Domingo tercero del Tiempo Ordinario

Lectura orante del Evangelio: Marcos 1, 14-20

El contenido del kerigma pascual (Cristo vive, como garantía de esperanza) debe estar presente en todas y cada una de las acciones y actividades eclesiales (Eloy Bueno).

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea.

La entrega y la traición al profeta Juan no asustan a Jesús. Nadie le ata las manos. La muerte de un mensajero nunca es una derrota. Jesús viene del desierto con un mensaje liberador en el corazón. Marcha a Galilea, el pueblo contaminado de paganismo, al que los judíos ortodoxos miraban mal. Se acerca a los pobres y desheredados, a los enfermos y maltratados, a los más necesitados de respiro y liberación. Tenemos delante este rostro de Jesús en camino y ponemos ante él todo lo que nos paraliza. Él nos ayuda con palabras y con obras, nos da aliento. Hacemos nuestras las palabras que Teresa de Jesús le oyó al Señor: Diles (a todos tus miedos)… que si podrán por ventura atarme las manos (R 19). 

A proclamar el Evangelio de Dios.

Jesús anuncia una estupenda noticia, una Buena Nueva: Dios es amor y nos ama con ese amor que él es. Es buena, porque viene de Dios, y es nueva, porque Dios es su contenido: Dios, él mismo, es la mejor Buena Nueva. Con este anuncio quiere llenar de alegría y esperanza nuestra vida. Jesús nos llama siempre de nuevo; nos da la mano para que nos levantemos. Nos llama para que compartamos con él su manera de entender la vida y la extendamos. Mirad que convida el Señor a todos (Santa Teresa).

‘Se ha cumplido el tiempo’.

Con Jesús llega la plenitud. Ya no estamos de espera. Este es el tiempo importante, la hora de la verdad, el momento decisivo. El aquí y ahora de nuestra vida es el tiempo de gracia, la oportunidad. No hay que dejar las cosas importantes para mañana. Es hora de comenzar, ¡ahora!, ¡ya! La plenitud no vive en el mañana sino en el ahora precario que encierra un SÍ de Dios a nuestra vida y un sí nuestro sin excusas y sin esperas… Jesús es un tesoro de vida y amor que no puede engañar (Papa Francisco).

‘Está cerca el Reino de Dios’. 

El Reino está acercándose.  El reinado es la presencia amorosa de Dios, que se ha hecho cercanía y que hay que acoger con gozo y fe. El Reino es una pasión de vida y amor que no puede engañar… que vuelve a cautivarnos una y otra vez (Papa Francisco). Despertar esta presencia es tarea del Espíritu: Si os acostumbráis a traerle (cerca de vosotros) y Él ve que lo hacéis con amor… no le podréis echar de vosotros… Procurad representar a Cristo dentro de vosotros…No parece fue en su mano apartarse un momento de nosotros (Santa Teresa). Jesús siempre está haciéndonos “llamamientos… para que nos acerquemos a Él” (Santa Teresa)

‘Convertíos y creed en el Evangelio’. 

Nos detenemos en estas palabras de Jesús, que llenan de alegría el corazón y la vida entera (Papa Francisco). ‘Convertíos’: cambiad de rumbo, cambiad de mentalidad. El comportamiento, cada vez más profundo, de Jesús será lo que nos ayude a cambiar de mentalidad. ‘Creed la Buena Noticia’: Dios es amor, don total. Es posible creer esto porque Jesús nos merece confianza, nos fiamos de él. ¡Oh Señor mío, que si de veras te conociésemos, no se nos daría nada de nada, porque dais mucho a los que del todo se quieren fiar de Ti! (Santa Teresa).

                                               ¡Feliz Domingo! Desde el CIPE – enero 2021

DOC. PDF. Lectura orante del Evangelio: Marcos 1, 14-20

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