LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO: Juan 15,1-8

«El testimonio (de muchos cristianos) nos recuerda que la Iglesia no necesita tantos burócratas y funcionarios, sino misioneros apasionados, devorados por el entusiasmo de comunicar la verdadera vida» (Papa Francisco, Gaudete et exsultate, 138)

«Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador»

Abrimos el oído para escuchar las confidencias vitales, profundas, que nos hace Jesús. Alrededor de Jesús todo es vida. Abrimos la puerta del corazón pararecibirla. Frente a tantas opciones que dejan en nosotros un poso de muerte, hoy el Espíritu nos invita a optar por Jesús, que trae la vida. Jesús nos invita a mirar al Padre como un labrador que trabaja nuestra tierra para que demos fruto. El Padre nos conoce y nos ama, sabe cuál es el verdadero sentido de nuestra existencia. Quien es fiel al amor del Padre se llena de vida, como Jesús. Padre, toda nuestra hacienda está en tus manos; nos cuidas con amor. Gracias.

Vosotros estáis limpios por las palabras que os he hablado

«Nada es más iluminador que volver a las palabras de Jesús y recoger su modo de transmitir la verdad» (Papa Francisco). La palabra de Jesús alimenta nuestro amor de cada día, limpia nuestros ojos para ver en todo lo que nos acontece la huella de su amor, nos enseña lo que quiere que digamos al mundo con nuestra vida. La palabra de Jesús no hace daño, no destruye la vida de los demás; al revés, siempre embellece. Cuando todo se llena de palabras huecas, de disfrutes epidérmicos y de ruidos, la palabra de Jesús nos regala la alegría, fortalece nuestra fe, aumenta la ternura. Escuchamos con gozo, tu evangelio, Señor. Su savia nos llena de alegría y compromiso.

Yo soy la vid y vosotros los sarmientos

En Jesús colocamos la seguridad de nuestra vida. Su vid hace fecundos nuestros sarmientos.En la oración interior, con la que nos unimos a Jesús, más que hacer nosotros, dejamos que él obre en nosotros. Su vida nos toca por dentro. Su paz puede más que todas nuestras inquietudes. La alegría del Espíritu nos llena y ahuyenta la tristeza. El Padre se goza con nosotros. Así actúa Dios. «Haz lo que es en ti y déjame tú a Mí y no te inquietes por nada; goza del bien que te ha sido dado, que es muy grande; mi Padre se deleita contigo y el Espíritu Santo te ama» (Santa Teresa).

El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante

Jesús es fiel, siempre permanece como una luz en medio de nuestra oscuridad. Su mayor deseo es que, pase lo que pase, permanezcamos en él para que demos mucho fruto. «Obras quiere el Señor» (Santa Teresa). Para entrar en ese hogar de amor, que el Padre y Jesús mantienen entre sí con el Espíritu, necesitamos permanecer unidos a él. «¿Hay momentos en los que te pones en su presencia en silencio, permaneces con él sin prisas, y te dejas mirar por él? ¿Dejas que su fuego inflame tu corazón? Si no le permites que él alimente el calor de su amor y de su ternura, no tendrás fuego, y así, ¿cómo podrás inflamar el corazón de los demás con tu testimonio y tus palabras?» (Papa Francisco).Gloria a ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN! Desde el CIPE – mayo 2018