Lunes, 29 de junio

San PEDRO Y San PABLO, apóstoles

“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 16).

En el Evangelio de hoy Jesús hace una pregunta vital a los discípulos. Y hoy, también, nos la hace a cada uno de nosotros: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Jesús declara dichoso a Pedro porque el Padre le ha revelado el misterio de reconocerle como Mesías y como Hijo de Dios. Le confía la misión de ser la roca sobre la que se asentará su Iglesia, reunida en torno a los discípulos.

Tú eres mi Señor, mi fe se apoya en tu Palabra de Vida.

Martes, 30 de junio

“¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!” (Mt 8, 25).

Aunque aparezca muy oscuro el horizonte de la humanidad, la Iglesia celebra el triunfo y la alegría pascual. Si un viento contrario obstaculiza el camino de los pueblos, si se hace borrascoso el mar de la historia, ¡que nadie ceda al desaliento y a la desconfianza! Cristo ha resucitado.

Tú eres, Jesús, el pan de la salvación. Tú eres, Jesús, el pan de los pobres. Tú eres, Jesús, el alimento de todos los peregrinos.

Miércoles, 1 de julio

“Desde los sepulcros, dos endemoniados salieron a su encuentro” (Mt 8, 28).

Jesús no es propiedad de unos pocos privilegiados; cruza toda orilla y va al encuentro de todos los que están muertos en vida. No pienses mal de la Iglesia ni la reduzcas a los que piensan y sienten como tú. La Iglesia es misionera de todos los pueblos.

¡Cómo eres Dios mío! Estás en los que casi no son nada.

Jueves, 2 de julio

“¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados” (Mt 9, 2).

La fe que tenían los portadores del paralítico y el perdón de Jesús se encuentran. Del encuentro surge un nuevo comienzo para el paralítico. Pasa por tu corazón la situación de parálisis, de incapacidad para caminar y ser libres, que viven muchos pueblos de la tierra.

Ilumíname, Señor. Ayúdame a encontrar un estilo de vida liberador.

 Viernes, 3 de julio

Santo Tomás, apóstol

“Señor mío y Dios mío” (Jn 20, 28).

Tan extrema como fue su incredulidad es ahora la respuesta creyente de Tomás. Hace suyo al Señor que se pone en medio para servir y al Dios que se hace cercano por el amor. Convierte esta expresión de fe de Tomás en jaculatoria y repítela a menudo. “Señor mío y Dios mío”

Cura, Señor, nuestra falta de fe. Que aprendamos a crecer confiados
en la palabra y el testimonio que nos llega a través de la comunidad creyente.

Sábado, 4 de julio

”El vino nuevo se echa en odres nuevos” (Mt 4, 17).

El Reino que llega con Jesús no puede ser acogido con una simple reforma, sino que requiere un cambio y una renovación radicales. Lo nuevo que llega con Jesús siempre tiene que ver con el Amor que ensancha la vida.

Espíritu Santo, limpia mi odre viejo para ofrecer el gozo de tu Presencia a los hermanos.

Escucha este Evangelio acompañado de una canción y palabra de los Místicos, descargando la Aplicación: Evangelio orado

Documentación:  13 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO