Evangelio de la tercera semana de Adviento

Lunes, 14 de diciembre

SAN JUAN DE LA CRUZ 

“¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?” (Mt 21, 23)

Jesús inició la nueva humanidad de la caridad y de la ternura. Muchas de sus palabras y acciones las dijo y realizó en el espacio sagrado del templo, lugar donde se pretendía tapar las injusticias con plegarias. No le preguntaron por el misterio que escondía su vida, por el manantial de dónde sacaba tanta agua viva; les habría respondido que todo le salía del Padre, les habría enseñado el Padrenuestro. Le preguntaron por su autoridad, con muy mala intención.

Jesús, quiero estar en el Padre como tú  y así saber que el Padre, el Hijo y el Espíritu nos habitan. Aquí está la fuente de todo estilo de vida sorprendente.

“En la noche dichosa / en secreto, que nadie me veía, ni yo miraba cosa, / sin otra luz y guía /sino la que en el corazón ardía” (San Juan de la Cruz).

Martes 15 de diciembre

“Los publicanos y prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios” (Mt 21, 31)

En los más marginados de la sociedad, el Dios sorprendente se abre camino. Tu vida sencilla y orante puede ser una pequeña luz que habla de Dios en medio del mundo. Allí donde la incomprensión y el odio, el racismo y el enfrentamiento entre religiones surgen como una llaga que tarda en cicatrizar, tu testimonio, unido al de otros muchos, puede ser una antorcha encendida en medio de la noche.

¡Enciende la llama de tu amor en la humanidad herida! Ayúdame a mantenerla encendida con mi vida. 

Miércoles 16 de diciembre 

“¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?” (Lc 7, 20) 

La verdadera unión con Dios no está en cosas extraordinarias y llamativas, que fascinan y asustan a la vez. La unión con Dios acontece en Jesús, que viene. Él es tu plenitud. En Él puedes descansar, sin seguir esperando a otros. Jesús es el gran regalo que te hace Dios. Escucha su palabra y fíate de Él. Viene a ti por caminos de fe y de esperanza.

Camina en el amor, porque el alma que anda en amor ni cansa ni se cansa y solo en Dios descansa.

Jueves, 17 de diciembre 

“Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo” (Mt 1, 16)

Dios es fiel y cumple sus promesas. Todo un Dios se mete en nuestra historia, en nuestro tiempo. Viene a vivir con nosotros, en nuestra tierra, entrelazado en las generaciones de sus antepasados. Se hace uno de nosotros para compartir nuestra frágil humanidad. María y José lo acogen confiados en la Palabra que llega a sus vidas, en medio de la noche del no saber. Adviento es gracia, adviento es salvación. ¡Maran-atha! ¡Ven, Señor, Jesús! 

“Haz que abandone la alforja que hasta ahora he llevado. Haz que rechace el vestido que traje hasta aquí. Haz que me quede desnudo ante tu presencia. Haz que abandone mi vieja razón de vivir. ¡Maran-atha! ¡Ven, Señor, Jesús!” (Brotes de Olivo).

Viernes, 18 de diciembre

“Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer” (Mt 1, 24).

La luz y la fuerza del Espíritu traen a Jesús a nuestro mundo. José y María, en pobreza y verdad, acogen confiados la Palabra que se encarna en sus vidas y en nuestra tierra; preparan su hogar de fe, esperanza, pobreza y ternura para recibirla. Adviento es camino de abandono y confianza.

Con María y con José quiero disponer mi interior para acogerte, para adorarte, para agradecer tanto amor. Con María y con José salgo al encuentro de los pobres, de los que más sufren, de quienes están más solos Quiero parecerme a ti. Amén.

Sábado, 19 de diciembre 

“¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo y mi mujer es de edad avanzada” (Lc 1, 18)

Zacarías es un orante y, por tanto, un buscador de sentido para su vida. Se acerca como tantas veces al templo, pero esta vez Dios rompe sus límites, y ahí, el marido de Isabel, se detiene y no entiende. Aprendió a esperar, silenciando todo su ser, junto a Isabel su esposa. Los dos escucharon la promesa y confiaron a oscuras en el misterioso anuncio que fecundaba las entrañas de Isabel.

Señor, me abro confiado/a tu gracia, siempre me sorprendes y desbordas.

Documentación:  TERCERA SEMANA DE ADVIENTO

Escucha este Evangelio acompañado de una canción y palabra de los Místicos, descargando la Aplicación: Evangelio orado

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