Lectio divina: DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

Lucas 6,17.20-26

Invocación al Espíritu

Canto al Espíritu: Haz de mí un anawín, hazme pobre, un anawín. Un anawín, un pobre. Haz de mí, mi Dios, un anawín.

Motivación. Para disponer el corazón.

Puede haber muchas teorías sobre lo que es la santidad, abundantes explicaciones y distinciones. Esa reflexión podría ser útil, pero nada es más iluminador que volver a las palabras de Jesús y recoger su modo de transmitir la verdad. Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas. Son como el carnet de identidad del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas (Papa Francisco, Gaudete et exsultate, 63).

No inviertas en sufrimiento. Campaña contra la trata.

A la espera de la Palabra. Con la lámpara encendida.

¿Dónde encontrar a Dios? ¿Cómo ser cristianos? Lucas propone el Sermón de la llanura (universalidad), donde Jesús no está en el monte (Mateo), está junto a la gente. Muestra el contenido de la enseñanza de Jesús. Y lo hace con palabras con velocidad de rayo, nada perezosas. Palabras de ánimo a las comunidades perseguidas para mantener la esperanza. Lo que distingue una vida plena, de la que no lo es, es la confianza en el Señor que abraza nuestras pobrezas. Mensaje importantísimo sobre la felicidad. Uno de los textos más impresionantes de la historia.  

1. Proclamación de la Palabra: Lucas 6,17.20-26  

2. Fecundidad de la Palabra

Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía. A Jesús lo rodea un grupo grande de discípulos, y una gran muchedumbre del pueblo. Habla mirando. Lo hace al aire libre, donde se vive, se trabaja, se sufre. Proclama un ideal de incomparable belleza con palabras poéticas, a contracorriente. Estamos ante un lenguaje provocador: ¿puede ser feliz un pobre? Algunos han dado la vida por estas palabras, otros han detestado del cristianismo por esto. El Reino que Jesús anuncia es así de escandaloso. Logos tou theou está inequívocamente en el mundo de aquellos que los poderosos han maltratado, perseguido, calumniado y empobrecido. Estamos ante la meta y camino del Reino, el navegador de nuestra vida cristiana (Papa Francisco).  Estamos ante el corazón del Evangelio.  

Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. ¿Qué tipo de pobres son estos que poseen lo esencial? ¿Somos lo que tenemos o lo que somos? Aprender a vivir esta palabra es un arte del Espíritu. ¿Dónde ponemos la seguridad? Las riquezas son seguridades postizas que no aseguran nada. No dejan sitio a la Palabra, al abrazo de Dios. La fe más evangélica la viven los pobres que creen, los que optan por una vida austera y despojada; los pueblos más ricos y poderosos están más descristianizados. Ser pobre en el corazón eso es santidad.

Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dios está al lado de esas personas que se inspiran en las bienaventuranzas; el Reino les pertenece aquí y ahora. En las bienaventuranzas se ve a Dios. Un día no serán así las cosas. Lo que ahora vivimos no es lo definitivo. Al elegir ser pobres, al optar por estilos de vida justos y buscar justicia para los pobres y débiles, el futuro se hace presente. Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad.  

Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. ¿Qué es lo que hace buena la vida? Las bienaventuranzas. Viene el Reino: la boca se llena de risas, la lengua de cantares; es posible consolar a otros sin alejar la mirada de su llanto, sin huir de las situaciones dolorosas. El llanto no tiene la última palabra. Porque Dios está, en las noches sombrías también se puede cantar. Saber llorar con los que lloran, eso es santidad.

Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. La persecución sigue viva. Hoy se hace difícil vivir las bienaventuranzas, pero el sufrimiento es dolor de parto. El secreto de la felicidad está en tomar parte de la alegría de Dios. No se puede esperar que, para vivir el Evangelio, todo nos sea favorable. Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad.

Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Al dejarnos sorprender por la belleza de la verdad de Jesús, al vivir con esta convicción profunda, saltamos de gozo. La resurrección da futuro a los excluidos, a las víctimas.

Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo! Los ayes son formas de muerte disfrazadas de vida con minúscula, la ineficacia de los egoísmos; son un grito profético de dolor. Dios no está ahí, ahí solo hay ídolos de muerte. Las riquezas son aridez en el desierto. El corazón, cuando se siente rico, cierra la puerta a Dios y a los pobres. Dios no puede ser escuchado de igual manera por todos.

¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! La búsqueda de lo superfluo agota y no da la alegría. Pero a la vez la pobreza no es una fatalidad sino una injusticia. Hay hambre porque alguien no comparte el pan. Dios no está en la risa insolidaria.

¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! El mundano mira hacia otra parte cuando hay problemas de enfermedad a su alrededor.

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas. Querer valer en corazón ajeno es paja; buscar profetas que nos halaguen es dejar fuera la novedad y alegría del Evangelio. Nos basta saber que Dios habla bien de nosotros.

3.- Respuesta a la Palabra

¿Cómo prefieres vivir: como un cardo en la estepa o como un árbol frondoso? (Sal 1).
¿Qué le aportan a tu vida las bienaventuranzas?
Tu confianza en Dios, ¿te lleva a ver y vivir la vida en positivo?
Tu mentalidad ¿se basa en el criterio de Jesús o en el criterio del mundo?

4.- Orar la Palabra

Volvamos a escuchar a Jesús, con todo el amor y el respeto que merece el Maestro. Permitámosle que nos golpee con sus palabras, que nos desafíe, que nos interpele a un cambio real de vida. De otro modo, la santidad será solo palabras (Papa Francisco).

5.- Contar al mundo la nueva manera de vivir. Testigos.

Campaña de Manos Unidas 2022: Nuestra indiferencia los condena al olvido. El hambre, la pobreza, la falta de oportunidades, la precariedad, la injusticia, tienen rostro, el rostro de las personas empobrecidas, el rostro de mujeres y niños maltratados.

Las bienaventuranzas de ninguna manera son algo liviano o superficial; al contrario, ya que solo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad, del orgullo (Papa Francisco).

Pedro Tomás Navajas, ocd

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