EVANGELIO DIARIO EN LA CUARESMA

Domingo, 25 de febrero

«Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, subió aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos» (Mc 9, 2)

El deseo del Espíritu es que participemos de la gloria de Jesús, que nos pongamos en camino con él, para hacer de la vida un don de amor a los demás. Nos lleva a la montaña donde se adquiere la libertad interior. Jesús no te engaña. Vete con él al monte, donde adquirirás la libertad interior para seguirle.

Gracias, Padre, que así hablas de Jesús y de nosotros: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo».

Lunes, 26 de febrero

«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,36)

La misericordia es la forma que tiene el Espíritu de mirar nuestra debilidad. Cada vez que nos equivocamos nos recuerda que la compasión es lo que mejor desvela el corazón del Padre. Pase lo que pase, nos dice, Dios nunca se cansa de perdonar y nos permite comenzar de nuevo. Déjate hoy alcanzar por la mirada llena de amor del Padre, vuelve a él de todo corazón.

Espíritu Santo, muévenos a la compasión y a la ternura.

Martes, 27 de febrero

«El primero entre vosotros será vuestro servidor» (Mt 23,11)

Los vientos del Espíritu están siempre soplando. Nos empujan hacia Jesús, que está en medio como el que sirve; nos llevan a vivir en la verdad, respaldando la palabra con la vida. La fecundidad del cristiano pasa por el servicio. Descubre las aspiraciones del Espíritu, canta y camina sirviendo.

«Enséñanos, Jesús, a servir con alegría. Queremos poner nuestros pies en tus pisadas».

Miércoles, 28 de febrero

«El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20,28)

El Espíritu nos coloca en nuestro sitio, que es el sitio de Jesús. Cambia nuestras pretensiones de grandeza y nos pone el delantal para el servicio, para curar y cuidar la vida. Cambia nuestras comparaciones con los demás y nos lleva a sentarnos en la mesa de los pecadores. Recuerda que da vida quien ama, libera quien sirve.

Actúa en nosotros, Espíritu de amor. Envíanos tu fuerza para ser testigos del Evangelio.

Jueves, 1 de marzo

«Había un hombre rico… y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal» (Lc 16,19-20)

El Espíritu mueve a reconocer a Jesús en los desdichados que están a la puerta. Cuando nos dejamos guiar con sencillez por él, nos da un corazón nuevo, solidario. ¿Cuándo superamos el escándalo de tener ojos que no ven? Deja que el Espíritu hable por ti.

Espíritu Santo, quiero trabajar en equipo contigo para poner amor donde no lo hay.

Viernes, 2 de marzo

«Por último, les mandó a su hijo» (Mt 21,37)

El Espíritu nos invita a poner los ojos en Jesús: locura de amor entregado. No somos dueños de la vida, somos administradores de la vida recibida para dar fruto. Nos avisa para que cambiemos de rumbo. Da permiso al Espíritu para que te lleve de la superficialidad a la hondura, de las palabras a las obras. Jesús en persona se aproxima a tu camino, quiere entrar en tu historia. Déjate encontrar por Él.

«Jesús, peregrino de amor, gracias por querer entrar en mi historia».

Sábado, 3 de marzo

«Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos» (Lc 15,20)

El Espíritu del Padre no se asusta de nuestros pecados de hijos pródigos o envidiosos. No nos deja decir nuestro discurso, sencillamente nos abraza. Ten en cuenta que el Padre siempre te espera. No des por perdida la esperanza.

«Bendito seas por siempre, Padre, que siempre nos esperas. Todo lo tuyo es para nosotros».

Escucha este Evangelio acompañado de una canción y palabra de los Místicos, descargando la Aplicación: Evangelio orado