LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO: Marcos 16,15-20

«La meta de nuestro camino es el Padre» (Papa Francisco)

Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación

Jesús es el amigo que nunca nos abandona. Su amor no puede desaparecer, sigue día tras día con nosotros. Lo mejor de nuestra vivencia cristiana es sabernos amados por él. Es imposible animarnos a cosas grandes si no tenemos dentro la certeza de su amor. Esta experiencia es tan consoladora que Jesús nos invita a compartirla con todo el mundo. Después de habernos reunido en grupo para leer, comentar y guardar en el corazón la Buena Nueva, Jesús nos empuja a salir para transmitir, a todos, la frescura y novedad del Evangelio. ¿Cómo silenciar esta palabra? ¿Cómo privar al mundo, tan necesitado de amor, de este mensaje de vida? Hay muchas personas que están esperando que hablemos bien de Dios. La fe crece cuando la comunicamos. Nos ponemos en camino para anunciar la Buena Nueva. Tú, Jesús, vienes con nosotros.

El que crea y sea bautizado se salvará

Solo el amor de Jesús, del que está lleno el Evangelio, es digno de ser una propuesta de fe libre para el ser humano. Cuando compartimos el Evangelio con los que nos rodean, ponemos en el centro a la persona misma de Jesús y puede empezar el camino de la fe como un diálogo de amistad con él, como una esperanza. El Evangelio de Jesús, oferta de Dios a los hombres, tiene tal fuerza salvadora que, con él en las entrañas, todo comienza de nuevo. El Evangelio toca el corazón, viene acompañado de la alegría, desborda las expectativas de vida, salva de la soledad de no amar ni ser amados. Tu palabra, Jesús, nos crea, recrea nuestra fe. La fe solo se conserva cuando se comunica.

Estas son las señales que acompañarán a los que crean

La fe en Jesús se muestra en una manera de vivir que humaniza este mundo. La fe se asoma en los signos que Jesús hacía por los caminos. Nuestro tiempo necesita ver en nosotros los creyentes, los signos de Dios. Los orantes, alcanzados por la vida de Jesús, salimos a los caminos aportando, con creatividad y belleza, nuevas respuestas para los nuevos problemas, promovemos la cultura de la vida, especialmente allí donde la dignidad humana está más escondida por la enfermedad, el aislamiento, la pobreza. La esperanza solo se mantiene viva cuando nos lleva a la acción. Danos tu Espíritu, Jesús, para vivir una fe acompañada por las señales de tu amor.

El Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios

Los orantes nos vestimos de fiesta para celebrar con la Iglesia el triunfo de Jesús, su ascensión a los cielos. Con la presencia del Espíritu, estrenamos nuestra hora para continuar viviendo y anunciando el Evangelio. No estamos solos. Jesús nunca nos abandona. No hay comunión más amable que la de Jesús con el Padre en el Espiritu. Esta comunión es nuestro hogar, nuestra fuerza, nuestra meta; en ella se renueva el sentido de nuestra vida. Esta comunión alienta nuestro caminar y nos espera; la oración bebe de esa fuente. María viene con nosotros; nos da la mano y no la suelta. Es esperanza. Madre de los creyentes, danos tu confianza, danos tu fe.

FELIZ DÍA DE LA ASCENSIÓN Desde el CIPE – mayo 2018