LECTIO DIVINA: III DOMI NGO DEL TIEMPO ORDINARIO

ESCUELA DE ORACIÓN: MATEO 4,12-23

Invocación al Espíritu

Celebramos hoy un domingo marcado por tres acentos: Domingo de la Palabra, Semana de oración por la unidad de los cristianos, llamada de Jesús a la conversión y al seguimiento. Ven, Espíritu Santo. impúlsanos a trabajar por la unidad de quienes creemos en Jesús, a seguir a Jesús con alegría y a poner el Evangelio en el centro de nuestras vidas y de nuestras comunidades.

Motivación

Urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de los creyentes (…) Escuchar la Sagrada Escritura para practicar la misericordia: este es un gran desafío para nuestras vidas (Papa Francisco, Aperuit illis).

1. A la espera de la Palabra. Con la lámpara encendida. Mateo nos presenta una síntesis que incluye los elementos que definen el programa básico de la misión de Jesús: Predica y confirma su enseñanza con obras Escribe para cristianos perseguidos por creer en Jesús y por anunciar una salvación para todos.  Este texto ayuda a tener esperanza.

2. Proclamación de la Palabra: Mateo 4,12-23

3. Fecundidad de la Palabra

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Jesús lee los signos de los tiempos a la luz de la misión y toma decisiones. No se echa para atrás al conocer lo que han hecho con el Bautista. Conoce los riesgos, pero no se detiene. Al revés, su decisión es valiente, propia de quien quiere comunicar lo que la gente necesita oír. Se retira a Galilea, tierra de gentiles, tan distante de la pureza religiosa de Jerusalén. Allí comienza Jesús la misión universal, el camino para mostrar la novedad liberadora del amor del Padre y comunicar la Buena Noticia. Espíritu Santo, danos valentía para emprender caminos nuevos, con alegría y libertad.  

Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaúm, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías. Otra decisión de Jesús, muy meditada. En Cafarnaúm, ciudad situada en una encrucijada de caminos con necesidad de encuentro, comienza a oírse la novedad del Reino. Belleza de los comienzos. Allí ser judío, romano, recaudador de impuestos, pescador, prostituta o jefe de la sinagoga se entremezclaba: vidas cruzadas. Se manifiesta la dimensión universal del mensaje desde el principio. La luz alumbra a todos. Jesús deja lo conocido y se aventura en lo desconocido, se mete en medio de la gente. Lo nuevo de Dios reclama espacios nuevos, el vino nuevo pide odres nuevos. Espíritu Santo, danos lucidez para anunciar la Buena Nueva en los cruces de los caminos.  

El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».  La que llamaban “Galilea de los gentiles (de los paganos)” era la región de Palestina que estaba más alejada de la práctica religiosa de Israel. Eran tierras de sombras en las que una luz brilló. El anuncio de la Palabra de Dios que hoy haga la Iglesia también tiene que dirigirlo a los más alejados, los sobrantes, los descartados, los que viven sumergidos en la oscuridad, en el dolor, en la opresión, en la injusticia. Son hoy las tierras de sombras en las que brille la luz y la práctica de la misericordia.

Comenzó Jesús a predicar diciendo: ‘Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos’. Jesús se solidariza con el mensaje del Bautista. Convertirse es cambiar la orientación de la propia vida, cambiar de criterios y de corazón, para adecuarlos al plan de Dios y experimentar que Dios reina en nuestras vidas, que nos ama. Esto es lo esencial de la predicación de Jesús. Nadie se convierte por imposición, sino por invitación. Las palabras de Jesús resuenan en medio de la ciudad como un estallido de novedad y alegría. Está cerca el Reino, el amor está llamando a la puerta. Se puede vivir confiando en Dios, se puede cantar el amor que nos regala, es una suerte poder entrar en su proyecto de vida para todos. Es tanto lo que Jesús ofrece que se requiere conversión, creer (fiarse de él); lo nuevo que viene pide una nueva mentalidad. El Reino pide espacio en el corazón y en la mente. El Evangelio pide que lo estrenemos. Espíritu Santo, orienta nuestra mirada hacia Jesús.

Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Otra llamada de Jesús. Busca colaboradores. Cuatro discípulos, comienzo insignificante como las comunidades de Mateo, se van con él a humanizar la vida. Están dispuestos a arriesgarlo todo por el Reino. No son ellos los que se constituyen a sí mismos discípulos, sino Jesús. El atractivo de la llamada de Jesús es tan fuerte que lo dejan todo. El seguimiento es camino. ‘Dejar’ y ‘seguir’ son verbos que indican un desplazamiento de nuestro centro vital. Las coordenadas del discípulo son dos: comunión con el Maestro (“Venid en pos de mí”) e ir hacia el mundo (“os haré pescadores de hombres”). El seguimiento no nos coloca en un espacio separado y sectario; el mundo es el lugar donde ser discípulos y testigos de la buena noticia.  

Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Seguir a Jesús no es copiar materialmente su vida. Significa salir del mundo que nos rodea para entrar en el espacio que rodea a Dios. Hacerlo requiere conversión. Desde nuestro bautismo entramos en ese espacio e iniciamos una conversión continua que nos acerque progresivamente a Jesús.

Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Esa es la novedad y por eso lo que acontece ahora, unido al concepto “reino de Dios” o “de los cielos”, es el evangelio. Con razón se ha dicho que estamos ante el verdadero “programa” de Jesús, el profeta de Nazaret: anunciar el reinado de Dios como buena noticia para la gente, privilegiando a los menos favorecidos, a los despreciados e indefensos. Su misión, pues, incluía predicación y acciones concretas de ayuda a la gente necesitada. Teoría y práctica, mensaje y acción. La palabra solo es creíble cuando la acompañan las obras. La fe cristiana no se limita a adhesión doctrinal, es también conducta y vida marcada por la vinculación a Jesús. Cuidémonos mucho de la tentación de querer ser cristianos sin seguir a Jesús, reduciendo nuestra fe a unas verdades o a un culto. Jesús no se queda parado. Itinerario del cristiano.

4. Respuesta a la Palabra

¿Eres caminante o estás anclado en lo de siempre? ¿Qué significa para ti la llamada a la conversión? ¿Vives el gozo de sentirte llamado/a? ¿Tienes un corazón ecuménico, abierto a la salvación de todos?

5. Orar la Palabra

Ponnos, Señor, contigo,
cuando buscamos
tu evangelio para este mundo.
Tú que eres el camino.
la verdad, y la vida.

6. Contar al mundo la nueva manera de vivir. testigos. Mira tu comunidad cristiana con esperanza.  

Pedro Tomás Navajas, ocd

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