Lectio divina: Marcos 13,24-32. Domingo 33 del Tiempo ordinario

Invocación al Espíritu

Ven Espíritu. Ayúdanos a descubrir la presencia viva de Jesús en los signos de los tiempos.

Motivación

La gente de nuestro pueblo, gente que sufre, que sufre de muchas, muchas cosas, pero que no pierde la sonrisa de la fe, que tiene la alegría de la fe. Y esta gente, que sabe leer los signos de los tiempos, es la que lleva adelante a la Iglesia, con su santidad, de todos los días, de cada día (Papa Francisco).

  1. A la espera de la Palabra. Con la lámpara encendida.

Contexto

Estamos ante un texto apocalíptico (Mac 13). Apocalipsis: ver con claridad en la noche. Este tipo de literatura, llena de símbolos, surge en tiempos de dificultad. (Cuando se escribe este evangelio, los cristianos son perseguidos por no adorar al emperador). La finalidad de estos textos: mantener la esperanza en la victoria del bien sobre el mal. Dios está preparando algo maravilloso más allá de todo. Este texto no pretende asustar ni llevar a la angustia sino ofrecer claves para interpretar el momento que vive la comunidad.

2. Proclamación de la palabra: Marcos 12,38-44

3. Fecundidad de la Palabra

Dijo Jesús a sus discípulos. A Pedro, Santiago, Juan y Andrés, los discípulos de la primera hora. Han preguntado por el cuándo-cómo.

En aquellos días, después de la gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. La pandemia, el cambio climático, la crisis de la energía y tantas tribulaciones producen angustia, tristeza, desasosiego, pero no son la última palabra, son señal de la venida del Señor. Lo de esta vida no es para siempre. Un día llegará la vida definitiva. Todo se apagará pero el mundo no se quedará sin luz. Cuando peor están las cosas es cuando más actúa el Espíritu Santo.

Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria. La última visión que se tuvo en la tierra de Jesús fue estando colgado en la cruz. Ahora lallegada del Señor es gloriosa y trastorna el mundo viejo. No viene a condenar sino a salvar. La inminencia del fin nos introduce en una inmensa novedad: ver a Jesús, el Señor. Las nubes indican la presencia de Dios que viene. Punto culminante del discurso: todo se recapitula en Cristo. Su  poder y su gloria no son una amenaza. ¿A dónde iremos?: A Cristo resucitado. El fin de la historia es el señorío de Jesús. ¿Quién no querrá Juez tan justo? Bienaventurados los que en aquel temeroso momento se alegren con Vos, ¡oh, Dios y Señor mío! (Santa Teresa, E 3). La última palabra la tiene su amor.

Enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. Estas palabras son para suscitar la esperanza y alimentar la espera. Ningún elegido será olvidado. La vida de los discípulos no termina de cualquier manera. El encuentro glorioso será en Cristo, no en Jerusalén. Allí brotarán la justicia, la alabanza: la fiesta de las bienaventuranzas. La imagen de Jesús, Hijo del hombre, reuniendo, congregando, sanando heridas, restituyendo amistades rotas, reconstruyendo la sociedad humana en el fin de los tiempos es muy estimulante. Quizá esa será la vocación de todo cristiano, de toda persona, vivir como si ya hubiese llegado el fin del mundo, colaborar con Jesús preparando la gran reunión de todos los hijos de Dios, organizando la inmensa fiesta de la fraternidad que todos soñamos y deseamos desde el fondo de nuestra alma.

Aprender de esta parábola de la higuera. Este lenguaje es interpelativo no informativo: aprended, sabed. La naturaleza es el primer libro de Dios que hay que abrir y leer. Es hora de dialogar con la realidad que tenemos delante. En cualquier fragmento de la realidad está ya Dios. Las hojas de la higuera invitan a comprender el proyecto de Dios sobre el mundo. La higuera florece tarde; la verdadera realidad hay que descubrirla más allá de lo que vemos y oímos: es una nueva primavera en libertad y anchura y alegría del espíritu (San Juan de la Cruz, C 39,8).

Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca. Ante las pruebas podemos caer en el aislamiento o en la desesperación. Pero también puede brotar la esperanza. El Señor está cerca y eso serena nuestro corazón. 

Pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. En las dificultades de la vida, Dios se sienta por encima del aguacero (Sal 28). Estoy a la puerta, si alguien oye y me abre, entraré y cenaremos juntos (Ap 3,20). Cristo es la nueva creación y plenitud de la historia. Esto es lo que tiene que descubrir cada generación. La razón de nuestra esperanza no está en el futuro, sino en el presente. Solo existe el presente y Dios está en él. El que nos ama está cerca, está dentro de cada uno. Aquí y ahora.

En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El tiempo se está moviendo en dirección a la venida del Hijo del Hombre. El Espíritu nos guía para ver a Jesús como Señor en todo tiempo.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Palabras impresionantes. Todo (cielo y tierra en sentido cósmico) pasa, pero la palabra permanece, no pierde su fuerza salvadora. Todo pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza. Acoger la palabra es sembrar en la interioridad una semilla de eternidad. A ejemplo de María: Hágase en mí tu palabra. El Espíritu Santo nos da palabras de vida, que nunca pasan. Heme aquí con solas estas palabras sosegada, con fortaleza, con ánimo… vi mi alma hecha otra (V 25).

En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre. Palabras muy manipuladas por falsos profetas. El final forma parte de los misterios de Dios. ¿Cuándo ocurrirá esto? Lo más importante es saber que Dios nos acompaña, que él está cerca. El Señor viene cada día a nuestras vidas, cada día nos espera el abrazo de Dios. Recordadme, recordadme sencillamente, que un amor me espera (Una carmelita, enferma grave). El presente, vivido en confianza, es la única cosa que no tiene fin. El dolor del parto da origen a una vida nueva: interioridad habitada, creatividad, comunión. La última palabra de la historia la tiene Dios. Más allá de la fantasía, solo Dios sabe; de él nos fiamos.

4. Respuesta a la Palabra.

¿Qué pasaje, versículo, frase o palabra te ha llamado más la atención, te ha tocado el corazón? ¿Qué quiere decirte Dios aquí y ahora, en este momento, con ello? Ante momentos de pandemia, cambio climático, crisis de las fuentes de energía… ¿tienes capacidad de superación, recuperación? ¿Aprovechas los recursos que tienes a tu alcance? ¿Vives con esperanza? ¿De qué manera crees que Dios se hace presente en tu vida? ¿Eres consciente de esto? ¿Crees, verdaderamente, que Dios es el protagonista de la historia y que te va acompañando con su amor misericordioso? ¿Te preocupas por el cuándo ocurrirán estos acontecimientos? ¿Percibes que lo más importante es vivir todos los acontecimientos de la vida con esperanza, sabiendo que Jesús está contigo?

5.- Orar la Palabra

Canto: Nada te turbe, nada te espante Solo Dios basta.

6.- Contar al mundo la nueva manera de vivir. Testigos.

Tenemos que aprender a dar la vida en la desprotección, palabras de Edith Stein a su hermana Rosa cuando las SS las llevan a los campos de concentración.

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