II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Invocamos al Espíritu.

Procesión con la Palabra. Mientras se canta y se ora al Espíritu. Ven, Espíritu Santo. Abre nuestros corazones para recibir la Palabra de vida. Ven, Espíritu Santo. Transforma en Palabra de Dios la palabra escrita por los hombres. Ven, Espíritu Santo. Danos tu fuerza para ser testigos de la buena nueva del Evangelio.

Motivación

Revivimos el gesto de Jesús resucitado a los discípulos de Emaús. “Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras” (Lc 24,45). Celebramos con toda la Iglesia “un domingo completamente dedicado a la Palabra de Dios, para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo” (Aperuit illis, 2).

1. A LA ESPERA DE LA PALABRA. Con la lámpara encendida

Contexto. Nos fijamos en la insistencia de Mateo: “para que se cumpla la Escritura”. Hace una lectura de la historia en clave de cumplimiento. Interpreta la historia con criterios liberadores. El acierto de la escuela cristiana de Mateo fue precisamente leer las Escrituras a la luz de la vida de Jesús Nos fijamos en el comienzo de la actividad pública de Jesús y prestamos atención a las comunidades pequeñas no reconocidas por los judíos, que sufren persecución por convertirse a Jesús y acoger a los paganos. Este texto les ayuda a tener esperanza.

2. PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA: Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaúm, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:   
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán,    Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas    vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,    una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:   
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Varias personas se acercan y besan la Palabra.  

3. FECUNDIDAD DE LA PALABRA

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan. Jesús lee los signos de los tiempos a la luz de su misión y reacciona ante ellos. El anuncio del Reino conlleva riesgos. Pero Jesús no se vuelve atrás.

Se retiró a Galilea. La cosa empezó en la Galilea de los gentiles, en la periferia. Gentes mal vistas por los judíos observantes pero no por Dios. Galilea: patria de la primera comunidad, época dorada, de entrañable recuerdo. Ahí se estrenó el Reino. Ahí el pueblo que habitaba en tierra y sombras de muertes, vio una luz.

Se estableció en Cafarnaúm, junto al mar. Jesús comienza su predicación en Cafarnaúm (fuera de Jerusalén), un puerto al norte del mar de Galilea, cruce de caminos y culturas con necesidad de encuentro. Allí ser judío, romano, recaudador de impuestos, pescador, prostituta o jefe de la sinagoga se entremezclaba: vidas cruzadas. Se manifiesta la dimensión universal del mensaje desde el principio. La luz alumbra a todos.

“Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. Jesús se solidariza con el mensaje del Bautista. Dos son los centros de Jesús: conversión y reino. Conversión significa cambiar la manera de ver (mentalidad), caer en la cuenta de una verdad más profunda, disposición para recibir la buena noticia, la presencia liberadora de Dios como gratuidad. El reino, concepto dinámico, es el anuncio de la voluntad salvífica y amorosa de Dios, buena noticia para la gente.

Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos. El camino es el gran secreto en la vida espiritual. Jesús camina por la playa y llama a cuatro personas para seguirlo. ¡Es la primera comunidad! ¡Solo cuatro! Un comienzo insignificante, como insignificantes eran las comunidades en la época de Mateo. Grupos de pocas familias (18,20), pero así se extiende la luz. Esto también es válido para hoy.

“Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. Jesús es el que llama a diferencia de los rabinos. El evangelio, donde se predique, tendrá seguidores. ¿Por qué llama? No hay persona por pobre que sea que no tenga algo importante que hacer en el Reino de Dios. La respuesta se renueva a lo largo del camino.

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Seguir a Jesús es una liberación. Seguir a Jesús es consagrar la vida al Reino. El que sigue a Jesús ya no vive para sí mismo, sino para el Reino. Dios ofrece un camino y el hombre acepta la propuesta de Dios.

Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Jesús comienza andando por toda Galilea, llega hasta Siria y la Decápolis. No se queda parado. Va a las reuniones de los pueblos para anunciar su mensaje. Un cristianismo que no empuja a darse a los demás, a atender al pueblo que sufre, no tiene nada que ver con Jesús. El pueblo le lleva a los enfermos, a los endemoniados, y él los acoge a todos y los cura. Este servicio a los enfermos forma parte de la Buena Noticia y revela al pueblo la presencia del Reino. La salvación es para todos. Preludio del último envío de Jesús resucitado (28,19): haced discípulos a todas las naciones, a todos los pueblos.

4. RESPUESTA A LA PALABRA

¿Eres caminante o estás anclado en lo de siempre? ¿Qué significa para ti la llamada a la conversión? ¿Vives el gozo de sentirte llamado/a? ¿Tienes un corazón ecuménico, abierto a la salvación de todos?

5. ORAR LA PALABRA

“Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a Ti, Señor, lo torno. Todo es tuyo. Dispón de todo según tu voluntad. Dame tu amor y tu gracia, que ésta me basta” (San Ignacio de Loyola)

6. CONTAR AL MUNDO LA NUEVA MANERA DE VIVIR.

El Espíritu de la alegría mantiene vivo el ardor misionero, que hace de la vida una historia de amor con Dios, que nos invita a atraer al mundo solo con amor y a descubrir que la vida solo se puede poseer donándola. Se encienden velas. Canto: Id amigos por el mundo anunciando el amor.

Documentación:  III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. Lectio divina: Mateo 4, 12-23