La meta de nuestro camino es el Padre (Papa Francisco).

Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.

En su misterio de la Ascensión, Jesús nos pone ante un horizonte de esperanza. Él es el amigo que nunca nos abandona; va delante abriéndonos caminos. Lo mejor de nuestro camino de seguimiento es dejarnos enamorar por él. Con la certeza de su presencia amorosa nos animamos a cosas grandes. Esta experiencia es tan consoladora que Jesús nos invita a compartirla con todo el mundo. Después de habernos reunido en grupo para leer, comentar y guardar en el corazón la Buena Nueva, Jesús nos empuja a salir para transmitir, a todos, la frescura y novedad del Evangelio. ¿Cómo silenciar esta palabra? ¿Cómo privar al mundo, tan necesitado de amor, de este mensaje de vida? Hay muchas personas que están esperando que hablemos bien de Dios. Nos ponemos en camino para anunciar la Buena Nueva. Tú, Espíritu Santo, vienes con nosotros.

El que crea y sea bautizado se salvará.

Solo el amor de Jesús, del que está lleno el Evangelio, es digno de ser una propuesta de fe libre para el ser humano. Cuando creemos y somos bautizados, ponemos en el centro a la persona misma de Jesús y comienza el camino de la fe como un diálogo de amistad con él, como una esperanza a la que nos llama. El Evangelio de Jesús, oferta de Dios a los hombres, tiene tal fuerza salvadora que, con él en las entrañas, todo comienza de nuevo. El Evangelio toca el corazón, viene acompañado de la alegría, desborda las expectativas de vida, salva de la soledad de no amar ni ser amados. Tu palabra, Jesús, nos crea.

Estas son las señales que acompañarán a los que crean.

El triunfo de Jesús es el nuestro. Sus señales son las nuestras. Su manera de vivir es la nuestra. Así se humaniza el mundo. Nuestro tiempo necesita ver en nosotros, los creyentes en Jesús, el triunfo de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio. Alcanzados por la vida de Jesús, salimos a los caminos aportando, con creatividad y belleza, nuevas respuestas para los nuevos problemas; promovemos la cultura de la vida, especialmente allí donde la dignidad humana está más escondida por la enfermedad, la pobreza. La esperanza solo se mantiene viva cuando nos lleva a la acción. Danos tu Espíritu, Jesús, para vivir una fe acompañada por las señales de tu amor.

El Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.

Los orantes nos vestimos de fiesta para celebrar, con la Iglesia, el triunfo de Jesús, su ascensión a los cielos. Con la presencia del Espíritu, estrenamos nuestra risa abierta para continuar viviendo y anunciando el Evangelio. No hay comunión más amable que la de Jesús con el Padre en el Espiritu. Esta comunión es nuestro hogar, nuestra fuerza, nuestra meta; en ella se renueva el sentido de nuestra vida. Esta comunión alienta nuestro caminar y nos espera; la oración bebe de esa fuente. María viene con nosotros; san José nos acompaña; nos dan la mano y no la sueltan. Son nuestra esperanza para ver la realidad con la luz de Jesús resucitado. Madre de los creyentes, danos tu confianza, danos tu fe. 

FELIZ DÍA DE LA ASCENSIÓN Desde el CIPE – mayo 2021

DOC. PDF. Domingo de la Ascensión del Señor. Marcos 16, 15-20