¿Cómo acercarnos?

  • Nos disponemos a orar este salmo, desde la fragilidad con que a veces experimentamos nuestra vida y la vida del mundo; pero a la vez, desde la confianza de haber vivido y experimentado la presencia de Dios, que nos sostiene en los momentos de prueba.
  • Desde el temor que nos sugieren nuestras pobrezas; pero a la vez con la convicción de que Dios se pone de parte del pobre.
  • Desde el desaliento que nos produce ver lo poco que podemos hacer para construir un mundo mejor, pero a la vez desde el convencimiento de que sólo conocemos a Dios cuando nos ponemos de parte de los indigentes y necesitados.

Adviento es camino de solidaridad

Leerlo

Sé tú mi roca de refugio,

el alcázar donde me salve,

porque mi peña y mi alcázar eres tú.

Dios mío, líbrame de la mano perversa.

 

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza

y mi confianza, Señor, desde mi juventud.

En el vientre materno ya me apoyaba en ti,

en el seno tú me sostenías.

 

Contaré tus proezas, Señor mío,

narraré tu victoria, tuya entera.

Dios mío, me instruiste desde mi juventud,

y hasta hoy relato tus maravillas.

¿Cómo orarlo?

  • Recorre tu propia historia de salvación y descubre la presencia de Dios en ella.
  • Confía en el Señor, renueva en Él la esperanza.
  • Da gracias al Señor por los misioneros que anuncian el Evangelio, los artesanos de la paz, los que curan las enfermedades, los que investigan para progreso y bienestar de los pueblos, por los que consiguen crear puestos de trabajo, por los que están cada día dando un abrazo a los últimos.

¿Cómo vivirlo?

Estamos ante el reto de aprender a convivir con otros pueblos y culturas. Mostrar interés y solidaridad con todas las redes de ayuda a los necesitados, es una forma de hacerlo. «Hoy la basura económica del mundo, si comparamos el Norte y el Sur, la constituyen millones de seres humanos que, en pleno siglo XXI, ya en el tercer milenio, pasan hambre y sufren por no satisfacer necesidades mínimas» (T. Calvo)