• En tu situación de confinado a estar en casa, en un espacio reducido.
  • En tu situación de seguir atendiendo a tus familiares, u otras personas necesitadas.
  • Con tu responsabilidad de seguir realizando diferentes trabajos humanitarios, a pesar del cansancio.
  • Con tus miedos e inseguridades a contagiarte.
  • Con tu deseo de solidaridad y de búsqueda de comunión.

Vete a Jesús 

Es el Siervo. Lleno de confianza en el Padre, ofrece un lugar en el Reino para todos. Ha recibido una misión de Dios: reunir a todos los pueblos en un solo pueblo de hijos/as y hermanos/as. Tiene un proyecto de salvación para todas las naciones, todas las culturas, todas las religiones de la tierra (Cf. Is 49,1-6). Tiene una mirada de ternura para todos los infectados de “coronavirus”. Tiene una palabra de aliento y esperanza para todos los trabajadores que siguen en la brecha ofreciendo lo mejor de sí mismos.

Acércate a Jesús 

Va por los caminos de la vida con los ojos abiertos. Contempla a las muchedumbres descarriadas, a enfermos que no saben ya a quién acudir, a oprimidos por el maligno, a publicanos, a mujeres que ejercen la prostitución, a niños despreciados… y le brotan los gestos de ternura y de compasión, le nacen palabras de esperanza:

“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11, 28).

Su deseo más hondo es que todos/as se sienten a su mesa y todos tengan pan, palabra y dignidad. Ora pidiéndoselo al Padre:

“No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que por medio de su palabra creerán en mí, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti” (Jn 17, 20-21).

Está dispuesto a entregar su vida hasta el final, como expresión de su amor fiel, para la vida de todos.

“Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros” (Lc 22, 20).

Palabra del papa Francisco

“La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad.

La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad.

Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos”
(Momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia, Viernes, 27 de marzo de 2020).

Pistas de luz para tu camino 

♦ Da pasos para reconciliarte con alguna persona de la que estés alejado/a.

♦ Esfuérzate en defender la vida, potenciar la vida, dignificar la vida, hacer más feliz la vida de los demás, ahora y en estas circunstancias que nos toca vivir.

 Oración

            Gracias, Señor Jesús.
            Tú me has dado la vida.
            Tú me amas.
           Tú abres tu casa para todos.
          Haz que mi vida no tenga fronteras. Amén.