con la de los sacrificios que ofrecían. Después de lo acontecido en el desierto (tentaciones) y monte (transfiguración) bajamos a la vida cotidiana, a las noticias del día. Un acontecimiento: la terrible masacre de Pilatos a galileos exaltados, pide explicación. Buscan el significado de un hecho (lectura creyente de la realidad). ¿Qué hacer con la información? ¿Es un castigo de Dios? ¿Es culpa de otros: Pilatos?  La respuesta de Jesús es nueva. Jesús lee el hecho de otra manera y saca conclusiones para la vida, interpela, acerca los hechos a la responsabilidad de los que preguntan. Jesús descubre dentro de los acontecimientos la voz de Dios dirigida a nosotros. Todo lo que ocurre es signo. La vida da lecciones y hay que reaccionar. A Jesús le duele que andemos muertos en vida.

¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Al hecho sigue la pregunta. Las desgracias no son, como algunos piensan, signo de castigo divino para la gente pecadora; eso nunca. Son una advertencia, un aviso, para los que quedamos. Es muy difícil superar la idea de ‘un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos’. Jesús quiere nuestra reacción. Tampoco son para echar la culpa a los que creemos malos. En vez de ser espectadores pasivos de lo que sucede, tenemos que ser protagonistas. 

O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató. Otro hecho, este traído por Jesús. Un desastre muy comentado en la ciudad, consecuencia trágica de un grupo de obreros que halló la muerte cuando se resguardaba debajo de la torre en una tormenta. Jesús se desmarca de la idea tradicional, que puede ser la nuestra. La injusticia es obra de todos.

Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera. Al hecho, a la pregunta, sigue la exhortación. La palabra que se usa para decir ‘conversión’ es ‘metanoia’: cambio de mente, distinta manera de pensar: ‘Si no cambiáis de mentalidad, si no veis la realidad desde otra perspectiva…’ Jesús enseña a descubrir las llamadas que vienen de los acontecimientos de la vida de cada día. Dios hace el 99.9 por ciento de nuestra salvación (el ser humano no es el arquitecto de su propio destino); pero falta un 0,1 por ciento que nos corresponde a nosotros. La conversión es una oportunidad para vivir en plenitud. Los hechos son para escucharlos, para repensarlos. No culpabilizar nos prepara para ser compasivos con todos (Tito Bransdma). Hay otra forma de concebir la vida. 

Y les dijo esta parábola: Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Frente a la higuera que se secó, Mt 21,18-22, Lucas ha preferido esta parábola de la paciencia ante la esterilidad. La parábola busca que la gente piense y descubra el proyecto de Dios. La higuera es símbolo del pueblo de Israel. La viña indica el cariño de Dios por su pueblo, también la falta de correspondencia a ese amor. Número tres (años) es símbolo de plenitud: «A Dios no le ha quedado nada por hacer por nosotros». Esta parábola es para desbloquear la vida, para encontrar caminos de felicidad bien distintos a los transitados.

Señor, déjala todavía este año. El viñador (Jesús) alarga el tiempo de la conversión, tiene esperanza en la higuera (símbolo de Israel). . la recuperación del tiempo perdido: Recuperad, Dios mío, el tiempo perdido con darme gracia en el presente y porvenir, para que parezca delante de Vos con vestiduras de bodas, pues si queréis podéis (Santa Teresa, Ex 4,2). En este año añadido descubrimos la pista de la misericordia. Conversión y misericordia van de la mano. Jesús, que se ha convertido en compañero, amigo y defensor de cada uno, intercede por nosotros. El viñador espera que la higuera dé fruto, espera nuestra respuesta. Este año es el aquí y ahora, el tiempo de salvación y de gracia. Jesús es un provocador de vida.

Y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar. Jesús subraya la paciencia divina. Pero no vale dejar para mañana la conversión.  Hay que estar en actitud de responsabilidad; estar preparados. El encuentro con Dios es un riesgo y un acontecimiento salvador, que llama a una vida nueva. La llamada es apremiante, pues cada paso, cada decisión nos posiciona con respecto a Dios. Lo que está en juego es nuestro ser o no ser, nuestra dicha o nuestra desgracia. Sea bendito por siempre, que tanto me esperó. No nos cansemos de ser queridos. Solo su misericordia cambia la vida. Lo decisivo ante Dios es la vida fecunda. Dios siempre ofrece oportunidades, hay que contar con él. Jesús no solo nos pide conversión, sino que nos ayuda a ella. Ninguna persona es irrecuperable.

3.- Respuesta a la Palabra. Meditación

¿De dónde me vienen las llamadas a cambiar de vida? ¿Cuándo daré el paso de conversión que me hará libre? ¿Me da lo mismo convertirme o no? ¿Qué pasa si no lo hago? ¿Cuál es la principal motivación que el evangelio de hoy me da para que dé un paso de conversión? ¿Qué apoyo me ofrece Jesús? ¿De qué forma se expresa la misericordia de Dios en este pasaje? ¿Cómo la he experimentado en mi propia vida?

4.- Orar la Palabra

Despierta en nuestras vidas el vigor de las raíces de tu amor, un amor hasta el extremo, verdadero manantial para nuestra tierra agostada y sedienta. Danos un corazón nuevo, un corazón que pase del lamento a la alabanza.

5.- Contar al mundo la nueva manera de vivir. Testigos.

Observa algunos acontecimientos del mundo de hoy y míralos como signo de gracia para ti.

Pedro Tomás Navajas, ocd

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