Lunes, 21 de septiembre 

SAN MATEO, apóstol y evangelista

“He venido a llamar a los pecadores” (Mt 9, 13)

Mateo era un pecador, un excluido, pero con el deseo vivo de la salvación. Jesús lo llama y le cambia la esclavitud del dinero por la libertad del seguimiento. Le abre las puertas de la comunidad, porque el amor rompe las fronteras entre buenos y malos. Mira cómo actúa Jesús: el misterio del pecado lo ve siempre a la luz del misterio del amor.

Señor, qué alegría siento porque sé que nada me aparta de ti. Nada ni nadie me aparta de ti, porque eres tú el que me tiene cogido de la mano desde el día que pasaste a mi lado y me llamaste. Gracias, Señor.

Martes, 22 de septiembre

«Los que escuchan la palabra de Dios» (Lc 8, 21)

El Espíritu te abre los oídos para que escuches la buena nueva de la salvación. La palabra de Dios es tu primera fuente de vida, la que alimenta tu relación con Dios. Recuerda a María, la virgen oyente, que acoge con fe la palabra de Dios. Si consideras el Evangelio como lugar de encuentro con Jesús, irás de maravilla en maravilla.

Jesús, enséñame a escucharte. Jesús, recuérdame que Tú siempre estás ahí para escucharme.

Miércoles, 23 de septiembre

«No llevéis nada para el camino» (Lc 9, 3)

No lleves nada, pero en la soledad del camino abre tu presencia a la presencia de Jesús. No lleves nada, para que seas peregrino de novedad. Lo más hermoso te viene dado. No lleves nada, para buscar ligero de equipaje, por montes y riberas, a tu Amado. No lleves nada, y sacúdete el polvo de los pies para que no se te quede dentro lo negativo.

“Ve por el mundo, grita a la gente, que el amor de Dios no acaba, ni el amor de Dios se pierde”. Para eso cuenta contigo, para que no te canses de gritar el amor y la cercanía de un Dios que más que Dios es Padre, misericordia y acogida.

Jueves, 24 de septiembre

«¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?» (Lc 9, 9)

Herodes está inquieto. Quiere encasillar a Jesús para domesticarlo, pero no sabe cómo. Sírvete tú de la pregunta del tirano para acercarte a Jesús y contemplar su rostro de cerca. ¿Quién es éste en cuya mirada se percibe un amor tan profundo, que toca mis raíces? ¿Quién es éste que produce miel en mi boca, melodía en mi oído, júbilo en mi corazón?

¿Quién es éste? Es Jesús, mi Señor.

Viernes, 25 de septiembre

“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (Lc 9, 20). 

Haz silencio antes de responder porque no puedes engañarte a ti mismo. Y seguro que descubres certezas y dudas. Realidades y apariencias. Promesas y olvidos. Buena voluntad y mala realidad.

Y aunque tienes claro que Jesús es el Mesías, también tienes claro tu debilidad e inconsecuencia. Lo importante no es tu respuesta, sino tu vivencia de cada día. Esta pregunta solo se responde desde la vida.

“Juntos andemos, Señor. Por donde fuereis, tengo de ir. Por donde pasareis, tengo de pasar” (Santa Teresa, Camino 21,6).

Sábado, 26 de septiembre 

«Al Hijo del hombre lo van a entregar» (Lc 9, 44)

Jesús se metió en situaciones que él sabía le iban a abocar a la cruz. Le sostenía la relación con el Padre. De la experiencia de su amor sale la verdadera profecía. Amó la vida y supo para qué vivía. Se metió en los problemas del ser humano y del planeta. Mientras, los discípulos discutían para ver quién era el más importante.

Me descalzo ante ti, mi Señor, porque el terreno que piso es santo.

Documentación:  25 SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Escucha este Evangelio acompañado de una canción y palabra de los Místicos, descargando la Aplicación: Evangelio orado