¿Cómo acercarnos?

  • De nada sirve encerrarnos en nuestro dolor, tristeza, aflicción; lo único que ganamos es amargarnos más y proyectar esa energía negativa en nuestro ambiente.
  • El orante del salmo ha experimentado una situación límite, ha tocado la frontera de la vida y de la muerte y desde esa fuerte experiencia brota su oración exultante y agradecida.

Adviento es tiempo de salvación

Leerlo

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, sacaste mi vida del abismo,

me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

 

Tañed para el Señor, fieles suyos,

dad gracias a su nombre santo;

su cólera dura un instante;

su bondad, de por vida;

al atardecer nos visita el llanto;

por la mañana el júbilo.

 

Escucha, Señor, y ten piedad de mí,

Señor, socórreme.

Cambiaste mi luto en danzas;

Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

¿Cómo orarlo?

  • Ponte ante la mirada del Señor tal cual eres y te sientes en estos momentos.
  • Invoca al Espíritu suavemente y déjate llevar por su Presencia a tu interior donde habita el Padre, el Hijo, el Espíritu.
  • Haz memoria de aquellas situaciones dolorosas en que el sufrimiento te envolvía y en que experimentaste la liberación salvadora de Dios.
  • Dale gracias por su acción en tu vida, por las veces que su bondad triunfó sobre tu odio y tu amargura. Dale gracias por el sacramento de la Reconciliación.

¿Cómo vivirlo?

A lo largo del día de hoy procura anunciar, con tus gestos y palabras, que estás convencido de que Dios no pasa en vano por la vida de las personas y de los pueblos, que su intervención siempre es liberadora.

«Cada anochecer, Señor, vistes de júbilo nuestro corazón reconciliado; y tu voz presurosa nos convoca a fiesta y alegría, a la tarea de amar, borrando ya el pasado. Sigue siendo, Señor, en cada noche, el Padre en vela que ama, perdona y siempre espera».