Lectio divina: Marcos 12,38-44. Domingo 32 del Tiempo ordinario

Invocación al Espíritu

Ven Espíritu. Enséñanos los caminos de la pobreza que libera, el cuidado de los frágiles que embellece el mundo, los gestos sencillos y las palabras de verdad que tienen sabor al evangelio de Jesús.   

Motivación

Somos tan caros y tan tardíos de darnos del todo a Dios, que, como Su Majestad no quiere gocemos de cosa tan preciosa sin gran precio, no acabamos de disponernos (Santa Teresa, Vida 11,1).

Parécenos que lo damos todo, y es que ofrecemos a Dios la renta o los frutos y quedámonos con la raíz y posesión (Vida 11,2).

Hay una forma concreta de escuchar lo que el Señor nos quiere decir en su Palabra y de dejarnos transformar por el Espíritu. Es lo que llamamos lectio divina (Evangelii Gaudium, 152).

  1. A la espera de la Palabra. Con la lámpara encendida.

Contexto.

Estamos dentro del itinerario bautismal, que es un aprendizaje a cargar con la propia cruz siguiendo a Jesús. El tiempo de formación finaliza con el discurso escatológico, que es una llamada a vivir en vigilia, en atención amorosa (Mc 13).

Pero antes, tterminadas las controversias de Jesús con los jefes del pueblo, Jesús hace en el templo una denuncia profética de los líderes religiosos: en vez de servir, buscan su provecho personal. Presenta a tres personajes para que se vea quién se parece más al discípulo del Reino: los escribas, los ricos generosos, la viuda pobre.   

Proclamación de la palabra: Marcos 12,38-44

3. Fecundidad de la Palabra

¡Cuidado con los escribas! Cuidado: mirad con atención crítica, posible peligro. Jesús invita a discernir qué comportamiento concuerda con los valores del Reino. Fuerte crítica de Jesús, que no se deja impresionar por las fachadas de piedad. Jesús saca a la luz las motivaciones internas. Explotan su posición para su propio provecho. Ojo con lo falso. Cuidado con el escriba que cada uno lleva dentro. El ideal de discípulo: una viuda con corazón.   

Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas. Obsesionados por la propia imagen. Las túnicas de mucho vuelo son signo de nobleza. Intentan incrementar las reverencias. No son luz del pueblo, son apariencia.

Buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes. Ocupan el puesto de honor, generalmente de frente a la gente, para ser vistos.  

Devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Se apropian del dinero de las mujeres adineradas que, en su viudez, piden asistencia religiosa. Abusan. Las viudas dependían de los escribas para que les redactaran los documentos, defendieran sus derechos frente a la familia. Eran vulnerables.

Estos recibirán una condenación más rigurosa. La ira de Jesús ante este último comportamiento es evidente. La oración era un disfraz.

Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero. El templo: centro económico del país. Todos debían pagar el diezmo de todo, hasta del perejil. Las arcas recibían mucho dinero para el culto, el sustento del clero, la conservación del altar. Con parte del dinero se atendía a los pobres. La limosna es muy importante para los judíos. Estamos en el atrio de las mujeres, dentro del Templo. Allí estaba localizada el Arca del Templo, la cual debía tener trece recipientes de bronce con bocas en forma de trompeta, destinadas para recibir dinero. Jesús observa cómo se hacen los donativos. Su mirada atenta le permite descubrir a Dios. Jesús enfrenta la situación con la mirada.

Muchos ricos echaban mucho. Llaman la atención las palabras muchos/mucho. La gente se fija en el ruido de las monedas en los recipientes del templo. Arrojaban, según el verbo griego. El cepillo era de metal; resonaban las monedas en contacto con él. Pero eso no es lo que Jesús quiere que miren los discípulos. Jesús lee muy bien el corazón de la gente. No se puede ser generoso sin dejar de ser egoístas. Dios no se fija tanto en lo que damos, cuanto en lo que reservamos para nosotros (San Ambrosio).

Se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. Jesús se detiene para apreciar el valor de lo pequeño. Las monedas referidas aquí (en griego lepton) son las más pequeñas y las del material más barato (generalmente de cobre o a los sumo de bronce) del mundo judío. Es algo insignificante frente a los anteriores: muchos/mucho. La viuda está sola y con muy poco.  

Llamando a los discípulos, les dijo: En verdad os digo que esta pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Esta mujer, sin curriculum, sin focos ni fotos, no dada a hablar de sí misma, fascina a Jesús. Recuerda a la viuda de Sarepta, en Fenicia (me queda solo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza, 1Re 17,10-16.). Jesús convoca a los discípulos. La enseñanza tiene solemnidad (amen, amen dico vobis). Jesús desea comunicar lo que él ve, lo que vale a los ojos de Dios (Magnificat). La viuda es maestra del evangelio vivo. El problema no se resuelve con dinero sino con entrega de corazón. Ella, sin saberlo, fue un testigo para Jesús y, ahora, para los discípulos. Esta mujer vale a los ojos de Dios. La viuda ha echado su vida y ha puesto su confianza en Dios. Ella sí ha entendido cuál es el primer mandamiento. Los tres personajes se consagran a la causa de Dios: los escribas lo hacen con la enseñanza de la Ley, los ricos con su limosna generosa para el sostenimiento del Templo y la viuda, que sin el prestigio de los primeros ni el dinero de los segundos, se da a sí misma a Dios. Ser pobre en el corazón, eso es santidad.

Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir. El caso de la viuda pobre es verdaderamente dramático. Jesús hace tres puntualizaciones sobre su insignificante don: pasa necesidad (frente a lo que les sobraba), ha echado todo, todo lo que tenía para vivir. El dar no se mide por lo que damos sino por lo que nos reservamos. La mujer se dio a sí misma, eso es espiritualidad del Reino. Se vació de sí misma en un acto de total confianza en Dios. Jesús hará eso mismo en la cruz. Los pobres siempre son retratados como los que piden ayuda; ahora la cosa es diferente. Esta mujer no pide nada ni para sí misma ni para otros. Ella se da.

4. Respuesta a la Palabra

¿Qué instituciones, qué hábitos, qué costumbres, qué prejuicios arraigados profundamente en nuestras culturas son los que esconden injusticias?

El dar no se mide por lo que entregamos sino por lo que nos reservamos. ¿Soy capaz de darlo todo a Dios, como la viuda pobre?

¿Sé ver los testimonios que me ofrece la vida?

5.- Orar la Palabra

Ponte a mirar como mira Jesús.Él mira el corazón, no las apariencias. Él conoce con profundidad… Y mira situándose siempre en el lugar de los últimos… ¿Cómo es tu mirada sobre la realidad, las personas y circunstancias?
Pon tu vida en manos de Dios, ofrécela en gratuidad.  
Repite la jaculatoria: Ha echado todo lo que tenía para vivir.

Canto. Lo que agrada a Dios en mi pequeña alma (Santa Teresita).

6.- Contar al mundo la nueva manera de vivir. Testigos.

Para aprender el camino del Reino necesitamos volvernos alumnos de aquella pobre viuda que compartió lo que tenía para vivir. Frente al dar de lo que sobra está el darse. Ver para actuar bien.

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