. Disponte a recorrer un camino difícil, a hacer algo chocante, a ir contracorriente. No se lleva esto de mirar la cruz, quizás nunca se ha llevado. Hoy se valora lo útil, lo que produce, lo joven, lo bello, lo cómodo, lo que no ata. Y la cruz no es nada de eso.

. Busca una cruz que te acompañe a lo largo de este día. La Cruz es el gran símbolo de este día. La Celebración de la Muerte del Señor te mostrará la Cruz en todo su esplendor y belleza, como la gran respuesta a la deshumanización a causa del pecado y de la muerte.

. Visualiza rostros de personas que están crucificadas, de pobres, de enfermos, de ancianos, de emigrantes. Todos ellos van a ser para ti ocasión de crecimiento en humanidad. Sin ellos nunca sabrás quién eres tú, ni conocerás la bondad que Dios ha escondido en tu corazón. Aproxímate a ellos de forma samaritana. Los últimos son siempre punto de referencia. Míralos desde la cruz de Jesús. Camina con ellos.

. Mira la Cruz de Jesús y las cruces de los crucificados. Todo se ve de muy distinta manera desde abajo. Déjate afectar por sus gritos. Reconoce que tu estilo de vida, tu falta de amor, tiene mucho que ver con toda cruz. Jesús está en la cruz por ti, para fortalecer la vida que tu indiferencia esconde y anula.

. Aprende a abajarte, a danzar con movimientos compasivos hacia los que están abajo. Nunca mires a nadie desde arriba, si no es para levantarlo. En todo caso, recuerda agradecidamente, que te van a dar más ellos a ti que tú a ellos.

. Siéntete unido/a a las multitudes de toda raza y cultura, que se acercan a “mirar al que traspasaron” (Jn 19, 37), al testigo supremo del amor, al hombre que se hace cargo de todo sufrimiento e injusticia, al que acepta ser despojado de toda belleza para vestir de gracia a los que se acerquen a Él.

. Únete a la Cruz de Jesús y a la cruz de todas las víctimas de la historia. Son el centro de tu fe, tu apoyo en las inevitables pruebas cotidianas. Interioriza su misterio.

. Escucha el grito de Jesús crucificado y vislumbra ya el grito del Señor resucitado en la mañana de Pascua.

. Lleva cada día la  Cruz de Jesús como señal del amor, como una luz en toda noche, como camino de confianza, como lugar donde es derrotado el no amor.

. Adora la Cruz. Abraza y ayuda a los que la llevan. Mira la misericordia y la compasión de Jesús en la Cruz. De ella viene al mundo la alegría. En ella está una victoria que no humilla. Desde ella, Jesús silenciado por el odio, comunica, como una fuente, paz y amor al mundo.

. Comprométete con Jesús crucificado y con los crucificados de esta hora. Camina con “un inextinguible impulso, sostenido contra la realidad, de que ésta debe cambiar, que se rompa la maldición y se abra paso la justicia” (M. Horkheimer).

CIPE.