Lectio divina: Marcos 12, 28-34. Domingo 31 del Tiempo ordinario

Invocación al Espíritu

Ven Espíritu. Enciende en nuestros corazones el fuego de tu amor.  

Motivación

Si no es naciendo de raíz del amor de Dios, no llegaremos a tener con perfección el del prójimo (Santa Teresa, 5M 3,9).

La más cierta señal que, a mi parecer, hay de si guardamos estas dos cosas, es guardando bien la del amor al prójimo; porque si amamos a Dios no se puede saber, aunque hay indicios grandes para entender que le amamos; mas el amor del prójimo sí (Santa Teresa, 5M 3,8)

Si entendieses lo que nos importa esta virtud, no traerías otro estudio (Santa Teresa, 5M 3,10).

  1. A la espera de la Palabra. Con la lámpara encendida.

Contexto.

El evangelio de hoy forma parte de una amplia controversia entre Jesús y algunos dirigentes del judaísmo oficial(Mc 11,27-12,34, sobre la autoridad de Jesús, el tributo al César, la resurrección y ahora, el mandamiento principal). Aunque entre ellos no se llevan bien, todos odian a Jesús. El escenario es el atrio del templo de Jerusalén, pocos días antes de la pasión.

2.Proclamación de la palabra: Marcos 12,28-34

3. Fecundidad de la Palabra

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó. Para la tradición bíblica, el so-fer (“escriba”) gozaba de prestigio intelectual en Israel, ya que estaba consagrado a estudiar, interpretar y aplicar la Ley. Su intervención en cuestiones de legislación civil, religiosa y ritual le daba autoridad y respeto. Este escriba se ha quedado admirado por la respuesta de Jesús a los saduceos y acude a preguntarle.

«¿Qué mandamiento es el primero de todos?». Una pregunta simple y directa, sin hostilidad ni ironía. El escriba se acerca a Jesús con un deseo sincero de aprender de él. Ha visto en Jesús libertad, fidelidad, compromiso. En la Torá hay 613 mandamientos (248 que mandan y 365 que prohíben). El escriba quiere una síntesis con el fin de llegar a lo esencial. La escuela rabínica de Shammai se niega a reducir la ley a un solo precepto. La escuela de Hillel (procedente de la diáspora) accede a hacerlo.

Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”.

Jesús responde con la Escritura (Santa Teresa) cita la gran profesión de fe israelita conocida como Shemá. Todo israelita varón tenía que recitarla dos veces al día, por la mañana. Es algo básico para los judíos. La llevan en un estuche, atado con cintas de cuero alrededor del brazo izquierdo, cerca del corazón, y de la cabeza (filacterias). Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria; se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal… (Dt 6). Esta experiencia, la más estremecedora de la vida, reclama jugarse la vida; implica decisión, impulso vital, inteligencia, totalidad.

El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».  La originalidad de Jesús está en unir los dos mandamientos en uno solo y afirmar que este es el mayor de todos los mandamientos. Pone el amor a Dios encima de todo. Pero discierne que esto no es posible sin el amor al prójimo.  No existe un Dios separado que pueda ser objeto de nuestro amor, al margen de todo lo que es. Quizás el haberlos separado ha sido la causa de tantos males. Sin un amor real y concreto por el prójimo (que es imagen de Dios), todo intento de amor a Dios se reduce al plano de las ideas, de las intenciones y de los discursos. Dios ha creado al ser humano a su imagen y semejanza (cf. Gn 1, 26-27) para que toda búsqueda de Dios comience por el rostro y el corazón del prójimo. En su misterio más profundo, cada persona puede revelar a Dios. En este sentido, el prójimo tiene una función mediadora: es la forma concreta de visibilizar el amor a Dios. El prójimo es un punto de encuentro con Dios en la historia. Jesús es la expresión viva de esta síntesis: El, el  Hijo amado, quien vive con el Padre en una relación de amor indescriptible, hace visible este amor, amándonos a nosotros hasta el extremo de entregar su propia vida (cf Rm 5,8). Recordemos de nuevo el pensamiento de Juan: En esto hemos conocido lo que es el amor, en que dio su vida por nosotros (1Jn 3,16). El que dice: «Amo a Dios», y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve? (1Jn 4,20). El amor no es una palabra bonita. Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas.

El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Lo que dice el escriba sabe a descubrimiento gozoso.El amor vale más que todo. El amor de Dios es fuente de todo amor (Fuente de toda santidad). El amor al prójimo siempre será el criterio de credibilidad del amor a Dios. Amamos porque somos amor. No hay otra respuesta al deseo profundo de felicidad del ser humano, ninguna otra respuesta al mal del mundo que el hecho de amar. El ritual no ocupa el lugar del amor.

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. Felicitación de Jesús. El escriba ha dado con la novedad del Reino. Una religiosidad sin solidaridad y una espiritualidad sin caridad son realidades autorreferenciales y vacías. La frase final (nadie se atrevió a hacerle más preguntas) denota el carácter polémico del episodio frente a los otros grupos de judíos, cerrados a Jesús. El escriba ha puesto en evidencia que cualquier judío podría aceptar la enseñanza de Jesús si busca la verdad.

  • Respuesta a la Palabra.

¿Cuál es el primero y mayor de los mandamientos en mi vida?

¿Puedo decir que el amor a Dios y al prójimo vale más que todo?

¿Cuál fue el último gesto de amor que hice a alguna persona? ¿Qué me movió a hacerlo?

5.- Orar la Palabra

BUSCANDO MIS AMORES, BUSCANDO MIS AMORES. BUSCANDO MIS AMORES, MIS AMORES IRÉ. BUSCANDO MIS AMORES, BUSCANDO MIS AMORES.

Mi alma se ha empleado, y todo mi caudal en su servicio; ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio, que ya solo en amar es mi ejercicio.

Gocémonos, Amado, y vámonos a ver en tu hermosura, al monte o al collado, do mana el agua pura; entremos más adentro en la espesura. 

6.- Contar al mundo la nueva manera de vivir. Testigos.

Aquella noche de luz… La obra que yo no había podido realizar en diez años Jesús la consumó en un instante… Sentí que entraba en mi corazón la caridad, sentí la necesidad de olvidarme de mí misma para dar gusto a los demás, ¡y desde entonces fui feliz…! (Santa Teresita).

Pedro Tomás Navajas

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