Lunes, 17 de mayo    

“No estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo” (Jn 16, 32-33).

Jesús y el Padre son uno. Ha tenido el coraje de meterse en situaciones complicadas. Ha sido su forma de vencer al mundo y sus miedos. Jesús sabe que los suyos van a pasar por las mismas dificultades, por eso les comunica palabras de ánimo. Son palabras de un amigo en la prueba. La fortaleza para afrontar la violencia, la persecución, se apoya en la victoria de Jesús.

Nada te turbe, nada te espante. Todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. Solo Dios basta.

Martes, 18 de mayo

Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado” (Jn 17, 9-10).  

Jesús está hablando con el Padre, en una apertura confiada. Ora por nosotros, que somos el regalo que el Padre le ha confiado y nos mete en su intimidad. Habla de su vuelta a los brazos del Padre, que es lo que más le agrada. En su empeño por levantar a todos los caídos para que descubrieran su dignidad de hijos, ha manifestado la gloria y el proyecto del Padre.

Jesús, todos estamos en tu corazón y en el corazón del Padre, somos un regalo que mutuamente os habéis hecho. Somos miembros de una misma familia. Que nuestro rostro y en nuestro obrar brille la gloria de Dios que nos habita.

Miércoles, 19 de mayo    

Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros” (Jn 17, 11-12).

El Espíritu realiza la unión entre los amigos de Jesús. Con creatividad y belleza enseña el lenguaje de la comunión, del respeto y del cariño. Acércate, habla con la gente. Colabora con otros para llevar algo a cabo. Haz tuyos los dolores y gozos de los que te rodean.

Jesús, con mi mano abierta, quiero acoger de todos tu regalo. Jesús, con mi mano ofrecida, quiero ofrecerles a todos tu sonrisa. 

Jueves, 20 de mayo

«Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17, 21-22)    

Jesús nos invita a tener una mirada capaz de ver toda la realidad: las pequeñitas y grandes cosas habitadas por el misterio de la Trinidad. Y el Espíritu nos desafía a ver si somos capaces de ver en los hombres y mujeres que viven junto a nosotros, más allá de toda apariencia, el misterio de Dios que los habita.

¿Cómo es posible, mi Dios? ¡Me has amado como has amado a Jesús! ¡Amas a cada ser humano como me amas a mí! ¿Cómo los amaré yo?

Viernes, 21 de mayo    

«Sígueme» (Jn 21,19).    

El Espíritu es quien renueva en nosotros la espontaneidad de nuestra respuesta a seguir a Jesús. Incluso en los días de tormenta el Espíritu permanece con nosotros. Jesús es fiel. Su mirada y su palabra no se alejan de nuestra vista. Confía en nosotros. La presencia del Espíritu en nosotros nos despierta a una compasión y a una infinita bondad del corazón.

¡Qué gozo poder decirte cada día: Tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero! Enséñame a esperar siempre la victoria de tu amor.

Sábado, 22 de mayo

“El discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho” (Jn 21, 20).  

¡Qué importancia tienen para toda la comunidad los que se han sentido amados por Jesús y han buscado frecuentemente su intimidad! Da apoyo y aliento a todos los que viven con el corazón encogido por el terrorismo. Busco cada día la intimidad contigo.

Mi corazón, Señor, es para ti. Gracias por las presencias alentadoras que encuentre entre la gente.  Gracias por tu Espíritu que alienta mi caminar. ¡Ven, Espíritu Santo, ven!

Documentación: EVANGELIO EN LA SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA

Escucha este Evangelio acompañado de una canción y palabra de los Místicos, descargando la Aplicación: Evangelio orado