• Con el silencio y aislamiento que respiran nuestras calles.
  • Con la incertidumbre y la inseguridad en el corazón.
  • Con las dudas, los temores, los miedos que nos asustan y paralizan.
  • Con la angustia y esperanza de médicos, enfermeras…. que luchan contra el virus dentro del hospital.
  • Con la fe débil y la esperanza frágil y escondida.

Mira a Jesús

Es el enviado por Dios; está en medio de la humanidad, compasivo y manso; no grita ni quiebra la caña cascada; pero promueve tenazmente la justicia y la liberación de los oprimidos. Es el servidor, el que Dios ha ungido con su Espíritu y hecho alianza de su pueblo, la Iglesia. Él es la luz de las naciones, el que abre los ojos a los ciegos, libera de la prisión a los cautivos y saca de la mazmorra a los que habitan en tinieblas (Cf. Is 42,1-7). El que en medio de la tempestad que estamos atravesando, por la pandemia del Covid- 19, “coronavirus”,  nos dice también a nosotros: ¿Por qué tenéis miedo?

Centra tu mirada en Jesús

Pone toda su confianza en el Padre cuando su vida está llegando a un final peligroso, y la de sus discípulos, corre también el mismo riesgo:

“Mirad que llega la hora en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo” (Jn 16, 32).

Ora al Padre cuando el fracaso y la derrota están a punto de quebrantar su fortaleza:

“¡Abba, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú” (Mc 14, 36).

Realiza un gesto sorprendente en la frágil comunidad de discípulos que se viene abajo al aproximarse la pasión y muerte del Maestro:

“Tomó luego el pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros” (Lc 22, 19).

Palabra del papa Francisco:

“Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas.
Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente.
En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos”
(Momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia, Viernes, 27 de marzo de 2020).

Pistas de luz para tu camino 

Repite a lo largo del día con confianza: ¡Padre!, me pongo en tus manos, que se haga en mí  tu voluntad!

Regala a los que viven contigo el perfume de una sonrisa y una palabra de ánimo y esperanza.

 Oración

 Mira, Señor, mi fragilidad y desaliento.
Envíame tu Espíritu.
Que él me llene de fortaleza y de esperanza
para ser testigo de tu Amor y de tu Pascua. Amén.