Lunes, 20 de julio

San Elías, profeta y padre del Carmelo.

“Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña para orar… De repente dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén” (Lc 9, 28-30).

Jesús muestra en el monte a sus discípulos el destino de los hijos de Dios. La última palabra la tiene la luz; ante ella, la oscuridad retrocede avergonzada.

La memoria de Elías se guardó siempre viva de modo particular en el Monte Carmelo, un monte bíblico vinculado a la gran figura de este profeta, que vivió en la presencia del Señor y fue para Israel “testigo del Dios vivo”. Elías significa «Mi-Dios-es-Yahvé».

Pon tu luz en mis ojos, Señor, que no sé andar por los caminos, si Tú no estás conmigo y me guías. ¡Gracias por tu luz, Jesús! ¡Gracias por todos los que brillan como Tú!

Martes, 21 de julio

“El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielo, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre” (Mt 12, 50).

La nueva familia de Jesús está abierta a la humanidad entera. Con los que se aceptan un compromiso semejante al suyo, Jesús estrecha lazos de intimidad. Pregúntate cuál es tu relación con los miembros de tu comunidad cristiana? ¿Los sientes como hermanos y hermanas?

Cuando hago mías voces que antes no lo eran, cuando miro con simpatía a los que encuentro en el camino, mi corazón se va pareciendo al tuyo, Señor. 

Miércoles, 22 de julio

 SANTA MARÍA MAGDALENA

“Jesús le dice: ¡María! Ella se vuelve y le dice: ¡Rabboni!, que significa: ¡Maestro!” (Jn 20, 16) 

Jesús llama a María por su nombre y ella reconoce su voz. Al esposo le responde la esposa. El lenguaje nupcial expresa la relación de amor que une a la comunidad con Jesús. ¿Cómo llamas a Jesús en tus encuentros con Él?

Lo mío es tuyo, mi Señor. Lo tuyo es mío, mi Señor. Juntos hacemos el camino, mi corazón en el tuyo. 

Jueves, 23 de julio

SANTA BRÍGIDA, religiosa, patrona de Europa.

“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará”  (Jn 15, 7).

En Jesús colocamos la seguridad de nuestra vida. Su vid hace fecundos nuestros sarmientos. En la oración interior, con la que nos unimos a Jesús, más que hacer nosotros, dejamos que él obre en nosotros. Su vida nos toca por dentro. Su paz puede más que todas nuestras inquietudes.

Perdóname, Señor. A veces tengo la pretensión de pensar que las obras que hago son mías. ¿Cuándo aprenderé que sin ti no podemos hacer nada?

 Viernes, 24 de julio

“Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto” (Mt 13, 23).

Dios quiere sembrar la semilla de la vida en el jardín de tu corazón. ¡Prepárale tu tierra! Acoge este consejo de san Juan de la Cruz: “Adonde no hay amor, pon amor y sacarás amor”. Cuando quiero juzgar, Tú sales a mi encuentro con la gracia. Cuando me enfurezco ante las debilidades de los demás, Tú me invitas a la paciencia.

Cuando me brota el rencor, Tú siembras en mi corazón el amor.

Sábado, 25 de julio

SANTIAGO, APÓSTOL

“El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida” (Mt 20, 28).

¡Qué bien describen a Jesús estas palabras! Vino para dar vida a todos. Dio vida sirviendo a todos. Imagina a Jesús a tu servicio, dándote lo mejor. Asómbrate de la locura de ese amor.

No sé qué decir, Señor. No sé casi nada. Solo sé que me amas con un amor que no termino de entender.

Documentación:  16 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Escucha este Evangelio acompañado de una canción y palabra de los Místicos, descargando la Aplicación: Evangelio orado