¿Cómo acercarnos?

  • Es fácil, entre nosotros, hablar de la suerte: ¡qué suerte has tenido!, o ¡qué mala suerte tengo! Los hay que buscan quienes les echen la buena suerte. Hay en el ser humano un ansia de felicidad, de bienestar, de paz. ¿Cuál es tu suerte? ¿Te sientes afortunado en la vida?
  • El salmista canta la buena suerte que el pueblo ha tenido al ver cumplido su sueño de libertad. Dios llenó su vida de gozo y de dicha, manifestó la grandeza de su amor.

Adviento es un camino de dicha

Leerlo

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,

nos parecía soñar:

la boca se nos llenaba de risas,

la lengua de cantares.

 

Hasta los gentiles decían:

El Señor ha estado grande con ellos.

El Señor ha estado grande con nosotros,

y estamos alegres.

 

Que el Señor cambien nuestra suerte,

como los torrentes del Negueb.

Los que sembraban con lágrimas

cosechan entre cantares.

 

Al ir, iba llorando,

llevando la semilla;

al volver, vuelve cantando,

trayendo sus gavillas

¿Cómo orarlo?

  • Recuerda en tu vida alguna situación difícil que te costaba afrontar, incluso el corazón se te llenaba de lágrimas, y después de rezar o ponerte en las manos de Dios experimentaste alivio, confianza, fortaleza.
  • Da gracias, con este salmo, poniendo nombre a tus experiencias.
  • Pide al Señor que cambie la suerte de violencia, en la que a veces está envuelto el mundo, y que podamos escuchar en el corazón la Paz que Jesús nos da.

¿Cómo vivirlo?

Comparte alguna alegría que hayas tenido en estos días. Recuerda siempre que a cada noche le sucede un amanecer y detrás de las lágrimas viene la risa. «Cambia nuestra suerte, Padre, con la novedad de tu libertad, que vive en el mundo más que en casa, en el amor más que en la ley, en el don más que en el préstamo. Que nuestra vida compartida y entregada sea tu sonrisa sobre el mundo»