Se asomó el coronavirus en el horizonte
y recordó a los cuatro vientos la cercanía de la muerte. 
Pero el Espíritu, más íntimo que nuestra intimidad,
mantiene vivo el recuerdo de Jesús en esta hora. ¡Aleluya!

Su presencia resucitada es el perfume que se extiende por doquier,
sacando al aire músicas, antes no oídas, por el ser humano. ¡Aleluya!
Victorioso frente a todo mal y toda muerte,

Jesús desciende a los infiernos de las UCIS y hospitales,
a las soledades y miedos de tanta gente confinada,
para tocar con su ternura a los que sufren
y levantar toda esperanza alicaída. ¡Aleluya!

Una mujer, María Magdalena, anuncia tiempos nuevos para la comunidad;
las que tantas veces no han contado son ahora pioneras del anuncio. ¡Aleluya!
Dos discípulos corren al sepulcro;

ven señales, que el amor interpreta y convierte en huellas de fe. ¡Aleluya!
La Palabra nos espera para abrazarlo todo con la vida;

los pequeños de la tierra nos ayudan a entenderla;
tanta belleza de Jesús…, que no se pierda,
que el mundo necesita manos y corazón para seguir curando. ¡Aleluya!

CRISTO HA RESUCITADO. ¡ALELUYA!