Lectura orante del Evangelio:

«Dios nos libre, por su Pasión, de decir ni pensar para detenerse en ello ‘si soy más antigua’, ‘si tengo más años’, ‘si he trabajado más’, ‘si tratan a la otra mejor'». (Santa Teresa)

Al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña

Jesús nos cuenta una parábola para que entendamos un poco más la bondad de Dios. Su mensaje es sorprendente. Nos invita a la confianza sin límites. El amo de una viña salió al amanecer, a media mañana, hacia mediodía, a media tarde y al caer la tarde a contratar jornaleros. Dios siempre sale a buscar. ¡Qué hermosa imagen para recordar el protagonismo de Dios en nuestra historia de oración! Dios siempre está llamando a sus criaturas. Su amor madruga para llamar, aunque cualquier hora es buena para hacerse el encontradizo y ofrecer sentido a una vida en paro. «Gracias, Señor».

Salió al caer de la tarde, y encontró a otros, parados, y les dijo: «Id también vosotros a mi viña»

Habituados a tantas horas, días y años con lo mismo, ¿es posible cambiar al caer de la tarde?, ¿es posible todavía preguntarnos si somos felices?, ¿se puede oír la voz del amor al anochecer? Cuando ya no podemos, ni queremos, ni creemos en nuestro cambio, Dios sí cree en nosotros y se acerca provocándonos; no soporta vernos viviendo en un sin vivir. «Aunque sea muy tarde en nuestra vida, Señor, contigo, nuestro atardecer es madrugada. Contigo, hay alegría. Tú levantas nuestra esperanza decaída».

Recibieron un denario cada uno

El final lo pone Dios y siempre es un final de gracia. Eso sí, empieza por los últimos. Dios se ha manifestado «bueno» hasta donde nosotros no seríamos capaces de sospechar. El denario es todo lo que necesitaban para vivir los de la primera hora y los de la última. Todo es gracia. Basta acoger su invitación, a la hora que sea. ¿Sorprendente? ¿Ilógico? Dios nos regala la comunión con él. Ese es el salario, admirable, sorprendente, único, inmerecido y divino de nuestra entrada por la fe en la viña de Dios, ¡un salario de eternidad para un tiempo de fe!, un salario de gloria que se nos da solo porque hemos ido a la viña, ¡solo porque Dios es bueno! Así funciona su reino. «Gracias, Señor».

Se pusieron a protestar contra el amo: «Estos últimos han trabajado solo una hora, y los has tratado igual que a nosotros»

Dios es de otra manera que nosotros. Sus pensamientos no son como los nuestros. No es fácil entender la gratuidad de Dios. Cuando la mirada no es limpia, empiezan los cálculos y las comparaciones; no aceptamos la igualdad de trato que Dios tiene. ¿Por qué Dios tiene que excederse en generosidad con los últimos? «¡Cuántas veces oramos así! Perdónanos, Señor. Limpia nuestra mirada».

¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?

Así es el Padre que revela Jesús. Más allá de nuestra justicia, está su gratuidad y su forma peculiar de amar: que cada familia tenga su pan para comer. Sólo él, caminando con nosotros, hablándonos, amándonos, puede acercarnos al misterio de lo que él es para nosotros. Dios es para nosotros. Creer en un Dios tan amigo puede ser la experiencia más liberadora que se pueda imaginar, la fuerza más vigorosa para vivir y para morir. Con Dios es posible vivir de una manera más parecida a él.«Enséñanos, Señor, a creer en tu bondad».

CIPE – Septiembre 2017