LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO: Juan 15,9-17

«Vivir el momento presente colmándolo de amor» (Cardenal Nguyên van Thuân)

Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor

Jesús solo quiere amar y que permanezcamos en su amor. Amando sin medida, responde al amor del Padre. El encuentro con Jesús nos recuerda el amor con que nos amó. Solo su amor es digno de fe. La mejor manera de permanecer en su amor es amar mucho, aliviar el dolor de los que nos rodean, dar esperanza con nuestros gestos y palabras. La oración no consiste en pensar mucho, sino en amar mucho. Ven, Espíritu Santo. Enciende en nuestros corazones la llama de tu amor.

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado

Jesús no puede pedirnos otra cosa que amor, amor a él y amor a todos. Pero nosotros no abrimos fácilmente la puerta del corazón a los distintos y distantes; encontramos mil razones para justificar el no amar. Por eso, porque no sabemos ni queremos amar, Jesús nos regala el Espíritu, que enciende en nuestra interioridad una llama de amor viva. Jesús espera pacientemente que nos decidamos a amar. Dibuja, Jesús, tu amor en nuestra fuente, para que quien nos mire te vea.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud

Estamos hechos para la alegría y el gozo se despierta en nosotros cuando escuchamos las palabras de Jesús. Necesitamos aprender, siguiendo a Jesús, a disfrutar de la alegría del evangelio. «La verdadera santidad es la alegría» (Papa Francisco). Jesús nos regala su alegría, de la amistad con él brota esa sonrisa gozosa, nacida desde lo más hondo de nuestro ser. Saber que somos amados incondicionalmente es lo central de nuestra fe, es la fuente del gozo. Quien conoce y ama a Jesús supera el cansancio de la fe, recupera la alegría cuando esta se esconde. Espíritu Santo, solo tu amor cura nuestras dolencias.

A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer

El amor de Jesús nunca está ocioso, está en continuo movimiento, busca el bien de las personas, crea una atmósfera de comunicación a su alrededor, da la vida por sus amigos. En la oración, Jesús nos da a conocer el proyecto de amor del Padre, renueva en nosotros la capacidad de hacer amigos, de comunicar con ellos las cosas de Dios. Cuando compartimos la alegría con los demás, esta se multiplica dentro de nosotros. «Con tan buen amigo presente, todo se puede sufrir; él ayuda y da esfuerzo, nunca falta; es amigo verdadero» (Santa Teresa).

Soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto

Mirando a Jesús, descubrimos que el fruto de la vida es el amor. Hemos sido creados y elegidos, a imagen y semejanza de Dios, para amar. El amor es nuestra vocación y nuestra misión. Quien ama como Jesús, pasa por este mundo haciendo el bien, aprende a mirar a los demás con compasión. Solo es feliz quien da alegría a los demás, solo vive quien hace vivir. Bendito seas, Señor.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN! Desde el CIPE – mayo 2018